Fantasmal Moscú

Fuente: archivo

Fuente: archivo

Para ver un fantasma o tratar con las fuerzas del más allá, no es necesario viajar hasta Transilvania. Los amantes de las emociones fuertes pueden perfectamente darse un paseo por Moscú, porque la capital rusa está llena de mitos y leyendas escalofriantes y, con justicia, es considerada una de las ciudades más misteriosas y paranormales de Europa. Hemos visitado los sitios más peligrosos y místicos de la ciudad.

Nuestro itinerario empieza en la calle más conocida de la capital, Tverskaya, por la que, según cuenta una leyenda, un gato negro deambula por la noche. Los escépticos afirman que este gato no es ningún fantasma, sino uno de los muchos animales,normales y corrientes, abandonados de Moscú. Y si aparece por la noche es porque en ese momento es cuando menos gente hay en la calle. Además, seguramente ni siquiera se trate de un solo gato, sino de varios.

Hemos decidido preguntar a la gente si ha visto alguna vez al peludo fantasma en la calle. Nos han respondido que el gato existe realmente y que aparece precisamente a medianoche. Deambula un poco y luego se esfuma en el aire, como si no hubiese estado nunca ahí. Resulta que este habitante de la calle Tverskaya no es conocido sólo en Moscú, sino también fuera de Rusia: es mencionado incluso en la británica “Enciclopedia universal de fantasmas”. También existe una versión según la cual este espectro es el que inspiró el gato Beguemot de la famosa novela de Mijail Bulgákov “El maestro y Margarita”. Se dice que una noche de camino a casa el escritor vio un gato negro que se paseaba por la calle y que luego desapareció delante de sus ojos.



Pero las “historias de gatos” no acaban aquí. Uno de los habitantes de la calle Tverskaya nos ha contado que al lado de la estación Novokuznétskaia uno puede ver una familia entera de gatos fantasmas. Una noche, ya muy tarde, vio salir del muro de un edificio a varias gatas semitransparentes con gatitos, que cruzaron la calle y desaparecieron en el muro del edificio de enfrente. Decidimos comprobar esta información y encontramos en Internet una mención de estos mismos gatos. Según se decía en la página web, estos gatos son completamente inofensivos, incluso para los perros. Sin embargo, en caso de ponerse en su camino se pierde la conciencia.

Por cierto, el legendario gato negro de Tverskaya no es el único fenómeno paranormal mencionado en la literatura rusa. En la novela de Anatoli Rybakov “El pájaro de bronce”, muy popular entre los escolares soviéticos, uno de los personajes menciona el dique de Golýguino. “Si por casualidad se adentran en el dique de Golýguino, puede que ya no vuelvan”, dice Zherdiai, un mozo de pueblo, a los jóvenes pioneros, y luego se pone a hablar de los espectros de un conde viejo y su hijo que fueron ejecutados en aquel sitio “antes de que llegase Napoleón”.

En realidad, el viejo conde era el príncipe Iván Andréyevich Jovanski, un noble cortesano perteneciente a la corte de la zarevna (princesa de sangre real) Sofia en el siglo XVII, que en absoluto constituía un modelo de lealtad. Elaboró el plan de una revuelta que pretendía aniquilar a la dinastía de los Románov para acabar entronizado él mismo. Pero el plan no se cumplió y Jovanski fue ejecutado junto con su hijo mayor, Andrei. Les cortaron las cabezas mientras que los cuerpos fueron tirados al dique, en una zona pantanosa del bosque, al lado del río Voria, cerca de la aldea de Golýguino que está situada en el camino que une Moscú con la ciudad de Yaroslavl. Fue una gran vejación, porque el hecho de estar sepultado en tierra no santificada condenaba el alma del muerto a un perpetuo tormento.

De esta manera, padre e hijo son incapaces de encontrar reposo y se levantan del dique por la noche y van a pedir sepultura cristiana a toda persona viva que encuentren, convenciéndole de que no tienen culpa alguna y que han sido calumniados por los enemigos. Si el pobre transeúnte no responde de forma clara a sus súplicas, los príncipes insisten acercándose cada vez más y quitándose las cabezas en señal de respeto, como si fueran sombreros.

“¡Todo es culpa de Kuznetski most y de estos franceses que están por todas partes!” exclama Fámusov, un personaje de la obra de teatro de Griboyédov “El mal de la razón”. Es allí donde iremos tras abandonar Tverskaya.

En el siglo ХIХ, la calle Kuznetski most era el centro de la moda y de la vida nocturna.Allí se encontraban numerosas sastrerías y casinos. Los visitantes de estos últimos no volvían a casa hasta la madrugada, muchas veces sin un duro en el bolsillo. Según la leyenda, si a la persona que lo había perdido todo en las apuestas del casino le venía a la mente la idea del suicidio, ante ella se paraba un carruaje gris tirado por unos magníficos caballos. El cochero, con la cara tapada, decía que por poco dinero llevaría a la persona “allí donde su alma desee ir”. No todo el mundo se daba cuenta del sentido encubierto de esta frase, porque el deseo que el pasajero había sentido hacía un segundo era el de morir. A los que subían al carruaje misterioso nadie volvía a verles nunca.

Antes de la revolución en la calle Miasnítskaya, según cuenta la leyenda, había una casa en la que vivía una pareja casada, los Kusóvnikovy. Eran muy famosos por sus riquezas y por su gran avaricia. Llevaban un régimen de ahorro muy estricto: no iban de visita, no recibían a nadie, no frecuentaban las fiestas frívolas y ni siquiera daban limosna a los mendigos al entrar en la iglesia. Los Kusóvnikovy guardaban todos sus bienes con mucho esmero y, por la noche, a causa del miedo a los atracadores cogían el baúl que contenía todo su capital, se metían en un carruaje y daban vueltas por Moscú hasta el amanecer.

Un día la pareja tuvo que dejar su casa durante un tiempo. Escondieron todas sus riquezas en la portería pensando que ningún atracador se iba a meter allí. Al volver a la casa lo primero que hicieron fue entrar en la portería y allí vieron como ardía el fuego en un horno fabricado por su siervo que no sabía nada. Así se quemó todo el dinero y todos los títulos de propiedad que constituían la riqueza de Kusóvnikovy.

Sin poder aguantar un golpe tan duro, la vieja Kusóvnikova murió en el acto y su marido se volvió loco. Deambulaba por la calle Miasnítskaya murmurando: “Mi dinero, mi dinero…”. Su espectro, según algunos testigos, sigue apareciendo en la misma calle para quejarse de su mala suerte ante los transeúntes nocturnos.

También quedan en Moscú espectros de tiempos aún más remotos. En la calle Gospitalny Val, al lado de la estación de metro Báumanskaya, se encuentra un cementerio del siglo XVIII. En 1771, los moscovitas tuvieron que ampliar los cementerios de la ciudad debido a una epidemia. No había sitio ni para los muertos de religión ortodoxa, aunque en el llamado suburbio alemán también moría mucha gente. No hubo más remedio que organizar un cementerio especial para la gente que profesaba otras religiones en la alta orilla del río Siníchka, que en aquel entonces pasaba por la ciudad. Este sitio se convirtió en el último refugio para muchos soldados alemanes, franceses y polacos. Según los testigos, en las noches de primavera, en el cementerio se oye una tenue melodía de flauta y, cuando llueve, el músico invisible toca hasta el amanecer una triste canción cuyas notas se entremezclan con el tintineo de los grilletes de hierro que se oyen en la tumba del doctor Fiodor Haas. Entre la gente del pueblo, este cementerio recibió el sobrenombre de “las criptas herejes”.

Desde Báumanka vamos a la estación de metro VDNH, en el distrito de Ostánkino, donde se encuentra la famosa torre de televisión Ostánkinskaya. Este sitio, debido a la radiación electromagnética producida por el gran número de antenas, es considerado uno de los más perjudiciales para la salud de la ciudad, pero no es eso lo que nos interesa ahora. Hay rumores de que el distrito de Ostánkino, cuyo nombre viene de la palabra “ostanki”, es decir, restos mortales, no recibió ese nombre en vano. Hace unos siglos este sitio se consideraba impuro porque en él había un cementerio de suicidas y brujas. Desde 1558, en estas tierras empezó a aparecer una vieja jorobada con un bastón en la mano. Se dice que se aparecía a los habitantes de la aldea Ostánkinskoye para anunciarles una muerte próxima.

Según la leyenda, incluso le predijo al emperador Pablo I que moriría antes de que llegara la primavera. La profecía se cumplió: el zar fue asesinado por los oficiales de la guardia la noche del 11 al 12 de marzo de 1801. La misma anciana le dijo a Alejandro II que moriría de manos de un “ateo”. Esto también se cumplió: el 1 de marzo de 1881 Alejandro II fue asesinado por un revolucionario. Se dice que la vieja adivina se aparecó a los habitantes de esta zona para anunciar el incendio de la torre de la televisión que tuvo lugar en el año 2000.

También tiene muy mala fama la casa de Beria, comisario general de seguridad del estado de la época de Stalin, que está al lado de la estación Barrikádnaya, en la calle Málaya Nikítskaya, 28/1. En la esquina de Málaya Nikítskaya con el callejón Vspolny habita un espectro poco usual que no se ve pero que se deja oír. Por la noche, con silencio absoluto, si uno escucha con atención podrá oír el ruido de un coche que se acerca. El ruido de su motor no se parece al de los coches modernos, sino que recuerda el ZIL soviético en el que viajaba Lavrenti Beria. La limusina frena al lado del portal, se oyen los pasos y la voz del pasajero que habla con su chófer. Hay quien dice que al lado de la casa se oyen los gemidos de los “enemigos del pueblo” que fueron torturados, pero esta afirmación seguramente sea debida a las sensibilidades que despierta el tema, ya que Beria nunca organizó interrogatorios ni torturas en su propia casa. Las voces que se podrían oír perfectamente serían de mujer, ya que por el piso de Beria pasaron muchas y, en algunos casos en contra de su voluntad.

Una mención especial se merece lo que les ocurren a los conductores de la carretera Liúbertsi - Lytkárino. Este tramo tiene muy mala fama, y no es por casualidad, ya que pasa por encima de un antiguo cementerio que data aproximadamente de los siglos X—XI.

Según una de las versiones, ante los coches que pasan por este tramo aparecen imágenes cargadas de energía de muertos, que en muchas ocasiones causan graves accidentes. De 1990 a 2002, en un kilómetro y medio del tramo aparecieron 9 coronas de flores que conmemoraban a los que se habían matado en esta carretera y que, debido a la gran cantidad de accidentes que tenían lugar allí, recibió el sobrenombre de “carretera de la muerte”. Aparte de esta “carretera de la muerte” hay otras, pero la que va de Liúbertsi a Lytkárino se considera la más peligrosa.

En Moscú y sus alrededores hay muchos sitios extraños y muchos fantasmas. Existen incluso visitas guiadas con guías expertos que se organizan para los aficionados a la caza de fantasmas. Pero es mejor no bromear con las fuerzas del más allá, ya que un viaje por uno de estos lugares puede acabar de una forma imprevisible. Así que la manera más segura de cazar fantasmas es en la literatura, en Internet y con buena imaginación.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.