El presidente sobre el presidente

Estimados lectores,

Tienen ante ustedes un libro que, sin duda, se convertirá en una importante fuente de conocimientos para los historiadores, politólogos y diplomáticos. Será interesante para todos aquellos que quieran saber cómo se estructuró la política exterior de la nueva Rusia y cuáles fueron los principios que se colocaron en sus fundamentos. También ayudará a comprender cuáles fueron los objetivos que se plantearon, así como las tareas que se pretendían resolver. La “Correspondencia del Presidente de la Federación Rusa Borís Nikoláievich Yeltsin con los jefes de Estado y de Gobierno” contiene gran cantidad de material fáctico sumamente interesante, además de documentos que permiten analizar de una nueva manera los acontecimientos ocurridos en un momento de fractura de nuestra Patria y, como ahora se ha tornado evidente, de todo el mundo.

Esta publicación no es sólo acerca de la política de Rusia en la arena internacional. En ella ustedes encontrarán no pocas confirmaciones acerca de la vinculación entre política exterior y política interior. La correspondencia de B.N. Yeltsin con los jefes de Estado que ahora se publica ilumina aspectos de la Rusia ante la que tuvo que enfrentarse su primer Presidente, la visión del mundo de Borís Nikoláievich y el lugar que ocupaba nuestro país. Acerca de las complejidades y contradicciones que caracterizaron el establecimiento de la nueva Rusia y sobre aquellos esfuerzos para asegurar un digno papel en la política mundial.

Los principios de franqueza, predisposición al diálogo, cooperación y responsabilidad fueron la base de la política exterior de la nueva Rusia desde el inicio. Esto fue lo que determinó el carácter de la práctica diplomática rusa, su enfoque en la búsqueda de respuestas efectivas a los desafíos que surgieron tras el fin de la “guerra fría”, en el filo de nuevas épocas, durante un período de formación de tendencias conceptualmente nuevas en las relaciones internacionales.

La reconstrucción global de las relaciones internacionales que comenzó en aquellos momentos, requería nuevos enfoques sobre la seguridad internacional y la estabilidad. La interacción con los socios tuvo que ser establecida en un mundo global que se desarrollaba de modo muy intenso. Los principios subyacentes en la base de la política exterior rusa permitieron eludir lo coyuntural en este camino y establecer relaciones estratégicas mutuamente beneficiosas con los países socios.

Quisiera resaltar algo aparentemente simple y evidente: es necesario evaluar cualquier suceso de aquella época en relación a su contexto histórico. Si recordamos las condiciones en las que tuvo que actuar la dirección del país, prestando atención a la limitación de recursos que se encontraba a su disposición, debemos reconocer los méritos evidentes de Borís Nikoláievich Yeltsin. Él soñaba con una patria fuerte y democrática que ocuparía por derecho propio una posición líder en el mundo. Él procuraba lograr este objetivo con tenacidad. El actual renacimiento de nuestro país en calidad de uno de los líderes de la comunidad internacional es el mejor testimonio de los fructíferos empeños de Borís Nikoláievich.

El lector atento y carente de prejuicios no podrá dejar de valorar la irrupción cumplida en la década del 90. Sí, fue un complejo período en el desarrollo de Rusia, que en esencia luchaba por la supervivencia. Pero lo principal es que fue creado un nuevo concepto de estado ruso, sin el cual no hubieran sido posibles los éxitos posteriores. En estos momentos, cuando Rusia recuperó para sí las posiciones de potencia segura de sus fuerzas, es importante comprender que, pese a los fallos y errores, se hizo lo más trascendental. Todas las cabeceras de puente fueron conquistadas para el desarrollo ulterior.

Conviene recordar que la aportación de Rusia a la seguridad global, y en especial en el espacio pos soviético, en aquella dura etapa ha sido claramente subestimada. En mi opinión, sería esperable que haya una justa investigación y una evaluación digna tanto entre nosotros como en el extranjero. Estoy convencido de que así será. Y esto constituirá el mejor monumento para Borís Nikoláievich.

Tras elegir la libertad y la democracia y manteniendo un estricto respeto a los postulados del derecho internacional, nuestro país ha procurado mantener un diálogo en igualdad de condiciones, transparente y franco, sobre todas las cuestiones de la agenda actual de la política mundial. Sólo de esta manera será posible avanzar en el mundo global, donde el nivel de interdependencia es tan alto y en el que al mismo tiempo se desarrolla una multiplicidad de diferentes procesos, a veces incluso contradictorios.

Es imposible evitar errores sin un alineamiento de las relaciones internacionales en igualdad de condiciones. Es imposible superar las crisis, es imposible avanzar. Todo esto conforma la línea estratégica de la política exterior rusa. La transparencia en la elaboración de las decisiones en esta materia es la garantía de su ulterior efectividad.

Hay todavía otro aspecto que conviene resaltar: la coherencia y la continuidad de la política exterior rusa. Desde que en el mapa del mundo apareció la Federación Rusa, Moscú se empeñó en proponer una selección exacta y concreta de ideas y de iniciativas capaces de asegurar la construcción de un mundo estable y seguro. Las circunstancias cambiaron a lo largo de las décadas pasadas, se corrigieron los enfoques pero la esencia de nuestros principios se ha mantenido. Principios que fueron fraguados en los complejos años de la década del 90 y que todavía hoy siguen vigentes.

Este libro, que descubre detalles desconocidos hasta ahora sobre la preparación de las decisiones estatales y el trasfondo real de los acontecimientos internacionales más importantes, es el mejor testimonio de la coherencia de las posiciones de Rusia. Estoy convencido de que la reflexión sobre la actual política exterior de Rusia –a lo que en primer lugar debe servir esta edición- ayudará a comprender mejor nuestra historia contemporánea y nuestro presente. Dará alimento para las reflexiones sobre lo que nos espera en el siglo XXI.

Dmitri Medvédiev, presidente de la Federación Rusa.

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