Una historia (casi) milagrosa

En vísperas de Navidad y Año Nuevo apetece mucho creer en los milagros. Uno de estos acontecimientos extraordinarios este año en Rusia ha sido la sorprendent salvación de los pasajeros y la tripulación del avión TU-154.

Los hechos tuvieron lugar de la siguiente manera: el 7 de septiembre de 2010 despegó el avión en Yakutia con destino Moscú, cuando sobrevolaba la república de Komi todos los sistemas de a bordo dejaron de funcionar. Es decir, el avión se quedó ciego y sordo. Había que aterrizar urgentemente, pero ¿dónde? Había cientos de kilómetros de taiga alrededor. Era imposible llegar al aeropuerto más próximo porque era utópico saber la dirección en la que volar. Los pilotos decidieron aterrizar. Para agravar aún más la situación, el cielo estaba cubierto de nubes. De repente, entre las nubes apareció un claro. Los pilotos lo aprovecharon para mirar con atención esperando divisar alguna superficie más o menos plana.Descubrieron una pista de aterrizaje. “En un primer momento pensamos que estábamos alucinando. ¿Cómo puede aparecer una pista de despegue y aterrizaje en medio del bosque?”, recordó luego la tripulación. Aterrizaron utilizando un vaso de agua mineral: lo pusieron encima del panel de control del avión procurando que la superficie quedara horizontal. Casi hasta el inicio del aterrizaje los pasajeros no sospecharon que estaban a punto de estrellarse. No se dieron cuenta de lo que estaba pasando hasta que vieron por las ventanillas que las alas del avión estaban cortando las copas de los árboles, debido a que la pista de aterrizaje resultó ser un poco más corta de lo necesario. Gracias a Dios, el aterrizaje se desarrolló con normalidad y ninguna de las 80 personas que volaban a bordo sufrió daño alguno.

Mientras tanto, los controladores aéreos que habían perdido la comunicación con el avión se estaban preparando para lo peor. Así que cuando se supo que en una situación casi desesperada nadie había sufrido ningún daño, todo el mundo lo interpretó como un auténtico milagro. Todos los periódicos dedicaron artículos a la heroica tripulación, incluso se filmó también un documental. El presidente de Rusia recibió a los pilotos para condecorarles con el máximo galardón, el de Héroes de Rusia. Todo fue como tenía que ser.

Pero en esta historia hubo otro héroe más, sin el cual salvación milagrosa no habría podido tener lugar. Se llama Serguei Sótnikov y es el jefe del aeródromo de Izhma, que durante 20 años voluntaria y gratuitamente ha mantenido en perfecto estado la pista de despegue y aterrizaje en la que pudo tomar tierra el avión averiado.

Hace tiempo en Izhma había un aeropuerto regular, del que todos los días salían vuelos a casi a todo el territorio del Norte de Rusia. Como en la taiga no hay caminos, sólo es posible moverse por el río o por el aire. En la época de la URSS, los habitantes de los pueblos cercanos no se sentían aislados del resto del país porque en cualquier momento podían ir a pasar un fin de semana a San Petersburgo, por poner un ejemplo. Hoy en día es un lujo que casi nadie se puede permitir. Después de pasar a la economía de mercado, la pequeña aviación resultó ser demasiado cara. En el aeropuerto de Izhma trabajaban 130 personas. Hoy sólo queda Serguei, que está contratado para trabajar solamente durante el par de meses al año que el antiguo aeródromo se utiliza como pista para helicópteros. La pista de despegue y aterrizaje está cubierta por el bosque por lo que debía haberse cubierto de vegetación hacía mucho. Esto no ha ocurrido gracias a Serguei, que limpiaba la pista regularmente y no permitió a los habitantes del lugar organizar en ella un almacén para leña.

¿Para qué lo hizo? Al principio creyó que a pesar de todo la pequeña aviación iba a renacer , y junto con ella, la vida normal en los pueblos del alrededor. Luego, cuando la esperanza fue extinguiéndose, dice que seguía limpiando la pista “para sí mismo”, para mantener el orden. Al final esta preocupación salvó la vida a 80 personas.

Serguei Sótnikov no fue condecorado con ninguna orden. ¿Por qué iban a hacerlo? Él no hizo nada especial: simplemente mantenía en orden una pista de despegue y aterrizaje. Pero en la blogosfera rusa este hombre, y no los pilotos, ha sido considerado como el verdadero héroe, lo cual tiene su lógica. Evidentemente, los pilotos han actuado bien, pero al fin y al cabo son profesionales que están preparados para situaciones de emergencia. Esta vez han hecho su trabajo perfectamente. Mientras que Serguei Sótnikov es una persona que mantenía el orden, sin estar obligado a hacerlo, porque ya desde hace años estaba despedido oficialmente y sólo figuraba como trabajador temporal.

Si resumimos todo lo dicho por los bloggers respecto a Serguei, hablamos de un héroe de verdad y de un hombre como Dios manda y, justamente estas personas constituyen hoy en día la esperanza de Rusia. ¿Demasiado solemne? Creo que no. Estamos todos muy cansados de ver a esos otros héroes que nos imponen los medios de comunicación y la televisión: los ladrones, los delincuentes, los oligarcas y sus amantes. Hoy tenemos la impresión de que casi ya no queda gente normal a nuestro alrededor. Pero no es verdad. Estas personas siguen existiendo.Esas que ponen en orden su pequeño planeta propio, tal y como lo hacía el Principito de Saint-Exupéry. Serguei Sótnikov dio a entender a todas las personas que intentan mejorar el mundo a su alrededor que su trabajo tiene sentido, que un día será necesario e incluso puede salvarle la vida a alguien. Creo que no está nada mal creer en que si tu avión de repente tiene que efectuar un aterrizaje forzoso, más abajo siempre habrá una persona que limpie la pista para ti.

De momento, los bloggers están recolectando dinero para comprarle un vehículo para la nieve a Serguei. Ya se han recaudado casi 8 mil dólares, aunque a mí me parece que el mejor regalo para Serguei sería el renacimiento del aeródromo de Izhma.