Sin este papel, no eres nadie

Foto de PhotoXpress

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Olesya Melnikova tiene 28 años y es una exitosa ejecutiva de relaciones públicas de Moscú. Llegó a la capital hace cinco años desde Omsk, Siberia, seducida por un salario mejor y la oportunidad de trabajar con clientes extranjeros.
Hace poco, pronto por la mañana temprano, se disponía a tomar un vuelo a Italia. Melnikova se detuvo un momento para tomar un café cuando un oficial de la policía se le acercó y le solicitó su pasaporte interno, el equivalente ruso del carné de identidad, que es distinto del pasaporte para viajar al extranjero. Cuando el oficial comprobó que no estaba identificada como residente en Moscú, llevó a Melnikova a la estación de policía. “¡Sin este papel, usted no es nadie!”, le dijo.

Los pasaportes internos vinculan a los rusos con una ciudad en particular. Fueron creados durante el gobierno de Stalin como método para controlar la migración interna en la Unión Soviética. Esta arcaica forma de identificación todavía complica la vida de los ciudadanos rusos. Cambiar la identificación puede ser una pesadilla burocrática para cualquiera que desee mudarse permanentemente a otra parte del país. Residir en una parte acomodada del país, especialmente en Moscú, posibilita a los ciudadanos beneficiarse de los servicios públicos que hay en ella:asistir a algunas de las mejores escuelas, beneficios médicos y de jubilación que, por otra parte, se encuentran disponibles en muy pocas regiones.

El gobierno ha anunciado que este sistema de identificación está a punto de simplificarse mucho como parte de sus continuos esfuerzos modernizadores. El Servicio Migratorio Federal (SMF) incluso ha sugerido que muy pronto todo el proceso podría volverse obsoleto. Konstantin Poltoranin, jefe del SMF, dejó entrever en una reciente rueda de prensa que la la obligatoreidad de portar la identificación en todo momento podría abandonarse. “El pasaporte interno no tiene futuro como documento legal”, afirmó. En poco tiempo, los rusos podrán modificar el registro de su residencia vía mail o en Internet.

Hasta el momento, los problemas de identificación pueden impedir el progreso profesional. Leonid Pokryshkin, ciudadano de 30 años de Nizhny Novgorod que ahora trabaja como ejecutivo de informática en un gran banco moscovita, comenta que le tomó casi un año obtener un nuevo pasaporte para viajar al exterior, distinto del pasaporte interno. “Tenía que volar a los Estados Unidos en un importante viaje de negocios, pero mi pasaporte había caducado. Me enteré de que no podía obtener uno en Moscú sin estar identificado en esa ciudad, así que viajé a mi hogar en Nizhny Novgorod y lo solicité allí. Finalmente, recibí mi pasaporte nuevo un año más tarde”, cuenta Leonid. Le informaron que la demora se debió a que, oficialmente, él residía en una ciudad y trabajaba en otra.

En una reciente encuesta independiente, la mitad de los encuestados respondió que debieron hacer largas filas para obtener su identificación. Un 26% consideró que el horario de atención de las oficinas era poco conveniente, un 23% se quejó de que los funcionarios de las oficinas eran groseros, un 12% contó que se pedía que presentaran documentación adicional distinta de aquella requerida por ley y que se vieron forzados a sobornar a quienes los atendían y a un 10% se le negó el derecho a cambiar su identificación.
La simplificación y los cambios en el sistema beneficiarán tanto al ciudadano de a pie como al gobierno porque “con el viejo método, el estado incentiva claramente la corrupción”, sostiene Sergei Smirnov, director del Instituto de Política Social y Programas Económicos y Sociales de la Escuela Superior de Economía de Rusia.

Sin embargo, ¿puede un cambio en el sistema conseguir que los trabajadores se desplacen?

El gobierno ruso espera que los cambios permitan un mayor desplazamiento por causas laborales, especialmente entre los más jóvenes. Según Indermit Gill, economista jefe del Banco Mundial para Europa y Asia Central, actualmente la movilidad laboral está estancada.Estadísticamente, un ciudadano ruso se muda dos veces , mientras que los estadounidenses pueden llegar a cambiar de residencia 13 veces durante el transcurso de su vida laboral. Las costumbres rusas no facilitan un estilo de vida tan nómada, ni siquiera entre los jóvenes.

En cambio, existen poderosas razones para trasladarse en Rusia. La más evidente es la gran diferencia que hay en los ingresos entre una región y otra. Según la Agencia Federal de Estadísticas, en el año 2008 el promedio del salario mensual en el distrito autónomo de Yamalo-Nenets, en Siberia noroccidental, que cuenta con grandes yacimientos de hierro, carbón y gas natural, era de aproximadamente 38.000 rublos (alrededor de 1.300 dólares), mientras que en Ingusetia, en el Cáucaso, el salario era de unos 5.500 rublos (algo menos de 200 dólares).

El año pasado, la frustración de los residentes que fueron despedidos y de aquellos que no pudieron o no quisieron mudarse a una región más próspera desencadenó el enfrentamiento entre el primer ministro Vladimir Putin y Oleg Deripaska, el hombre más rico de Rusia el aquel momento, en el pueblo de Pikalyovo. Los empleados despedidos de la única fábrica de cemento del pueblo bloquearon la autopista entre Moscú y San Petersburgo. Putin llegó en helicóptero, ordenó a Deripaska que reabriera la fábrica y, enojado, le arrojó un lapicero, gesto que dio la vuelta al mundo.

Para fomentar la movilidad, el gobierno ruso ha decidido reembolsar los costes del viaje y de hospedaje para las personas que buscasen empleo en otras ciudades. Se han asignado casi 4.500 millones de rublos con este propósito.Se espera que la medida incentive una mayor movilidad.

Los expertos también dudan acerca del impacto que causará la simplificación de los requisitos de identificación.

“No creo que reducir los requisitos vaya a estimular la migración interna”, afirmó Smirnov. “Para que las personas puedan desplazarse libremente entre ciudades, es necesario que exista un mercado de viviendas asequible. Además, a diferencia de los Estados Unidos, nuestras regiones son muy diferentes unas de otras, lo que hace difícil que la gente se adapte”.

Vladimir Mukomel, jefe de departamento del Instituto de Sociología de la Academia de Ciencias de Rusia, sostiene: “No hay rotación de mano de obra en nuestro país. Sólo las grandes compañías pueden costearla. Los beneficios sociales no funcionan y las personas no tienen la motivación necesaria para mudarse a otra ciudad y superar todas las dificultades que ello representa".

No obstante, el grueso de la población rusa defiende la eliminación del sistema.

“El sistema de identificación debe eliminarse ”, afirma Arytom Sokolov, moscovita de 27 años. “Hay que promover que las personas se acostumbren a una vida con mayor movilidad. La mentalidad soviética no va a cambiar de un día para otro, pero hay que empezar de alguna manera”.

Nacido y criado en Moscú, Arytom dejó la capital hace dos años se mudó a Pavlovsk, en las afueras de San Petersburgo. Relata que estaba cansado del ruido y que en Pavlovsk el aire es fresco y vive cerca de un parque. “No entiendo por qué debería vivir en el mismo lugar todo el tiempo”, declara. “Cuando me canse de este pueblo, me mudaré a otro lugar. Todo lo que necesito para trabajar es Internet de alta velocidad, un teléfono y un ordenador portátil. Aparte de eso, soy libre como un pájaro”.

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