El liderazgo de Medvédev coge fuerza

Foto de Getty Images/Fotobank

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Los diplomáticos norteamericanos, educados a base de tópicos de Hollywood, plasman a Putin y a Medvédev como un personaje dirigente y otro dirigido, o como Batman y Robin, intentando de esta manera definir la posición de ambos con respecto al poder. Putin calificó de insolentes y descaradas estas afirmaciones. Medvédev reaccionó con un toque de humor, aunque sin dejar de señalar el cinismo implícito en la práctica de etiquetar a las personas.

Hay que decir que para la mayoría de los electores rusos la cuestión de cuál de los líderes tiene más poder no es prioritaria. Al menos, de momento. En todo caso, se han empezado a notar ciertos cambios, no tanto en la distribución de poderes entre los dos líderes, sino en su estatus. Por lo visto, los diplomáticos estadounidenses, aferrándose a los tópicos, no han sido capaces de ver estas transformaciones. La apariencia de Putin, evidentemente, es la de un líder  más maduro y experimentado, algo lógico después de ocupar durante ocho años la presidencia del país. últimamente, sin embargo, Medvédev también ha hecho gala de una gran destreza de la que antes carecía.

En los últimos meses, los aficionados a hacer especulaciones sobre quién es el principal líder ruso, no pudieron dejar de atender a una serie de importantes decisiones políticas del presidente, que demuestran su independencia y madurez. Se puede decir que, este otoño, Medvédev ha desplegado sus alas definitivamente, y ahora es capaz de elegir las corrientes de aire que lo auparán a las alturas. Para el electorado ruso, uno de los pasos más importantes ha sido la clamorosa destitución de Luzhkov como alcalde de Moscú. No debe confundir al observador el hecho de que se tratase de una decisión enmarcada en la política interior. En el fondo, la importancia de esta decisión va más allá de las fronteras de Moscú, e incluso de Rusia. En la forma de destronar al que durante muchos años fue el dueño de la capital rusa, los electores pudieron percibir la firmeza de ánimo y la resolución del presidente.

Medvédev volvió sobre este tema en el discurso del estado de la nación, y recalcó que el nuevo alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, tiene encomendada una tarea muy importante: la de convertir Moscú en un centro financiero internacional. La opinión pública, sin embargo, ha visto en el nombramiento del nuevo alcalde, el golpe más fuerte contra la corrupción de todos los que se han dado en los últimos años en este sentido. Luzhkov utilizó Moscú como centro financiero de su propio entorno y, sobre todo, de su esposa Elena Batúrina que, por una extraña casualidad, se convirtió en la empresaria más rica del mundo justamente durante el periodo en que Luzhkov fue alcalde.

Sobianin no sólo tendrá que redireccionar los flujos financieros, sino también modificar toda la infraestructura de la ciudad. Recientemente, Sobianin comentó que en Moscú estaban reunidos los errores urbanísticos de todas las ciudades del mundo. El hecho de que el presidente mencionara su nombre en el mensaje anual a la Asamblea Federal, demuestra claramente que ha dado carta blanca a Sobianin para corregir estos errores. El recién nombrad alcalde ya ha dado varios pasos firmes para corregir la situación. Todas las regiones del país le están observando con una gran atención. Si la lucha sin concesiones contra la corrupción pasa de Moscú a otras regiones –en las que, en muchos casos, la administración está fusionada con los círculos criminales-, la destitución de Luzhkov se convertirá en una de las bazas más fuertes de Medvédev. Esto es para los rusos mucho más importante que cualquier índice de popularidad o etiqueta.

Entre los acontecimientos clave del otoño figura también la visita de Medvédev al archipiélago de las Kuriles. Su especial importancia radica en el hecho de que, inmediatamente después de este viaje, el presidente quisiera visitar Japón, país que reclama la soberanía sobre este territorio. A Medvédev no le detuvieron ni las protestas por parte japonesa, ni la coincidencia de la visita a la isla de Shikotán con el foro de APEC en Yokohama.  Se puede discutir si se trata de una mera coincidencia o no, pero parece que Medvédev puso fin a la discusión. Después de varias “entrevistas sin corbata” entre los líderes rusos y japoneses, después de muchas promesas de encontrar decisiones aceptables para todos, Japón recibió un mensaje inequívoco: Rusia está dispuesta a dialogar, pero no a ceder en sus posiciones. Las islas Kuriles forman parte del territorio ruso, y no se va a permitir ninguna revisión de los acuerdos de la segunda Guerra Mundial. Ésta es la base sobre la cual hay que construir las nuevas relaciones entre los dos países.

La reanudación del diálogo con la OTAN también puede considerarse un logro del presidente Medvédev. Es bien sabido que los rusos, en su inmensa mayoría, ven a la OTAN como una máquina militar agresiva que intenta controlar no sólo Europa, sino todo el planeta. Por ello, la participación de Medvédev en la cumbre de la Alianza que tuvo lugar en Lisboa en noviembre, no fue percibida por la sociedad rusa de una forma unívocamente positiva. Sin embargo, parece que la intervención de Medvédev consiguió reconciliar tanto a los que admiten la necesidad de colaboración, como a los que recelan de que la OTAN ha crecido tanto que, para justificar su existencia, necesita participar en conflictos constantemente. Si la OTAN hace caso del llamamiento de Medvédev a dejar de lado este tipo de actitud, y se centra, no sólo no en los intereses de la Alianza, sino en la seguridad internacional, los rusos no dudarán de la utilidad de este diálogo.

Este tema fue tratado en la 11ª sesión de la OSCE, que tuvo lugar el 1 de diciembre en Astaná, capital de Kazajistán. Esta organización, según Medvédev, también necesita revisar sus posiciones que, según el presidente ruso, son la causa de su pérdida de autoridad y relevancia. La resolución de cualquier tipo de conflicto empleando únicamente la vía pacífica, partiendo siempre de las mismas reglas de juego  iguales para todos: éstos deberían ser los principios básicos de esta entidad, según Medvédev. Los observadores han podido comprobar que, en todas las reuniones internacionales, Medvédev ha intervenido con seguridad y aportando propuestas concretas. En ningún caso pareció un recién llegado, y menos una persona que en su propia casa estuviera jugando el papel de segundón. 

En este sentido, el discurso del estado de la nación aporta también mucha información. Al contrario de lo que se esperaba, Medvédev no hizo ninguna declaración sensacionalista y no empleó la estrategia de las promesas generosas. Algunos críticos incluso pudieron tener la impresión de que no fue suficientemente expresivo. En realidad, en el mensaje no hubo llamamientos altisonantes ni efectos retóricos. Pero todo el texto tenía un claro enfoque práctico y cada problema mencionado iba seguido de un listado de pasos a seguir para resolverlo. En este contexto, es evidente que Medvédev es el autor de la idea de la modernización de Rusia. Y es a él a quien le toca mejorar tanto el descuidado sistema de servicios públicos como la educación, la salud y los transportes. Sólo un líder muy seguro de sí mismo es capaz de comprometerse a llevar a cabo un programa no de cara a uno o dos años, sino pensando en un plazo mucho más largo.


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