El síndrome post-terrorista

Aeropuerto de Domodédovo. Foto de Ria_Novosti

Aeropuerto de Domodédovo. Foto de Ria_Novosti

El Comité de Instrucción de la Federación de Rusia comunicó el pasado sábado que el atentado cometido el lunes en el aeropuerto moscovita de Domodédovo estaba resuelto. Según los datos de la instrucción lo perpetró un joven suicida de 20 años procedente del Cáucaso Norte. Los jueces de instrucción consideran que el atentado estaba dirigido principalmente en contra de los extranjeros, y precisamente por ello la explosión tuvo lugar en la sala de llegadas. Sin embargo, entre los heridos y las víctimas mortales la mayoría son rusos. Según los psicólogos, miles de ciudadanos rusos han sufrido traumas psicológicos de los que no podrán recuperarse en mucho tiempo. El estrés afecta también a los que no han sido víctimas directas de la explosión. Los sociólogos afirman que más del 80% de los rusos tienen miedo a convertirse en víctimas de los terroristas. Por otro lado, los psicólogos también han observado otra tendencia: una parte considerable de los rusos ha empezado a percibir las noticias sobre los atentados terroristas con más indiferencia que antes.

Según Zurab Kekelidze,director interino del Centro de Psiquiatría Social y Judicial, “la reacción al dolor” que aparece en las personas que han perdido a sus familiares en un atentado comprende tres etapas. El primer mes se caracteriza por el “rechazo”: es decir, la persona se niega a aceptar la muerte de su familiar y “sigue hablando del muerto como si estuviera vivo”. Pasado un mes, incluso hasta un año después del momento de la muerte, se da el fenómeno de la “desorganización”: se rompen las relaciones que unían a la persona con el difunto. Esta etapa acompañada ,en algunos casos, la degradación y pérdida del estatus social de la persona.

Finalmente, viene la etapa de la “reorganización”: la persona se acostumbra a vivir sin su familiar y empieza a rehacer su vida. Zurab Kekelidze afirma que es “imposible evitar sufrir dolor” y que los médicos no hacen más que ayudar a evitar otros trastornos que acompañan al estrés: la úlcera de estómago, la diabetes y las irritaciones cutáneas.

El estrés persigue también a los que han sufrido heridas en el atentado o simplemente hayan sido testigos del mismo. Según Zurab Kekelidze, en los tres primeros días es habitual tener una “reacción aguda”, un estado de agitación o entumecimiento. Muchos se quejan de insomnio, falta de apetito y “recuerdos muy vivos de lo ocurrido”. Los testigos de un atentado suelen buscar el apoyo de los psicólogos al cuarto o quinto día, cuando estos trastornos se hacen más patentes. “También piden apoyo los que no han sufrido ningún trauma físico. El que diga que esto no le afecta a la salud, ese es el primero que tendría que ir al médico”, afirma Kekelidze.

Hay personas que prefieren ocultar a sus conocidos el hecho de que han sido testigos de un atentado: tienen miedo de “ganarse una reputación de personas psíquicamente inestables”, ya que está muy difundida la opinión de que es imposible sobrevivir a un atentado y seguir siendo una persona cuerda. Los psicólogos no están de acuerdo: es posible “transformar” una situación traumatizante. Por ejemplo, la gente que ha vivido una explosión y un incendio en casa, pasados unos años “se ríe contando cómo salieron corriendo a la calle desnudos”.

El estrés afecta también a los que no han sido afectados personalmente por el atentado. Según los datos del Centro Ruso de Estudios sobre la Opinión Pública, tras las explosiones que tuvieron lugar el año pasado en el metro de Moscú, el 82% de los rusos tenía miedo a ser víctimas de un atentado (los resultados de la encuesta llevada a cabo después del atentado de Domodédovo todavía no están publicados). Es curioso que el mismo nivel de ansiedad se diera después de las explosiones en los bloques de unas viviendas moscovitas en el otoño de 1999 (80%).Después, hacia 2009 se fue reduciendo paulatinamente hasta llegar al 61%, pero más tarde volvió a crecer. Los que más miedo tienen a ser víctimas de un atentado son los moscovitas, los habitantes de las regiones del sur de Rusia y los jubilados. Sólo un tercio cree que el gobierno tiene capacidad para defender a la población de nuevos atentados (36%).

A la vez, los psicólogos indican que hay una nueva tendencia en el comportamiento de los rusos. Tal y como ha dicho el director del departamento de psicología extrema de la Facultad de Psicología de la Universidad Estatal de Moscú, Madrudín Magomed-Esmínov, la sociedad ha empezado a percibir las noticias sobre los atentados con mucha más indiferencia que antes. “Según los resultados de un estudio llevado a cabo por nuestros investigadores en marzo, después de los atentados en el metro de Moscú, el 60–70% de los moscovitas no se interesaron por las noticias relacionadas con las explosiones, intentando desvalorizar estos acontecimientos”, cuenta Magomed-Esmínov. “No podemos decir que la gente no tuviera miedo a los atentados, sin embargo, las noticias relacionadas no les producían casi ningún tipo de respuesta emocional. En los años 90, alrededor del 30% de los encuestados reaccionaban de esta manera ante las noticias de los atentados. La ausencia de emociones es una reacción protectora ante una situación de amenaza terrorista constante. En los años 90, la gente consideraba que el terrorismo era un fenómeno temporal. Ahora se dan cuenta de que los atentados no van a cesar, y para evitar la sensación de la impotencia prefieren darle la espalda a estos acontecimientos”.

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