Un futuro alternativo al oro negro

El gobierno aprobó, el pasado octubre, un programa de eficiencia energética por valor de 9.532 millones de rublos (unos 225 millones de euros) que pretende acabar con el despilfarro de energía que se produce en los edificios y fábricas heredados de la era soviética. Además, los primeros proyectos de energías renovables en el país se pondrán en marcha en los próximos meses. ¿Se embarca Rusia en una revolución ecológica?

“Los vientos han cambiado en las altas esferas y cada vez es mayor el consenso sobre la existencia del cambio climático y la necesidad de crear una economía más eficiente”, afirma Kevin James, de Climate Change Capital. Según James, los incendios del pasado verano pusieron de manifiesto que el cambio climático puede perjudicar a Rusia, al contrario de lo que sugería el primer ministro, Vladímir Putin, cuando bromeaba al afirmar que el calentamiento global haría que los rusos tuviesen que gastar menos en abrigos de piel.

Sin embargo, el presidente Dimitri Medvédev se ha mostrado más firme que Putin, y su postura ha sido respaldada por un informe del Banco Mundial que subraya que la mejora de la eficiencia energética repercutirá de forma positiva en la productividad y en la competitividad del país.

“La inversión en este sector podría ahorrar el equivalente a 70 millones de toneladas de petróleo”, afirmó Medvédev a comienzos de verano.

Hasta ahora, el reducido coste de la energía en el país que más petróleo y gas produce del mundo (y cuyo gobierno, además, controla los precios), ha desincentivado el ahorro. Pero Medvédev quiere que en 2020 la economía rusa sea un 40% más eficiente.

Rusia está retrasada en el desarrollo de energías alternativas, muy por detrás de China, principal fabricante de turbinas eólicas y placas solares. Aunque se están dando pasos para el desarrollo de este sector: el próximo año se establecerá la primera planta solar en la ciudad de Kislovodsk, en el norte del Cáucaso, según Rostovteploelektroproekt, empresa especializada en el diseño de plantas de producción energética. La planta, que costará unos 70 millones de euros, tendrá una capacidad pequeña (13 megavatios). Pero no es el único proyecto de la compañía, que planea construir otras plantas de energía solar y eólica por valor de 220 millones de euros en la región de Krasnodar.

Por otro lado, el gigante italiano ENEL y la rusa RusHydro firmaron en junio un acuerdo de cooperación para trabajar en proyectos de energía geotérmica y mareomotriz.

El multimillonario Mijail Prókhorov lanzará la producción a gran escala de vehículos eléctricos baratos (a un precio de 8.700 euros), un proyecto que cuenta con el respaldo personal de Putin. Los tres primeros prototipos saldrán de la cadena de producción en diciembre.

Las organizaciones ecologistas afirman que estos movimientos representan un cambio en la buena dirección, pero que no sería la primera vez que el gobierno anuncia proyectos que luego no se ejecutan.

Vladímir Chouprov, de Greenpeace, cree que hay numerosas “industrias que quieren modernizar sus operaciones y aumentar su eficiencia energética”, pero muchos políticos, incluido el primer ministro, son escépticos con respecto al cambio climático. “El gobierno no es ecológico y muchas de sus políticas son contrarias al medio ambiente”, critica.