Razones para matar a un periodista en Rusia

Foto de AP

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La semana pasada Oleg Kashin, periodista de Kommersant, uno de los periódicos más destacados de Rusia, recibió una paliza casi mortal cerca de su casa, en el centro de Moscú. El mismo día, se “filtró” en Internet una grabación de CCTV que no permite distinguir los rostros de los agresores, pero sí se aprecia con claridad que la paliza no era simplemente para intimidar o “advertir” al periodista sino para matarlo. Es sorprendente que sobreviviera después de recibir semejante tunda de golpes en la cabeza con una barra de hierro.

No es la primera agresión brutal a los periodistas de Rusia. En lo que va de año ocho periodistas que han sido asesinados “por su profesión”. Además, se han denunciado cuarenta agresiones.

Alrededor de la misma hora, hubo otro ataque a un periodista (aunque con heridas más leves) en Zhukovski, en la región de Moscú. A través de sus artículos para un periódico local, alzaba su voz discrepante en contra de la extensa tala de árboles de un bosque cercano para la construcción de un carretera. Dos días antes de la agresión a Kashin, Konstantín Fetísov, activista del ecologismo, recibió una fuerte paliza en Jimki, otra ciudad satélite de Moscú (mientras escribo estas líneas permanece en coma).

Todas estas agresiones, de una forma o de otra, han sido reflejadas en la prensa y en Internet. Pero ha sido la sanguinaria paliza a Oleg Kashin lo que ha tenido mayor resonancia. La noticia fue cubierta por todos los canales nacionales, algo que no suele suceder con los numerosos sucesos de este tipo. El mismo día, el presidente Medvédev aseguró públicamente que los culpables serían castigados y que él mismo iba a supervisar la investigación. La policía ha destinado una enorme cantidad de recursos a la investigación del crimen. Aunque jamás se ha investigado con éxito ninguna agresión de alto perfil a periodistas rusos (a veces atrapan a los sicarios, pero la policía nunca encuentra a los que encargaron los asesinatos), en esta ocasión parece que las autoridades están decididas a lograr un resultado más satisfactorio.

¿A qué se debe la agresión o incluso el asesinato de los periodistas rusos? Excepto en el Cáucaso, donde los ajustes de cuentas homicidas son un pasatiempo rutinario y pueden desencadenarse por una variedad de pretextos que incluyen motivaciones políticas, en el resto de las regiones rusas la lucha política no es tan feroz como para matar a los adversarios. Por regla general, las causas verdaderas hay que buscarlas en los intereses comerciales (a menudo asociados con la corrupción) que dichas revelaciones públicas amenazaban, o podían llegar a amenazar en una u otra medida. En la mayoría de los casos, las mencionadas campañas de presión por parte de grupos de ecologistas locales contra la construcción de carreteras como la de Jimki entran en conflicto con determinados intereses empresariales, por lo general entrecruzados con funcionarios locales o federales corruptos, que se llenan los bolsillos gracias a estos grandes contratos.

Los medios y un porcentaje del público (desafortunadamente minoritario) que no son indiferentes a semejantes atropellos se preguntan cuál puede haber sido el motivo concreto de la agresión contra Kashin. Invariablemente todos, casi por reflejo, repiten la manida fraseacerca de la casi segura captura de los agresores por parte de la policía pero, afirman que será casi imposible que se aclare quiénes ordenaron el asesinato. También hay quien propone la introducción de nuevas leyes que protejan de alguna manera a los periodistas.

Evidentemente es una propuesta coherente, sin embargo, para que esta protección sea efectiva, la sociedad rusa tiene que someterse a un tratamiento de terapia política. En muchos países del mundo, incluidos los más prósperos, asesinan a periodistas. Sin embargo, por regla general, los periodistas corren mayor peligro en aquellas sociedades que tienen poco respeto por la “Palabra” y la “Información”.

La “terapia” de Rusia debería tener como principal objetivo la creación sistemática de una sociedad más abierta: habría que presionar a las autoridades para que publiquen información, prohibir el uso arbitrario de la clasificación confidencial y detener el juego del “sólo-para-uso-oficial”. Asimismo, se debería sancionar no dar información o ignorar las solicitudes de la prensa. En definitiva, adoptar por fin una ley de libertad de información. La combinación de todas estas medidas reducirá el riesgo que corren los periodistas. Cuanto más accesible sea la información sobre los organismos gubernamentales y las empresas y cuanto más arraigada esté la costumbre de hablar a la prensa sin que haya que hacerlo a regañadientes, menor será la motivación para matar a quienes dicen o escriben lo que para algunos resulta inapropiado.