Petróleo a 100$: no hay motivos para la autocomplacencia

Foto de Ria_Novosti

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Siempre que el precio del petróleo asciende vertiginosamente hasta 100 $ por barril se oyen voces en Moscú que exclaman: “¡Bien! Podemos seguir dependiendo del petróleo y del gas. El precio va a seguir aumentando. Podemos tomarnos la reforma con calma”. Es necesario censurar estas voces. La reforma económica es de vital importancia para el futuro de Rusia, sea cual sea el precio del petróleo. El impacto de la revolución del gas de esquisto es una clara muestra de este argumento.

Siempre es peligroso que un estado rico en petróleo dependa del precio del barril para mantener a flote su economía. El mercado global del oro negro es extremadamente volátil, por lo tanto no es aconsejable que el presupuesto de los estados quede a su merced. Los dos últimos años han demostrado claramente la gran volatilidad de los mercados, ya que el precio ha fluctuado desde los 148 a tan sólo 30 dólares.

Afortunadamente, una de las medidas más importantes de la reforma económica de Rusia fue la creación del fondo de estabilización del petróleo a principios de la pasada década, además del reciente fondo de bienestar nacional. Ambos protegen al país contra la fluctuación de los mercados. Sin embargo, esta protección no ha impedido los daños a la economía rusa causados por las oscilaciones del precio del crudo. La inestabilidad también ha provocado una serie de problemas presupuestarios para el gobierno.

Hasta hace poco, el observador autocomplaciente de Moscú guardaba un as bajo la manga; tenía un poderoso argumento a su favor respecto a los mercados globales del petróleo: China. El argumento era el siguiente: el crecimiento económico de China ha provocado un impulso ascendente de la demanda, un impulso estructural y poderoso que transformará para siempre los mercados globales de petróleo. Evidentemente, seguirá habiendo recesiones que bajen el precio global, pero la tendencia es ascendente.En el futuro, el precio del barril estará por encima de los cien dólares.

Dada la situación actual, el argumento parece mucho menos convincente. El empleo de la tecnología del gas de esquisto en todo el planeta está creando una base colosal de recursos de combustibles fósiles. Cada mes hay más resultados de perforaciones exploratorias disponibles en todo el mundo, desde Argentina a China y de Australia y a Indonesia. El volumen de gas de esquisto es mucho mayor que las reservas de gas convencional de Rusia, estimadas en 47 billones de metros cúbicos.

Desde su dacha, el autocomplaciente observador moscovita podría decir: “Bueno, el gas es problema de Gazprom, lo único que tenemos que hacer es extraer más petróleo”. Lo malo de esta visión es que no toma en cuenta la disponibilidad de la tecnología GTL (“de gas a líquido”). Una planta de GTL convierte el gas en petróleo y otros líquidos. En las dos últimas décadas, las empresas más destacadas en tecnología GTL, Shell y Sasol, han avanzado a pasos agigantados en lo referente a reducción de costes y mayor eficiencia. En la actualidad, Shell está terminando la planta de GTL más grande del mundo, que se encuentra en Qatar y tiene capacidad para producir aproximadamente 140.000 barriles por día.

Dado que la conversión de gas a líquido es ahora mucho mayor en todo el planeta y que los precios del gas son más bajos gracias al gas de esquisto, el incentivo económico que supone el empleo de tecnología GTL es considerable. ¿Por qué vender gas a bajo precio cuando se puede convertir en líquido y venderlo de modo que compita con el elevado precio del petróleo?

El verdadero peligro de las economías que dependen del petróleo es que a medida que los depósitos de gas de esquisto se empiecen a explorar, el incentivo comercial que supone generar mayores ingresos utilizando la tecnología GTL acabará siendo irresistible. Este incentivo se refuerza aún más con la preocupación por la seguridad energética nacional. Tanto China como Estados Unidos han adoptado una actitud muy firme respecto a ella. Asegurar los recursos petrolíferos necesarios para dirigir sus economías y ejércitos es una de las principales prioridades de los dos países. Puesto que ambos estados tienen considerables recursos de gas de esquisto, la idea de construir un par de plantas de GTL de gran envergadura y utilizar el esquisto como materia prima para el gas es muy tentadora.

En lugares como Alaska estos incentivos son todavía más convincentes.Cuenta con grandes recursos de gas de esquisto y gas convencional pero carece de un mercado estadounidense, ya que el resto de los estados federales tiene gran cantidad de gas de esquisto. Una planta de GTL en Alaska podría aprovechar las grandes reservas como materia prima para convertir el gas que “nadie quiere” en líquidos de petróleo valiosos y fáciles de transportar. Además, el Pentágono lo vería con buenos ojos puesto que una planta de GTL en suelo estadounidense aumentaría notablemente la seguridad energética nacional.

Es probable que Gazprom se vea tentada a sumarse a la producción de GTL. Dado que la empresa ha de hacer frente a unos precios de gas permanentemente bajos, no sería mala idea descartar el gasoducto South Stream (Corriente Sur) y utilizar el dinero para construir una planta de GTL en algún lugar cercano a los campos de gas de esquisto de Rusia, lo que aumentaría significativamente tanto el precio del gas como del petróleo rusos.

Esto no significa que Rusia se vaya a ver afectada por una oleada de petróleo barato obtenido mediante tecnología GTL el año que viene. Se necesitan varios años para que una planta de GTL entre en pleno funcionamiento. Además, las plantas de GTL suelen ser rentables a partir de los 60 dólares el barril. Sin embargo, los incentivos económicos y de seguridad nacional que a medio plazo encierra el desarrollo de la tecnología GTL son determinantes. Es muy probable que para el año 2020 haya una serie de plantas de GTL funcionando a pleno rendimiento y ofreciendo una fuente alternativa de líquidos combustibles que pueden sustituir al petróleo obtenido por medios convencionales.

Por todo ello, es posible que la proliferación de fuentes de suministro de GTL, sumado a una mayor eficiencia energética y a las nuevas tecnologías en materi de energíacontrarresten el “efecto China” en el precio del petróleo hacia finales de la presente década. En lugar de retrasar la reforma, Rusia necesita asumir la necesidad de modernización económica antes de que los ingresos del petróleo empiecen a disminuir.

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