El sistema de defensa antimisiles europeo, con Rusia o sin ella

En vísperas de Año Nuevo, tuvieron lugar en Bruselas las negociaciones entre Rusia y la OTAN para crear un sistema común de defensa antimisiles. La delegación rusa estuvo encabezada por el vicedirector del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Rusia, el coronel Valeri Guerásimov. El objetivo de esta conferencia era llevar a la práctica los acuerdos alcanzados en la cumbre del Consejo Rusia-OTAN en Lisboa en relación a la creación de un sistema común de defensa antimisiles. Muchos expertos militares consideran que las partes tendrán serias dificultades para llegar a un acuerdo. Los pesimistas incluso afirman que ese acuerdo es imposible. Existen varias razones para ello. Mencionemos las más importantes.

En primer lugar, entre las partes existen diferencias respecto a la valoración del peligro de los posibles ataques con misiles al continente europeo. En Moscú, se piensa que el peligro de los misiles iraníes –considerado el más grave en Bruselas y Washington- es relativo. Según los militares rusos, Teherán no tiene misiles capaces de alcanzar las capitales europeas, y no los tendrá en los próximos 15 o 20 años. El país está limitado por el nivel de desarrollo tecnológico y científico-técnico de su industria de misiles. Lo único que Irán tiene hoy en día a su disposición es una variante no demasiado desarrollada del viejo misil táctico soviético Scad-D (cuyo alcance es de 600 kilómetros) y otra del también antiguo misil soviético marítimo Р-27 (SS-N-6), con un alcance de hasta 3.000 kilómetros, ambos suministrados por Corea del Norte. Resulta imposible construir un misil estratégico basándose en estos modelos.

En segundo lugar, las partes tendrán grandes dificultades para ponerse de acuerdo sobre las bases y la estructura del sistema de defensa antimisiles europeo. Rusia insiste en que estos sistemas tienen que desarrollarse sobre una base sectorial.. Es decir, la OTAN debe establecer su sistema en las fronteras de Europa, y Rusia en sus propias fronteras. Algunas zonas de responsabilidad se solaparán, pero eso no supone ningún problema. Lo importante es que cada una de las partes participantes en el sistema sea responsable de su zona de seguridad, teniendo la obligación de informar a sus socios de lo que ocurre en su espacio aéreo y en el correspondiente sector espacial. Si, por ejemplo, un misil enemigo aparece en el cielo de Rusia y vuela hacia Europa, la decisión de derribarlo se tomará en Moscú. Si un misil que apunta a Rusia pasa por territorio europeo, el derecho soberano de decidir su suerte le corresponderá a la OTAN.

Bruselas no acepta este enfoque: parece que no se fía mucho de Moscú. La OTAN insiste en crear su propio sistema de defensa, y no en las fronteras de Rusia, sino de forma escalonada. Rusia, si lo desea, podría unirse. Surgen entonces las preguntas. Una de ellas es muy simple: ¿Contra quién se dirigirá este sistema escalonado de defensa antimisiles? Rusia ya tuvo a principios de este siglo la experiencia de intentar crear un sistema común de defensa antimisiles junto con la OTAN para el espacio de operaciones, incluso llevó a cabo algunos ejercicios de maniobras para su preparación. Pero resultó que la OTAN se planteaba este sistema como parte del sistema de defensa antimisiles estratégico de Estados Unidos, que durante la administración Bush se quiso situar en Polonia y la República Checa, y que estaba dirigido directamente contra las fuerzas rusas de defensa estratégica. Hasta ahora no se ha recibido respuesta a la pregunta de si este nuevo intento de crear un sistema de defensa antimisiles europeo se lleva a cabo con la intención de ayudar al aliado transatlántico, pero presentándolo de una manera diferente.

El presidente ruso, Dimitri Medvédev, ya ha advertido a los socios occidentales: “Si Rusia no encuentra un lugar adecuado en este sistema, hacia 2020 podríamos llegar a una situación en la que el correspondiente “paraguas” de defensa antimisiles podría verse como un factor desestabilizador del equilibrio nuclear, reduciendo las posibilidades de Rusia […]”

Quizá no sea una casualidad que en vísperas de las negociaciones en Bruselas, el comandante de las tropas del Mando estratégico operativo de Defensa Aérea y Espacial de Rusia, el teniente general Valeri Ivanov, dijese en el canal de televisión Vesti 24 que hacia mediados de 2011 (que, por cierto, es el momento en el que se prevé que Moscú y Bruselas lleguen a un acuerdo respecto al sistema común de defensa antimisiles), se crearán en Rusia las tropas de Defensa Aérea y Espacial. Estas tropas estarán integradas por cinco subsistemas: de defensa aérea, de aviso de ataque con misiles, de control del espacio, de tropas de guerra electrónica y de defensa antimisiles. También dijo que para la defensa de la capital rusa, en la que ya están posicionados los complejos antiaéreos y antimisiles S-300 y S-400, y se ensaya el nuevo sistema Triunfador (el tan esperado S-500), entre marzo y abril las tropas recibirán también el nuevo sistema de defensa antiaérea para el combate cuerpo a cuerpo (Coraza).

Por lo visto, el general pretendía de esta manera dar a entender a los socios de la OTAN que Rusia ya estaba preparada para crear un sistema común de defensa antimisiles. Pero no se sabe hasta qué punto se le escuchará en Bruselas.

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