Altái: un espíritu viviente

Lugar sagrado de los Telengit. Foto de Phoebe Taplin.

Lugar sagrado de los Telengit. Foto de Phoebe Taplin.

El pintor Grigory Choros-Gurkin, que vivió en la remota zona selvática de Altái, en Rusia, escribió en un poema:

“Altái es más que montañas,
bosques, ríos y cascadas.
Es un espíritu viviente…
que contempla el Universo”.

Los lagos, bosques y desiertos de la República de Altái son un destino espectacular para los viajeros. Aquí, al borde de la frontera con Mongolia y Kazajistán, sobre unas praderas hermosas y llenas de flores, hay reliquias de las antiguas religiones chamanísticas y grabados prehistóricos en roca. También existe la posibilidad de practicar rafting, senderismo y montañismo, y dormir en las yurtas, tradicionales tiendas de campaña.

Un viaje nocturno en tren desde Novosibirsk, la vibrante capital de Siberia, os lleva a la dilapidada Bisk, con sus pocas casas de madera y la plateada cúpula de su iglesia, que fue construida por los mercaderes del siglo XIX. También hay varias construcciones de ladrillo ornamentado al estilo barroco siberiano. Una de ellas alberga el museo de la ciudad.

El camino que conduce hacia las lejanas montañas de la República de Altái se vuelve cada vez más pintoresco a medida que se atraviesan los bosques y valles del lugar. El extremo más accesible de la región tiene varios mercados de estación en los que se venden productos locales: miel con nueces, pepinos en escabeche, licores saborizados con frutos del bosque y mermelada de fresas salvajes. Los turistas locales llegan en grandes cantidades durante los fines de semana de verano para disfrutar del hermoso paisaje a orillas del amplio río Katun.

Este río (cuyo nombre significa “princesa” en el idioma local) recorre altos acantilados y bosques de pino flanqueados por aldeas y dachas (residencias de verano). Varias empresas ofrecen excursiones de rafting que duran desde dos horas hasta varios días. Los turistas reciben salvavidas, indumentaria impermeable y cascos para surcar las aguas bravas sorteando islas y rocas. La empresa “Altai Voyage” (teléfono: - +7 (913) 977 3322) organiza salidas de rafting y pesca, además de excursiones en coche o a caballo por algunos de los hermosos lagos de Altái.

Los amantes del vértigo también pueden ir a parques en los que podrán divertirse sobre las copas de los árboles, como “Extreme Park”. Cerca de la popular aldea de Chemal se puede sobrevolar la presa hidroeléctrica en teleférico o hacer bungee jumping y saltar al vacío desde los acantilados.También hay espacio para los peregrinos más espirituales,ya que es posible visitar la capilla isleña de San Juan, tras pasar por un puente desvencijado, o participar en los festivales new age que han surgido en torno a la religión local.

El camino de Chuisky, la carretera nacional de unos 600 km de extensión que conduce hacia la frontera con Mongolia, divide la república en dos y atraviesa una serie de paisajes cambiantes e imponentes. El punto de mayor altitud es el pase montañoso Seminsky, con una altura de 1600 metros. Tiene un círculo de piedra, un puñado de cafés y puestos que venden recuerdos y un centro deportivo. En la época medieval, lo atravesaron las hordas escitas y mongolas. Las colinas de los alrededores están cubiertas de unas increíbles flores silvestres: lupinos, heleborinas, lirios y aquilegias.

El próximo paso, largo y sinuoso, es conocido como “lengua de la suegra”. Aquí arriba, en lo alto de las colinas, la nieve no se derrite hasta entrada la primavera. Algunos años, incluso es posible esquiar a principios de mayo. A un costado de la carretera hay unas misteriosas figuras talladas, conocidas como “Kameny Baba”, o abuelos de piedra. Los petroglifos de venados y bisontes, rasgados en las rocas rojas de los matorrales aromáticos, han sobrevivido desde hace cientos de años.

Al sur de la carretera de Chuisky, las montañas nevadas se elevan por encima de polvorientas planicies atravesadas por ríos helados y torrentosos, y manadas de caballos al galope. Las colinas de este lugar y las propias montañas son ideales para las largas caminatas… y además la vista es deslumbrante. La empresa de turismo Sib-Alp tiene un nuevo campamento en la zona donde es posible hospedarse en una yurta. Sólo se puede llegar en jeep, y tiene banyas (típicos baños rusos) de fuentes frías y troncos de pinos. Las privaciones comunes de la vida al aire libre (retretes exteriores, insectos, temperaturas extremas) están compensadas por el increíble paisaje del lugar.

Ubicados a la sombra de la montaña Ak-Tru, no muy lejos del pueblo de Aktash, las planicies y valles del lugar, con sus vacas pastando , son uno de los paisajes más pintorescos de todo Altái. Los prados están llenos de flores: gencianas azules y galios y melilotos amarillos, vezas púrpuras, campanillas y reinas de los prados. La flora de Altái cuenta con casi mil especies, algunas de ellas en peligro de extinción. Es el paraíso de los naturalistas debido a que está cerca de una reserva de la biosféray alberga una gran cantidad de hábitats.

Más hacia el este, los valles lozanos dan paso a los pedregosos paisajes lunares, donde los árboles con los que uno se encuentra esporádicamente están cubiertos de trapos anudados a las ramas como ofrenda. Las ardillas de tierra corretean entre los las escasas muestras de hierba, y los parches de tanaceto y tomillo silvestre forman moquetas de aroma acre que crecen desordenadamente entre los arbustos adornados con cintas. Las cometas y las águilas ratoneras hacen círculos en el cielo. Kosh Agatch, el último pueblo antes de llegar a la frontera, tiene un aire de abandono. Su apodo “árboles de despedida”.

Los túmulos llamados “kurganes” y los montículos de piedrecillas parecen cada vez más escalofriantes en los parajes desérticos que se extienden hacia la frontera con Mongolia. Hace poco, la antigua tribu de los Telengit restauró su tradicional sitio religioso y así mantiene viva una fe que celebra la naturaleza que la rodea. Este lugar a cielo abierto, con un círculo de piedra y un altar, fue elegido porque hay tres montañas sagradas que dominan el horizonte. Slava Toktoshev, uno de los organizadores de la restauración, explica que el altar es “una mesa espiritualen él confluyen la naturaleza, los árboles, las montañas y la fuerza del mundo”.



Logística

Para llegar a este lugar tan remoto, hay que tener cierto grado de perseverancia. Quizá los viajeros puedan ir solos hasta las zonas más accesibles del norte, pero para llegar a los encantadores paisajes del corazón de esta región es necesario contar con transporte y pericia.

Sib Alp Tour Company lleva a los viajeros en jeep desde Novosibirsk. Unas vacaciones personalizadas para una familia de cuatro cuestan unos 3.200 dólares. (2.300 Euros).
Sib Alp Tour

Eco Tours organiza viajes en grupo entre 2 y 12 personas, con para períodos de 9 a 18 días. La especialidad de esta empresa son los tesoros naturales y culturales de la región.Para mayor información pueden visitar la siguiente página web,
Eco Tours.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.