El triunfo es de los jóvenes

Foto de Ria_Novosti

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Crear una marca de moda en la Rusia actual puede resultar una locura: hace falta ser un profesional adicto al trabajo, con capacidad para promocionarse a uno mismo, y contar con la ayuda de un artista visionario. Aún si esto se consigue, la mayoría de los diseñadores rusos no podrán vender con facilidad sus colecciones, menos todavía en su país de origen. Les será más fácil encontrar clientes en el extranjero que entre sus compatriotas. Además, hay otros obstáculos: la retirada del apoyo estatal y una total ausencia de infraestructura en la industria de la moda, que afecta tanto a la calidad de los tejidos como a la distribución. Como resultado de estas dificultades, las piezas acaban costando más de lo esperado. Sin poder vender más barato, y sin dinero para promocionar la marca, es difícil competir en el mercado.

A pesar de todo, en los últimos años han abierto en Moscú y su región varias decenas de tiendas especializadas en marcas rusas. Y algunos de los talentos locales más originales y jóvenes han causado revuelo en los medios y en las alfombras rojas, no sólo de Rusia.

Son cinco diseñadores que han generado admiración y atención, tanto en Rusia como en el extranjero: Alexander Térejov, Dmitri Lóguinov, Vika Gazínskaya, Max Chernitsov y Leonid Alekseev.

Las estrellas

En 2009, Style.com recomendaba el trabajo del joven moscovita Alexander Térejov. Personalidades como Angelina Jolie, Misha Barton y Dania Minogue han sido fotografiadas con sus vestidos. La marca está centrada, en la actualidad, en desarrollar su negocio dentro de Rusia y en los países de la CEI (Comunidad de Estados Independientes), con cuatro colecciones anuales. Térejov describe su trabajo y su filosofía como un “lujo democrático”. Un estilo para mujeres que aprecian la ropa femenina, elegante, sexy y, al mismo tiempo, simple.



Dmitri Lóginov ganó un concurso de jóvenes diseñadores en su ciudad de origen, Krasnoyarsk, y llegó a Moscú a principios de 2000. Luego, consiguió unas prácticas en L´Officiel Rusia. Aunque pasó un tiempo trabajando de estilista con un sueldo muy bajo, hace unos años logró debutar con su colección para hombres de la marca Arsenicum, y fue muy aplaudido por la confección de sus trajes. Godfrey Deeny, del Fashion Wire Daily , dijo de él que es “la nueva estrella de la moda rusa”. Este año, el diseñador presentó su primera colección de mujer en la Aurora Fashion Week de San Petersburgo: una fantasía clásica sobre el tema del vestido negro corto.

Vika Gazínskaya es conocida como estilista y fashionista . Sus fotos aparecen con frecuencia en los blogs durante las semanas de la moda. Y, si es cierto que en otros momentos el interés por su noción del estilismo desvió la atención de su propio trabajo como diseñadora, en las últimas dos temporadas ha demostrado que es una de las diseñadoras rusas más potentes. La colección de Gazínskaya apareció este verano en Collette durante la semana de la Alta Costura de París, lo que ayudó a generar interés por la moda rusa y atención mediática. Vika se considera adicta al trabajo, y la mayoría de sus prendas están hechas, a menos parcialmente, a mano. Sólo trabaja con los mejores tejidos y complementos e invierte mucho tiempo haciendo pruebas para encontrar la forma de que sienten bien. “No cuento con una gran inversión, así que crezco sólo a través de mi actitud positiva hacia el trabajo. Soy de la vieja escuela”, cuenta.

Alexander Terexov FW 2010-11 from DEPESHA on Vimeo.



Max Chernitsov es un rebelde, incluso entre los diseñadores. Intelectual (es doctor en filología por la Universidad de Magnitogorsk) y teórico de la moda rusa contemporánea, sus creaciones llevan escandalosas afirmaciones. Terroristas sexuales que se inmolan con falsos explosivos y motivos de cosmonautas son algunas de sus invenciones del año pasado. Esta temporada ha mezclado el corte tradicional prerrevolucionario con el soviético y el contemporáneo en un traje para hombre. Sus camisetas de estampados excéntricos se venden como rosquillas y los críticos locales le han puesto el apodo de “el gran bromista de la moda rusa”.

Pero no hay que olvidarse de la otra capital, con su peculiar y delicado estilo. El diseñador peterburgués Leonid Alekseev consiguió llevar su concepción de la femme fatale, fuerte a la vez que frágil y refinada, de San Petersburgo a la capital. Después de una temporada de éxitos, abandonó su pequeño showroom en San Petersburgo y se mudó a Londres, donde vive y trabaja en la actualidad. El año pasado fue nombrado diseñador del año por GQ Rusia.

Es sorprendente que, dadas las difíciles condiciones a las que se enfrenta la industria, algunos diseñadores hayan llegado a ser reconocidos. Quizás ese contexto difícil les ha convertido en unos profesionales más fuertes y preparados para competir.

Max Chernitsov

La fama de Max Chernitsov proviene de su colección HOMOCOSMODROMO, de 2005, compuesta por las cazadoras “Gagarin”, “Belka” y “Strelka”, y dedicada a los exploradores heroicos del Cosmos.

Entre los premios que ha recibido están el Smirnoff International Fashion Awards (2001) y el premio Astra al mejor diseñador de ropa masculina (2006). Su estilo ecléctico mezcla contextos históricos y culturales, y se inspira tanto en películas de Fellini como en graffities o motivos de pesca.

Alexander Térejov

Es uno de los diseñadores más jóvenes y de mayor éxito en Rusia. Su fama llegó con una colección de vestidos de mujer, que sorprendieron por su elegancia, sensualidad y simpleza.

Es uno de los pocos representantes de la industria de la moda rusa. Participa regularmente en la Semana de la Moda de Nueva York y sus ventas son buenas, no sólo en Moscú, sino también en otras regiones del país.

Las cadenas internacionales de ropa asequible toman la calle.

Zara, H&M o Top Shop llegaron a Rusia hace pocos años, cuando la mayoría de la gente sólo podía comprar en los mercadillos.
Phoebe Taplin, Nora FitzGerald, Rusia Hoy

La llegada de las cadenas internacionales de ropa (como Zara, TopShop o H&M) ha cambiado el estilo de la clase media moscovita, que es ahora más informal que en el pasado.

En una visita reciente al H&M de Vóikovskaya, en el centro comercial Metropolis, los dependientes estaban tan ocupados con los clientes que no podían ni detenerse a hablar. Sólo una, Sonya Rímova, logró levantar la mirada por unos instantes: “Es evidente que la moda se ha vuelto más informal y moderna. No sólo los jóvenes compran nuestra ropa ; lo hace gente de todas las edades”.



En las dos primeras décadas posteriores a la perestroika, las mujeres podían gastarse el sueldo de un mes en unas botas francesas o en un abrigo de Max Mara, viajar al exterior para ir de compras o resignarse y salir a la caza de gangas en los mugrientos pasillos del metro. Entre acordeonistas y abuelas que vendían calcetines en los vestíbulos, se podía encontrar tanto un mantel de Pascua como una bonita falda de ante. Imposible de predecir.

En la actualidad, hay inmensos centros comerciales en todas las ciudades de más de un millón de habitantes, pero sólo en los últimos años han empezado a llegar las cadenas con precios asequibles. Junto a los locales de Prada o de Armani, los clientes pueden ahora comprar en Zara o Miss Sixty.

Recuerdos del pasado

Vlada Lugóvkina, asistente de relaciones públicas de 26 años, se muestra aliviada de que la ciudad sea más informal y de que haya ropa más asequible en las tiendas. “Hemos sobrevivido al pasado, a nuestra herencia soviética, al uniforme del colegio y a la ropa formal que solíamos llevar: blusas o camisas blancas, faldas o pantalones negros”, explica. “La cultura occidental nos ha influido. Recuerdo mis primeros pantalones vaqueros, tenía siete años”, dice. La mayor parte de las niñas de su clase siguieron llevando falda hasta que visitaron Alemania con un programa de intercambio, en 1999. “Vimos tendencias nuevas e intentamos copiarlas. Íbamos a las tiendas donde nuestras amigas alemanas se compraban la ropa. En Moscú aún no existían”, dice Lugóvkina. “O eran muy caras o tenían un estilo muy raro. La mayoría de la gente compraba todo en los mercadillos. Yo me pasé mucho tiempo comprando ropa sólo cuando iba al extranjero”.

El diseñador estrella ruso Valentín Yudashkin creó su primera línea de pantalones vaqueros en 2006. Toda una novedad para un hombre cuya ropa es más adecuada para la Colección de Indumentaria del Museo Metropolitano (donde se exhibe) que para la mayoría de los cuerpos de mujer.

Ya hace unos años, los jóvenes diseñadores, como Denís Simachov y Max Cherni-
tsov, comenzaron a alejarse del patrón heredado, atreviéndose a diseñar piezas como unos monos estilo astronauta o collares elaborados con kopeks . Pero seguían siendo muy caros. La mayoría de los rusos no puede permitirse una camiseta que cueste 68 dólares (50 euros).



“Ahora, los jóvenes se conectan a Internet y ven la MTV, y no sólo saben lo que visten las estrellas, sino que pueden comprarlo,” señala Lugóvkina.

Además, las nuevas profesiones, como las vinculadas con la comunicación, permiten vestir ropa más informal. Hasta las normas de las empresas son más relajadas: los trajes y la corbata se reservan para las reuniones con clientes.

Alice Hodge, artista británica de 28 años, de visita en Moscú, tiene otra opinión: “Las mujeres van muy maquilladas, con peinados y bolsos impecables.

Todavía hay muchos más tacones que zapatillas. No se ve a nadie con aspecto informal, tal y como lo entendemos en Inglaterra: no se ven ni los estilos retro ni los peinados cardados que están de moda allí”, afirma. Algunas chicas visten vaqueros rasgados, pero los compraron así para ir a la moda. ¡Si se rasgaran de verdad, los tirarían!”, exclama.

Espectáculo por encima de todo

En los años 90, se celebraban en Moscú la Semana de la Alta Costura y la Semana del Prêt-à-Porter. La primera fue mutando de forma gradual en la Semana de la Moda Volvo , mientras que la segunda desapareció. En 2000, entró en escena el ambicioso proyecto de la Semana de la Moda Rusa (RFW, en sus siglas en inglés). Pronto empezó a competir con la Semana de la Alta Costura por atraer a los diseñadores famosos. Ambos eventos tienen más de espectáculo que de cita para profesionales. Hay pocos editores, compradores o estilistas, y muchos aspirantes al estrellato. Además, las ayudas económicas para participar no siempre cubren ni la cuota ni el coste de organización. Las dos se celebran durante este mes.

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