¿Qué le pasa al fotoperiodismo internacional?

Vladímir Vyatkin. Foto de: people.su

Vladímir Vyatkin. Foto de: people.su

Mi teléfono móvil casi no ha dejado de sonar en los últimos días: mis colegas, amigos y ex estudiantes me han estado llamando y haciendo la misma pregunta:

“¿Ya has visto los resultados del concurso World Press Photo? ¿Qué está pasando con el periodismo internacional? Has formado parte del jurado tres veces, seguro que comprendes lo que sucede. ¿Puedes explicarlo?“.

Por eso ingresé a la página web del concurso y eché un vistazo a los trabajos ganadores que el jurado había elegido la semana pasada. Posteriormente, hablé con profesores, colegas con amplia experiencia, ex participantes y diversos ganadores del concurso.

La respuesta es simple y concisa: el fotoperiodismo internacional se encuentra gravemente enfermo, padece una enfermedad cerebrovascular aguda, complicada por insuficiencias cardíacas. Se trata de un diagnóstico compartido con muchos mortales que han sufrido un agudo estrés físico y psíquico como consecuencia de desastres naturales, revoluciones, actos terroristas, provocaciones gubernamentales, tensiones sociales y conflictos étnicos que han tenido lugar a lo largo del último año.

Galería de ganadores del WPP 2011. Fotos de www.worldpressphoto.org

Los fotógrafos no son la excepción; cientos de ellos se han zambullido de cabeza en un abismo de horror y catástrofes. Obviamente, un fotógrafo que trabaja en condiciones extremas provocadas por desastres naturales, violencia étnica o religiosa sufre un alto nivel de estrés.

A juzgar por los resultados del concurso, no sólo han ingresado a este infernal ambiente por voluntad propia fotógrafos experimentados con su mentalidad y actitudes definidas, sino también novatos y aventureros serios con nervios de acero, rápidas piernas y acceso a Internet, muchos de los cuales parecen no tener entrenamiento fotográfico alguno. Tras interiorizar las nociones básicas del autofoco, se apresuran por retratar el sufrimiento humano, en un intento por encontrar un hueco en la cima del periodismo internacional. Poco saben del lenguaje literario o del arte visual clásico. Así como tampoco comprenden la base humanística de la conciencia, o las nociones de imagen, símbolo, metáfora o pensamiento filosófico. Las lentes de sus cámaras son como el frío e indiferente bisturí de un cirujano inexperto que corta la carne aún cálida del dolor y sufrimiento humanos.

Es como si el ambiente embriagante de la sala de autopsias hubiera paralizado los sentidos del jurado y haya hecho que los jueces sean incapaces de tomar decisiones imparciales. La documentación ciega e indiferente se ha convertido en la nueva moda del fotoperiodismo. Formalmente, hay lineamientos básicos otorgados por formas pictóricas distorsionadas. El objetivo es impactar al público, dejando de lado la naturaleza humanística de la fotografía clásica.

La foto del año es el retrato de una joven afgana que fue desfigurada por su propio esposo, imagen que se ha convertido en símbolo de la violencia y el sadismo. En cuanto al estilo visual, se acerca más a una fotografía forense. Me pregunto si el fotógrafo consultó a la desafortunada víctima si estaba conforme con la masiva distribución de su rostro desfigurado. Si bien Afganistán se encuentra lejos de Ámsterdam, esta mujer es un ser humano y una ciudadana de nuestro planeta. Todos debemos compartir una parte de la responsabilidad moral y ética por la sociedad y por nuestro prójimo.

Para compendiar los resultados del concurso, World Press Photo publica un maravilloso catálogo de las fotografías ganadoras, con la foto del año en la portada. Si yo hubiera tomado la decisión, habría elegido Cuadrado negro, de Kazímir Malévich —una obra de arte del minimalismo pictórico del siglo XX— en lugar de dicha fotografía, pero no como una pieza de arte, sino como una manifestación del espíritu de nuestros tiempos y un símbolo de la degradación de las bases humanísticas del fotoperiodismo contemporáneo.

En algunas ocasiones admiro con gusto la fotografía social impactante,de hecho podéis verlo en muchos de mis trabajos, pero todo tiene un límite, en especial cuando se trata de mostrar a la gente en la cima del sufrimiento.

Muchas fotografías del catálogo de ganadores no son dignas de un debate serio. El común denominador es la monotonía de las formas fotográficas, la mayoría de las cuales tiene un estilo inconscientemente ingenuo y primitivo; son series sin principio ni fin, que carecen de generalización y categorización alguna, pero se focalizan en imágenes exóticas de lejanos países tercermundistas, ajenos a la civilización del siglo XXI. Muchas fotografías parecen estudios y experimentaciones estudiantiles. Especialmente en la categoría de retratos y en la sección deportiva. Se acercan más a una descripción de escenas delictivas que al retrato de la belleza e intensidad del deporte de alta competición. La cultura y el arte clásicos han sido reemplazados por mistificaciones horteras, ritos exóticos y fotografías vacacionales.

Sin embargo, hay algunas buenas imágenes en la categoría de naturaleza y ambiente. A excepción de la serie de derrames de petróleo en un primer plano tan cerrado que se asemeja a una selección de muestras de papel pintado para decoraciones navideñas. Allí, la grabación del momento, mecánica y carente de reflexión, ha sido elevada a nivel de cultura fotográfica.

Valoro muy positivamente la imagen de Whooper Swan, en la categoría ‘naturaleza’, para la revista National Geographic. Es exquisita en su estilo y forma, llena de humanismo y amor. También me gustaron los dos proyectos sociales, The Julie Project 1993-2010, de Darcy Padilla (EE UU) y Name of Victoria, de Mads Nissen (Dinamarca). Para mí, eso es periodismo verdadero de un tema elocuente; se dirige a las personas y a sus problemas y aflicciones.

Todos los veranos visito la muestra anual de World Press Photo en Moscú. Llevo a mis hijos, amigos, conocidos, estudiantes y a chicos de orfanatos para enseñarles fotos de guerra y de paz, de alegría y sufrimiento humanos. Este año lo pensaré dos veces antes de ir.

Vladímir Vyatkin es un famoso fotógrafo; ganador de muestras y concursos fotográficos internacionales. Ha recibido más de 160 premios por sus obras, incluidos varios premios del concurso World Press Photo en Holanda, Mother Jones en los Estados Unidos, la competencia de la Gran Muralla en China, y competencias deportivas en Suiza, Francia y Japón. Ganó el Premio de Oro Saddam Hussein (Irak) en 2003 y el premio Cámara de Plata en Moscú, en 2003-2004.

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