“Línea roja”: Múnich, Donald Rumsfeld y el multiculturalismo británico

El ministro de asuntos exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, y la secretaria de estado de EE UU, Hillary Clinton, en Múnich. Fotografía de Reuters/Vostock Photo

El ministro de asuntos exteriores de Rusia, Serguei Lavrov, y la secretaria de estado de EE UU, Hillary Clinton, en Múnich. Fotografía de Reuters/Vostock Photo

“Línea Roja” es el nombre de un programa de debate semanal de la emisora de radio “La voz de Rusia”. Todas las semanas, los presentadores Serguei Strokan, Mira Salganik y Ekaterina Kudáshkina debaten con sus invitados los acontecimientos de la semana, vistos desde Moscú.

Participantes: Serguei Strokan, Mira Salganik, Alexander Gabuyev, Alexánder Rahr, Vladímir Orlov, Alexander Golts, Evgueni Buzhinsky, Alexei Gromyko


Serguei Strokan: En primer lugar, esta semana resumiremos los resultados de la 47ª Conferencia de Seguridad de Múnich. Posteriormente, debatiremos las polémicas memorias de uno de los pesos pesados más extrovertidos de la política estadounidense, Donald Rumsfeld, y por último, analizaremos las declaraciones del primer ministro británico, David Cameron, referentes a la muerte del multiculturalismo en el Reino Unido.

En primer lugar, en nuestra sección de Análisis de Titulares, trataremos la 47ª Conferencia de Seguridad de Múnich.

Este año ha habido mucha menos tensión en Múnich y hemos asistido a un resultado visible de los esfuerzos internacionales por mejorar la seguridad internacional.

Mira Salganik: Se refiere al nuevo tratado START, que entró en vigencia después de que la Secretaria de Estado de EEUU, Hillary Clinton, y el ministro de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, intercambiaran los documentos de ratificación al margen de la conferencia.

Serguei Strokan: Pensemos lo siguiente: a partir de este tratado, dos grandes potencias que en la actualidad poseen más del 90 por ciento del arsenal nuclear mundial, se comprometen a eliminar casi un tercio en los próximos diez años. Es un hito importante.

Mira Salganik: Pero el Nuevo START en sí mismo no es suficiente para hacer que el proceso de desarme mundial sea irreversible. Lo que hace falta es una estrategia doble: la construcción de un escudo de defensa conjunto entre la OTAN y Rusia en Europa y la firma de un nuevo pacto integral de seguridad europea, algo que propuso el presidente Medvédev poco tiempo después de tomar el poder en 2008.

A efectos prácticos, la conferencia de Múnich ha demostrado que todavía estamos muy lejos de acortar nuestras diferencias sobre el sistema de misiles antibalísticos (SMA) y los problemas del pacto de seguridad europea. Lo es más inquietante es que después de la conferencia de Múnich de este año, la brecha que separa los distintos enfoques respecto a los problemas básicos de seguridad internacional se ha agrandado en cierto sentido.

A juzgar por lo que he leído, Rusia quiere crear un sistema de defensa de misiles conjunto y en pie de igualdad con la OTAN. Eso otorgaría a Rusia suficientes garantías de que el nuevo sistema no podría dirigirse en un futuro contra ella.

Sin embargo, la OTAN no tiene prisa por invitar a Rusia a elaborar colectivamente una lista común de amenazas y retos ni tampoco de compartir los recursos y la tecnología necesarios para este escudo de defensa.

Mira Salganik: En el contexto global actual, la seguridad ha pasado a ser una necesidad de vital importancia para todos. Sin embargo lo que estamos presenciando una vez más son meros intentos de construir seguridad para un lado a costa del otro.

Serguei Strokan: En Múnich, el senador John McCain, el “amigo mortal” de Rusia, declaró al periódico “Kommersant”: “Las objeciones de Rusia son absolutamente inaceptables y absurdas. Debemos desarrollar un sistema que nos defienda a nosotros y a nuestros aliados europeos”. A eso le siguió la declaración de la secretaria de estado Hillary Clinton, afirmando que a pesar de las reservas de Rusia, la primera fase del SMA, la instalación de sistemas de radar con base en la tierra y sistemas Aegis en el mar Mediterráneo comenzaría este año.

Mira Salganik: además, el interés por la propuesta del pacto de seguridad europea del presidente Medvédev, si es que se puede llamar “interés”, fue cuanto menos muy tímido.

Serguei Strokan: Hoy nos acompaña Alexander Gabuyov, corresponsal de “Kommersant“ , que estuvo presente en la conferencia de Múnich. Señor Gabuyev, usted se reunió y entrevistó personalmente al senador McCain. ¿Qué le contó acerca de los planes estadounidenses de construir el sistema SMA y de las objeciones de Rusia?

Alexander Gabuyev: En la conferencia de seguridad internacional me reuní con John McCain y tuvimos una larga conversación. Dijo que la propuesta rusa del sistema de defensa de misiles es disparatada y que si Rusia quiere cooperar con EE UU, debería hacerlo sin plantear dificultades para la puesta en marcha del proyecto de Obama,ya propuesto.

Serguei Strokan: También nos acompaña hoy otro participante de la conferencia de Múnich, Alexander Rahr. Señor Rahr, el discurso de Múnich de 2007 a cargo del entonces presidente Putin causó un gran revuelo político en los países occidentales. ¿En qué ha cambiado la situación?

Alexander Rahr: Ya nadie recuerda el discurso del señor Putin de 2007. Para algunos analistas, aquello fue el principio de una nueva guerra fría, para otros, un aviso dirigido a la comunidad sobre la necesidad de tomarse más en serio los intereses rusos. No he detectado ningún sentimiento negativo hacia Rusia en la conferencia de este año, tal vez con una excepción: el discurso del presidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili. En términos generales, la conferencia ha sido muy productiva. Se ha puesto de manifiesto que hay un deseo de “volver a cero” y elaborar una nueva agenda constructiva para la cooperación entre Rusia y occidente. Se han debatido, en líneas generales, una serie de temas como el nuevo escudo nuclear que puede construirse conjuntamente entre Rusia y la Unión Europea.

Serguei Strokan: ¿En qué ha cambiado la visión de la seguridad internacional estos últimos años?

Alexander Rahr: Todas las dificultades han sido discutidas ampliamente. Creo que ya no existe un conflicto entre Oriente y Occidente; nos estamos dirigiendo hacia un conflicto más específico entre el Norte y el Sur, donde potencias como Rusia, la UE y EE UU deben unirse ante la amenaza que va a suponer la migración incontrolada, el tráfico de drogas, la proliferación de armas de destrucción masiva y los intentos de algunos estados de hacerse con armas nucleares. Después de la crisis financiera global, algunos estados tal vez tengan que afrontar una crisis de recursos y de energía. Todo esto ha quedado claro. Creo que en las próximas conferencias de Múnich nos enfrentaremos a estos problemas y a las maneras de resolverlos.

Mira Salganik: Señor Rahr, la canciller alemana y después el primer ministro británico hablaron de extremismo islámico entre sus ciudadanos. ¿Cree que los participantes de la conferencia de Múnich se interesaron por el tema?

Alexander Rahr: David Cameron habló en líneas generales de estos problemas. A las autoridades británicas les preocupa que el terrorismo internacional no esté siendo importando al Reino Unido, sino que sean los propios ciudadanos británicos de origen paquistaní o árabe los que lo organicen. Este es uno de los grandes retos de Europa y también de Rusia: cómo lidiar con las comunidades de militantes pertenecientes al extremismo islámico que odian la cultura europea aunque hayan nacido en un país europeo.

Serguei Strokan: Para resumir los resultados de la conferencia de Múnich, nos dirigimos ahora a Vladímir Orlov. Como analista experto en asuntos de seguridad, ¿cómo evalúa los resultados de la conferencia de Múnich?

Vladímir Orlov: Hay que pensar que estamos hablando de una conferencia, no de un lugar en el que se toman decisiones. Se trata de un evento para el mero intercambio de ideas. Creo que hoy en día Europa tiene ganas de construir una nueva arquitectura de seguridad. En este sentido, no estoy muy convencido de que la propuesta del presidente Medvédev referente a un nuevo tratado de seguridad europeo haya tenido una buena acogida en la conferencia. Al mismo tiempo, el ministro de asuntos exteriores, Lavrov, volvió a subrayar esta idea claramente y se refirió a ella como la piedra angular de la reconstrucción de una nueva arquitectura de seguridad europea. No estoy muy seguro de que los participantes, en su mayoría, comprendieran la importancia que tiene.

Otra cuestión es la relacionada con la defensa antimisiles. Cuando hablamos de ”reinicio”, reanimación y mejora de las relaciones bilaterales entre EE UU y Rusia, y en general de las relaciones entre Rusia y la OTAN, no se olviden de que sigue habiendo diferencias. Las dos más acuciantes son la defensa antimisiles y las armas convencionales en Europa. Ambas fueron abordadas en la conferencia, pero una vez más, dudo de que se haya conseguido avanzar con éxito en la consolidación de esas ideas. Entonces surge la necesidad de preguntarse qué otras ideas y alternativas hay. Si no se logra un entendimiento mutuo sobre la defensa antimisiles en Europa, las relaciones entre Rusia y EE UU y Rusia y la OTAN volverán a enfriarse.

Las armas convencionales son otro tema de preocupación. El tratado sobre Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (CFE) ha quedado desfasado y debe redactarse de nuevo. No está claro cómo se va a hacer. La conferencia ha puesto de manifiesto lo lejos que están Rusia, algunos de sus socios europeos y EE UU en estos temas específicos.

Serguei Strokan: Entramos ahora en nuestra sección 'Entre líneas', donde debatimos la publicación más interesante de la semana. En esta ocasión hemos elegido la columna “Culpa, no vergüenza” de Maureen Dowd del New York Times. Dowd, columnista galardonada con el premio Pulitzer, escribe sobre las memorias de Donald Rumsfeld, que utiliza “sólo 815 páginas” para describir los acontecimientos “conocidos y desconocidos” de su maratoniana carrera política en varias de las administraciones estadounidenses.

Ni Mira ni yo hemos leído el libro, pero conocemos bien la esencia del mismo, así como la carrera y las opiniones políticas de Donald Rumsfeld.

Mira Salganik: Creo que básicamente le corresponde al público estadounidense juzgar su papel en la guerra de Irak y otros asuntos polémicos de índole nacional. Lo que aquí nos interesa son las opiniones de Rumsfeld y su papel aún no analizado en las relaciones entre EE UU y Rusia. Rumsfeld ha visitado Rusia en numerosas ocasiones, la primera de ellas en tiempos de Leonid Brézhnev.

El artículo del “New York Times” retrata a Rumsfeld como una persona no muy dada a desconfiar de sí mismo. ¿Eso es bueno o malo? Analicemos esta cita del prefacio de sus memorias: “La idea de lo conocido y lo desconocido reconoce que la información de que disponen aquellos que ocupan cargos de responsabilidad en el gobierno, y en otras iniciativas humanas, es casi siempre incompleta”.

Serguei Strokan: ¿Quiere esto decir que Rumsfeld, como hombre que ha ocupado “puestos de responsabilidad en el gobierno” durante décadas, casi siempre ha tenido que arreglárselas con información incompleta? Porque eso explicaría una serie de errores de los que ahora responsabiliza a otros.

Mira Salganik: Siempre pensé que en Estado Unidos se creía que él fue el responsable de la guerra de Irak, el ideólogo de todo el conflicto. Sin embargo, como señala Dana Milbank en 'The Washington Post': “Ha habido algún debate sobre si Rumsfeld utilizaría sus memorias para disculparse por lo que salió mal en Irak, como hizo Robert McNamara sobre Vietnam en sus memorias. Pero tras cuatro años de reflexión, Rumsfeld sigue infravalorando a todo aquel que es menos inteligente que él, es decir, todo el mundo”.

A mí Donald Rumsfeld me recuerda a los jefes del antiguo partido soviético: siempre cargados de razón, por definición. Si algo salía tan mal que finalmente tenían que admitirlo, la culpa nunca era de ellos.

La primera vez que Rumsfeld visitó la Unión Soviética fue en el año 1974, cuando el entonces presidente Gerald Ford viajó a Vladivostok para reunirse con Leonid Brézhnev.

Serguei Strokan: Aquello no fue una simple excusa para la foto. La visita tuvo que ver con las negociaciones sobre el tratado de limitación de armas estratégicas soviéticas y americanas (SALT-1), firmado cinco años después, el 18 de junio de 1979.

Hoy podemos decir que las condiciones previas para el SALT-1 – el primer pacto de desarme mundial, se crearon por el tratado de 1974 de misiles antibalísticos entre la Unión Soviética y EE UU, que funcionó durante muchas décadas hasta que la administración de George W. Bush se retiró del mismo.

Mira Salganik: Por lo tanto, el tratado de 1974 fue hasta cierto punto el legado de Donald Rumsfeld, al que tuvo que renunciar durante su mandato como secretario de defensa de George W. Bush.

Serguei Strokan: Hace poco di con un reportaje periodístico que cubría la visita de Rumsfeld a Moscow en 2001. En ese momento, el jefe del Pentágono dijo en una de sus entrevistas que en Rusia todavía existía la mentalidad de la guerra fría.

Mira Salganik: ¿Quieres decir que con Rusia hizo lo mismo que con Irak, o sea, culpar a los demás?

Serguei Strokan: Tampoco quiero demonizar a Rumsfeld, como hacen los halcones rusos antiamericanos constantemente. Lo respeto mucho. Intentó defender los intereses de la seguridad nacional estadounidense tal como los entendía.

Serguei Strokan: Hoy nos acompaña Evgueni Buzhinsky, teniente general jubilado que estuvo implicado en las negociaciones con Donald Rumsfeld y el equipo del Pentágono sobre asuntos de seguridad del nivel más alto.

Se considera que Donald Rumsfeld es uno de los arquitectos de las estrategias de seguridad nacional de distintas administraciones de EE UU. ¿Qué papel desempeñó en la especificación de los fundamentos de la seguridad estadounidense?

Evgueni Buzhinsky: Evidentemente, el papel de Donald Rumsfeld en la formulación de la estrategia militar de Estados Unidos tuvo un peso considerable. Fue secretario de Defensa de las administraciones de Ford y Bush padre. Por lo tanto, desempeñó un papel importante en esta esfera. También se considera que es uno de los principales partidarios, y yo diría activista y promotor, del sistema de defensa de misiles. Incluso cuando dejó el cargo de secretario de Defensa, fue un integrante muy activo de los grupos de presión de apoyo a los sistemas de misiles en los círculos políticos y militares de EE UU. Siempre ha sido una persona muy influyente y respetada.

Serguei Strokan: Como ofiicial militar ruso, usted participó en las negociaciones con Donald Rumsfeld y su equipo. En Rusia a menudo se define a Rumsfeld como uno de los halcones de peor fama de Estados Unidos. ¿Qué opinión le merecen estas observaciones generales?

Evgueni Buzhinsky: En lo que respecta a los halcones y a las palomas, no son más que clichés utilizados por el periodismo. Yo diría que Rumsfeld es como él mismo se ha calificado: un viejo guerrero de la guerra fría. Parecía un hombre bastante razonable, pero no se mostró cooperativo en lo referente a la defensa de misiles. No quería oír nuestros argumentos o razones, y sus argumentos eran los siguientes: la guerra fría se terminó, no somos enemigos, somos prácticamente socios y podemos llegar a ser aliados en el futuro; no nos teman, haremos lo que queramos y lo que planeemos. Eso es todo.

Serguei Strokan: Donald Rumsfeld era un republicano que prestó servicio en la administración republicana. En este momento, en pleno “reinicio” de las relaciones entre EE UU y Rusia, ¿qué importancia tienen sus ideas para la administración del partido democrático del presidente Barack Obama? ¿Hay consenso sobre el sistema de defensa antimisiles y otros temas?

Evgueni Buzhinsky: En lo que respecta a las ideas de Rumsfeld sobre el control armamentístico, ya no son relevantes puesto que la administración de Obama tiene otras prioridades. El control armamentístico fue una de las prioridades de Obama durante la campaña presidencial, y el tratado START es buena prueba de ello. En cuanto a los asuntos relacionados con los misiles, en realidad hay consenso entre los dos partidos. Como es natural, el enfoque de la administración actual es ligeramente distinto, pero la intención general de crear un sistema de defensa antimisiles global sigue siendo relevante. Yo diría que las ideas de Rumsfeld siguen vigentes y se están poniendo en práctica.

Serguei Strokan: Me parece que el analista militar independiente Alexander Golts también puede sumarse a este debate. ¿Cómo influyó el ex ministro de defensa Rumsfeld en el desarrollo de las doctrinas de seguridad en EE UU?

Alexander Golts: Rumsfeld desempeñó un papel importantísimo en la transformación de las fuerzas armadas estadounidenses: pasaron de estar preparadas para una estrategia bélica orientada a la guerra fría a una estrategia bélica llevada a cabo en circunstancias inusuales. Tuvo un éxito extraordinario como modernizador, pero fracasó como analista político. Tras una fase victoriosa de operaciones militares en Afganistán e Irak, vino una fase de ocupación muy desafortunada. Y en este sentido, el señor Rumsfeld no se comportó como un reformista con visión de futuro, sino como un colonialista de los viejos tiempos.

Serguei Strokan: ¿Comparte la opinión de muchos analistas políticos rusos que afirman que Donald Rumsfeld era un halcón?

Alexander Golts: Creo que esa afirmación no es del todo correcta. Es evidente que el señor Rumsfeld era un socio bastante duro, pero no porque pensara que Rusia era una amenaza, al contrario, no consideraba que Rusia fuese una amenaza en absoluto. Pensaba que no había ninguna necesidad de que los dos países firmaran tratados adicionales ni entablaran negociaciones porque EE UU dominaba Rusia tanto en el ámbito nuclear como en el ámbito de las fuerzas armadas convencionales.

Serguei Strokan: Como siempre, concluimos nuestro programa semanal con la sección “El protagonista de la noticia”. Esta semana nuestro protagonista es el primer ministro británico David Cameron, cuyo discurso en Múnich lo puso repentinamente en el punto de mira de los medios del mundo y desató una tormenta política sin precedentes en Gran Bretaña.

Cameron dijo que el multiculturalismo británico había fracasado, de modo que, en su opinión, ha llegado el momento de establecer una nueva política cultural, que definió como “liberalismo muscular”.

Mira Salganik: A finales del año pasado, la canciller alemana Angela Merkel dijo lo mismo sobre su país y confesó que el multiculturalismo había fracasado en Alemania.

Serguei Strokan: Parece que estamos frente a un nuevo fenómeno paneuropeo. De hecho, es muy sencillo. Nadie tiene la fórmula mágica para la convivencia pacífica entre las distintas comunidades que viven en las maduras y anticuadas democracias europeas, incapaces de afrontar los retos que plantea el siglo XXI. Esto ha producido, evidentemente, tensión, crímenes de odio, violencia y un creciente radicalismo de la sociedad.

Cameron opina que si se permite que las distintas culturas “vivan vidas separadas, alejadas unas de otras y alejadas también de la forma de vida mayoritaria” como era antes, lo único que se consigue es “debilitar la identidad colectiva de los británicos”. Su idea es que en Gran Bretaña hace falta mucha menos tolerancia pasiva de la que ha habido en los últimos años y mucho más liberalismo muscular activo.

Alexei Gromyko: Es cierto que las declaraciones de Cameron en Múnich sobre el fracaso del multiculturalismo en Reino Unido han sorprendido a más de uno en muchos círculos. El problema es que Reino Unido llevaba muchos años, incluyendo los periodos conservadores, orgulloso de sus logros en la esfera del multiculturalismo. Parece que la motivación de Cameron proviene de dos factores principales. En primer lugar, el partido conservador está intentando limitar el papel del Partido Nacional Británico y del Partido Independiente en relación a la política nacional. En segundo lugar, hay que reconocer que los gobiernos británicos previos no prestaron la suficiente atención a lo que sucedía con los millones de personas que se habían asentado en Reino Unido en los últimos quince o veinte años. Los problemas se han ido acumulando y David Cameron cree que ha llegado el momento de abordarlos.

Supongo que habrá una reacción nerviosa en Reino Unido. Habrá quien lo aplauda, pero me parece que la respuesta general será muy cautelosa y crítica.

Serguei Strokan: ¿Es la crisis del multiculturalismo, como la llama Cameron, una tendencia paneuropea?

Alexei Gromyko: De hecho, la declaración está en sintonía con las opiniones sobre multiculturalismo de otros líderes políticos europeos. Por ejemplo, tanto Nicolas Sarkozy como Angela Merkel han expresado su escepticismo respecto a los logros y las perspectivas de los enfoques tradicionales de la política multicultural. De modo que lo que dijo Cameron concuerda con el creciente descontento que se da entre el público general y los políticos europeos respecto al problema de la inmigración. Al mismo tiempo, parece bastante arriesgado tocar al son del sentir público en una esfera tan sensible. Pero hemos visto que Cameron ha decidido correr el riesgo y demostrar que, al hacerlo, esta política populista podría ser interesante para el gobierno cuando vengan tiempos turbulentos.

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