Arte inspirado en el fracaso de un diálogo

Dos visitantes observan la obra del artista eslovaco Martin Vongrej. Foto de Pedro Valeros

Dos visitantes observan la obra del artista eslovaco Martin Vongrej. Foto de Pedro Valeros

Hace tiempo que la región de Murcia muestra la voluntad de ser algo más que la gran huerta de Europa. Esta vez ha recalado allí Manifesta 8, una bienal europea itinerante de arte contemporáneo que, con tres millones de euros de presupuesto, presenta obras de más de cien artistas de todo el mundo en las ciudades de Murcia y Cartagena.
Uno de los atractivos de la bienal es que ha logrado abrir al público edificios singulares, como la Prisión de San Antón en Cartagena -in- augurada por Victoria Kent en la Segunda República-, o el antiguo Cuartel de Artillería y la antigua Oficina de Correos, en Murcia.

La propuesta es intelectual y decididamente política, y se ha estructurado en torno al argumento “Región de Murcia en Diálogo con el Norte de África”. De ese diálogo, sin embargo, no hay a- penas rastro, quizás por la propia voluntad de los comisarios (por primera vez, tres colectivos distintos), abrumados por la incapacidad de establecer una comunicación real con los vecinos africanos de España.

“Nosotros queríamos establecer un diálogo justo con los artistas, no ir allí (África) y seleccionar a unos cuantos para exhibirlos en Murcia”, explica Vit Havránek, comisario del colectivo tranzit.org, uno de los tres presentes en Manifesta. Havránek y sus colegas (tranzit tiene cuatro centros en República Checa, Hugría, Austria y Eslovaquia) decidieron que, con el tiempo y el dinero disponible, el diálogo no era factible.

Lo que hicieron, finalmente, fue utilizar su propia experiencia sobre el significado -político, artístico y social- de las fronteras. Precisamente, la situación geográfica de algunos de sus países de origen les enjauló en la órbita soviética durante décadas.

Eran otros tiempos, pero el colectivo ha seguido reflexionando sobre su -conflictiva- relación con Rusia y la transformación y posterior apertura a Occidente.

De ese diálogo surgió la relación con Alexandra Gálkina, artista rusa presente en Manifesta. Gálkina ha realizado unos frottages (impresiones que se obtienen frontando un lápiz sobre una hoja colocada encima de un objeto) en las paredes del edificio del antiguo Cuartel de Artillería. “En 1995, fue okupado”, relata Anna Pahissa, asistente de comisariado de tranzit.org. “Se rompieron ventanas y puertas, se hicieron marcas y pintadas” en las paredes, dice. Gálkina ha recuperado tres de esas marcas a través de sus frottages , en lo que es una reminiscencia de sus anteriores trabajos -con una lógica muy subversiva- en Moscú, donde hizo algo similar con letreros de comisarías de policía, sedes de partidos e incluso la corte de Justicia.


Uno de los ‘frottages’ que Gálkina elaboró para Manifesta 8.


“Las obras interesantes son las que nacen de impulsos vitales”
Alexandra Gálkina, la única artista rusa en Manifesta 8, defiende la creación artística espontánea.

Kirill Rudenko, Rusia Hoy




¿Por qué decidió hacer una serie de ‘frottages’ para Manifesta 8, la bienal de arte que se celebra en Murcia?

El edificio que eligieron los organizadores tiene una historia rica, y las marcas e inscripciones en sus paredes son parte de esa historia. He copiado algunas y las he encuadrado en esas mismas paredes. Así, he podido mostrárselas a la gente. Los cuadros son algo simbólico.En el campo de la cultura, cualquier cosa enmarcada atrae la atención del público. Y, si es exhibida en un museo, adquiere valor cultural.

¿Qué opina de la bienal?

Me alegra que Manifesta haya provocado un fuerte impulso educativo en la región. Además de las excursiones organizadas para los escolares, el proyecto continúa en las escuelas y universidades, con seminarios y conferencias.

¿Tiene algún papel el artista moderno?

Lo importante es su función comunicativa y la posibilidad de formación del medio. Se puede hacer arte como trabajo habitual, participar en exposiciones, vender obras y vivir la cotidianidad. Pero lo más interesante sucede cuando los artistas se unen en grupos creativos. En esos grupos, muchas obras se crean durante el proceso de comunicación, surgidas por impulsos vitales, y no por encargo. Nacen vivas, no para un museo, sino para el momento concreto.
Claro que, luego, esos trabajos también se pueden encontrar en las galerías y museos, pero lo importante es que han nacido en cierto medio y en cierto momento.