¿Seguirá la juventud rusa los pasos de la egipcia?

Foto de Reuters/Vostock Photo

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La avalancha de levantamientos en Túnez, Egipto, Yemen y otros países árabes, se ha denominado de varios modos, entre otros "Revolución Facebook" o "Revolución Wikileaks". Etiquetando eventos, la gente trata de captar su esencia, de identificar quién o qué es lo que provoca estos movimientos de masas e inspira a millones de personas a ocupar las calles.

Sin embargo, es inútil tratar de diseccionar estos levantamientos. En primer lugar, el descontento comienza solo; en segundo lugar, la gente joven constituye la principal fuerza impulsora; por último,la gente que se rebela se organiza a través de redes sociales y teléfonos móviles.

Al mismo tiempo, también son claras las motivaciones: paradójicamente, los regímenes políticos árabes autoritarios otorgan un valor primordial a la educación, ya que la consideran un medio de inmunizar a la gente contra el extremismo islámico. Simultáneamente, una generación joven y más educada no puede realizarse en las condiciones políticas que crea un régimen autoritario y corrupto donde la movilidad social es imposible y no existe un sistema judicial efectivo para fomentar la honestidad en las carreras profesionales.

En Rusia, los analistas políticos están prestando cada vez más atención a lo que sucede en el mundo árabe, por una razón muy simple: estos analistas están tratando de proyectar la situación que se está viviendo en el mundo árabe sobre su propio país, preguntándose "¿podría suceder esto mismo en Rusia?".

Para responder a esta pregunta, es preciso reconocer primero que existen varias diferencias fundamentales entre Rusia y los países árabes. La primera es de orden demográfico: en Rusia no se aprecia la misma presión demográfica que en Egipto, por ejemplo. La tasa de natalidad en Rusia estuvo en disminución hasta hace relativamente poco tiempo, cuando el gobierno puso en marcha una serie de iniciativas para promover la natalidad mediante incentivos económicos.

El índice de población activa está descendiendo mientras aumenta el número de pensionistas: el resultado es que las cifras del paro en Rusia son bajas. A medida que el estado va desempeñando un papel más activo en la economía, un creciente número de jóvenes están encontrando trabajo en el sector público, mucho más estable por definición, donde existe una gran cantidad de agencias de seguridad y vigilancia.

La segunda diferencia es que en Rusia no hay una vigorosa fuerza ideológica que pueda oponerse de manera informal al régimen autoritario. En Egipto ese vacío lo cubre el islam. Por su parte, en Rusia, la iglesia ortodoxa tiene una firme posición a favor del estado. En general, los jóvenes rusos están poco interesados por la política y la sociedad, en contra de una creencia muy expandida, está más centrada en preocupaciones individuales que en agruparse para ayudar al todo social.

Por otro lado, la juventud rusa se enfrenta a sus propios problemas. Recientemente, no ha sido inmune a la influencia de la ultraderecha así como otras ideas extremistas. Según datos del Fiscal General hay más de 200 organizaciones extremistas en Rusia, con una participación total de unas 10.000 personas. La mayoría de los miembros son jóvenes entre dieciséis y veinticinco años.

La mayoría de ellos no son excluidos sociales sino que son estudiantes de educación superior o están formándose en un instituto profesional de grado medio. En los últimos dos años, ha habido tanto un aumento de crímenes de odio (basados en cuestiones étnicas) como actos públicos organizados por extremistas. Esta tendencia se hizo patente durante la concentración en el centro de Moscú el pasado diceimbre. Aunque no debería exagerarse el riesgo de la amenaza nacionalista ni su influencia entre los jóvenes. El objetivo básico y predominante de los jóvenes de hoy en día sigue siendo adaptarse a las condiciones actuales y utilizarlas para su propio beneficio personal; como son la realización personal, una carrera profesional, la mejora de la calidad de vida y un uso profundo de nuestra “sociedad de consumo”.

Según analistas independientes la subcultura de los nacionalistas extremistas (skinheads) abarca unas 60.000- 70.000 personas a lo largo de todo el país. Entre ellos, unos 25.000-30.000 son los que tienen una tendecia a la violencia. Conviene recordad que “la sangre caliente” de la juventud suele moderarse con la edad. Los estudios de “Levada Center” demuestran que si hay un 15% de opiniones ultranacionalistas entre la juventud, ese porcentaje decrece hasta el 4 % entre la población adulta.

Sin embargo, el éxito a largo plazo para la erradicación del extremismo y del nacionalismo radical no dependerá del nivel de tolerancia hacia otros grupos étnicos, un legado de la Unión Soviética. Sino que dependerá de la capacidad de la propia juventud para encontrar espacios y oportunidades para el progreso creativo. Desde esta perspectiva, la situación en Rusia no es tan desalentadora como en Egipto.

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