Los estrambóticos proyectos de Luzhkov

El destituido alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, será recordado no sólo como un gobernador diligente, sino también como el autor de atrevidos proyectos que nunca llegaron a hacerse realidad. Hemos recogido las promesas e iniciativas más inverosímiles de Luzhkov.

“Para muchos soy como una espina en la garganta. O quizás, no en la garganta sino en el culo, lo cual es peor todavía porque pica constantemente”, de esta frase también es autor el destituido alcalde. Aparte de por sus grandilocuentes expresiones, Luzhkov es famoso por los proyectos quiméricos que se propuso realizar en Moscú a lo largo de los años.



Luzhkov en contra de la nieve, los carámbanos y el mal tiempo en general

En 2009, Luzhkov tuvo una idea brillante: si era posible dispersar las nubes sobre la ciudad durante la celebración del Día de Moscú, también se podrían evitar las nevadas fuertes haciendo que las nubes descargaran a las afueras de la ciudad. “No se rían”, decía el alcalde, “también sería muy beneficioso para las cosechas del campo”. Su idea era espolvorear las nubes portadoras de nieve con plata yodada y hielo seco desde aviones. El año pasado, las autoridades de Moscú preveían gastar 180 millones de rublos en dispersar las nubes portadoras de nieve, ahorrando así 300 millones de rublos en la recogida de la nieve de las calles de la ciudad. Pero entonces ocurrió un imprevisto: el invierno empezó inesperadamente pronto y los meteorólogos no pudieron prever la fecha de la primera nevada que paralizó por completo la ciudad. Al final, los meteorólogos incluso se vieron obligados a pedir perdón al alcalde.

Da la impresión de que, durante toda su actividad como alcalde de la capital rusa, Luzhkov ha estado luchando contra los fenómenos naturales. Ya en 2001 aseguró que en un futuro próximo los carámbanos acumulados en los tejados moscovitas serían cortados con un láser. La administración de la ciudad se gastó alrededor de 500.000 dólares en instalar “armas anticarámbano”, pero al final resultó que el láser tardaba una hora entera en cortar un solo carámbano. Después de aquello, el proyecto no se volvió a mencionar para no herir la sensibilidad del alcalde.

En 2004, Luzhkov decidió que era intolerable que los moscovitas y los turistas no pudiesen disfrutar de las preciosas vistas de Moscú por culpa del mal tiempo y propuso acristalar varias calles de la capital al oeste del centro. El proyecto fue abandonado por la sencilla razón de que no se encontraron inversores.

En 2005, el alcalde tuvo de repente la idea de que Arbat, la calle peatonal moscovita por excelencia, fuera engalanada con hierba fresca y árboles con hojas verdes en pleno invierno, para lo cual propuso calentar la calle con la ayuda de unas tuberías subterráneas con agua corriente. Este proyecto no salió adelante. Sin embargo, la idea de una calle con calefacción acabó llevándose a cabo en el invierno de 2005, cuando se empezó a calentar el paseo que bordea las murallas del Kremlin.

Combatir los atascos con dirigibles y garajes subterráneos

Los atascos constituyen uno de los principales problemas de Moscú del que se está culpando a Luzhkov. Entre otras cosas, el antiguo alcalde propuso varios proyectos para mejorar el tráfico en la ciudad.

Recientemente, a mediados de septiembre, Luzhkov propuso crear en la capital una “policía de aparcamientos”. Según la idea del alcalde, ésta se tendría que encargar de controlar que los conductores cumplieran con las normas de parada y estacionamiento. Sin embargo, los expertos afirman que hoy en día es totalmente imposible aparcar en Moscú cumpliendo la normativa.

En 2004, Luzhkov afirmó que los aparcamientos, “nos guste o no”, tendrían que estar bajo tierra, “y no sólo bajo tierra, sino también bajo el río”. Pasados dos años, el ayuntamiento de Moscú desarrolló una estrategia para la construcción de varios garajes subacuáticos. Se elaboró el proyecto del primer aparcamiento de este tipo con 800 plazas para turismos y 38 para autobuses. No es difícil adivinar por qué no se pudo seguir adelante: resultaba demasiado caro.

En 2002, el alcalde intentó resolver el problema de los atascos enfocándolo desde otra perspectiva, es decir, desde arriba. Al centro aeronáutico Avgur se le encargó construir 5 dirigibles con la ayuda de los cuales los inspectores de tráfico tenían que observar los atascos de la capital. La construcción de estos aparatos voladores le costó a la ciudad 2,5 millones de dólares. Los moscovitas vieron el primero de ellos en agosto de 2004, pero sólo pudo volar a la escasa altura de un metro. La única ocasión en la que se consiguió superar esta altura fue en la celebración del 860 aniversario de Moscú. Luzhkov tuvo que admitir que el proyecto había fracasado.

Al no haber sido posible resolver el problema desde el aire, se intentó hacerlo desde el agua. En 2006, el ayuntamiento propuso implantar tranvías y taxis acuáticos prometiendo introducir en tres años 20 tranvías fluviales que circularían por el río Moscova. En diciembre de 2006 el proyecto fue ampliado: ya se hablaba de 78 tranvías y de la necesidad de crear infraestructuras adicionales en la orilla. Sin embargo, los moscovitas nunca llegaron a ver el medio de transporte que se les había prometido.

Hace unos años Ronald Lipp, presidente de la empresa alemana Strassen Haus, propuso a la alcaldía una idea: construir autopistas elevadas en Moscú, llenando el espacio que quedara por debajo de ellas con naves industriales, oficinas baratas e incluso bloques de viviendas. Luzhkov aprobó el proyecto y anunció que la construcción del tramo piloto de la autopista elevada empezaría en 2007. Sólo podemos hacer conjeturas respecto a las causas por las que el proyecto de Lipp no se llegó a realizar.

Disneyland y Orange

En 2008, la esposa del alcalde, Yelena Batúrina, presentó el ambicioso proyecto Orange, del conocido arquitecto Norman Foster. Este complejo hotelero y ferial vanguardista tenía que sustituir en el malecón del Moscova al edificio de la Casa Central del Pintor que se proponía demoler. El proyecto base preveía la construcción de cinco edificios de cristal de 15 plantas cada uno y que estarían dispuestos formando ángulos entre sí. Gracias a su forma y a su color naranja, el edificio, según la idea de los autores, tenía que recordar a una naranja cortada en gajos. Cuando oscureciese, el edificio se iluminaría con una luz naranja. El director del museo estatal de arquitectura, David Sarkisián, comentó al respecto que “no se podía plantar una manzana gigantesca en una gran ciudad con mucha historia”, porque entonces “todo lo demás se convertiría en casetas de perro”.

Durante muchos años los moscovitas no perdieron la esperanza (o el miedo) de ver en la capital su propio Disneyland. Se empezó a hablar del tema ya en 1992, cuando el escultor Zurab Tsereteli ganó el concurso público para la construcción de un parque de atracciones para niños en la zona oeste de Moscú. Pero en vez del país de las maravillas, en el territorio asignado empezaron a surgir talleres de coches, gasolineras, mercados y vertederos de basura. Hace poco corrió el rumor de que Luzhkov había permitido que su mujer construyera en esta zona un club de golf.

Agua sin cloro, ríos de curso invertido y comida rápida y sana

En 2008, Luzhkov declaró que Moscú pasaría de la cloración del agua potable a su ozonización. En un principio, esto no tendría que ser motivo de preocupación, pero el caso es que el alcalde no había caído en que las tuberías de la ciudad estaban oxidadas, así que al pasar por ellas, el agua con ozono se convertía en algo peligroso para la salud. Hoy en día las instalaciones de ozono sólo funcionan en unas cuantas estaciones de depuración de agua.

Un día Luzhkov se propuso crear la red de restaurantes de comida rápida rusa Russkoye Bistró. Las primeras cafeterías de este tipo se abrieron en 1995, y los constructores se vieron obligados a asignar espacio para ellas. En la promoción del proyecto se invirtieron 15,6 millones de dólares. Más tarde se invirtieron unas cuantas decenas de millones más. Con el tiempo, el negocio iba cada vez peor. Al final, en 2001 se inició una acción por vía penal por malversar 1,3 millones de dólares del presupuesto de la capital.

A principios de 2002, el alcalde de Moscú se dirigió a Vladímir Putin con la propuesta de volver al proyecto de traslado del río siberiano Obi a la cuenca del mar de Aral, rechazado hacía 15 años. La idea no encontró apoyo, pero el alcalde no se dio por vencido: en 2008 publicó el libro El agua y el mundo en el que, entre otras cosas, hablaba del proyecto de inversión del curso de los ríos del norte hacia Asia Central.

Hablando de abejas

Últimamente, el nombre del alcalde moscovita estaba irremediablemente unido a las abejas, de las que, según los medios de comunicación, se preocupaba mucho más que de los mayores o los discapacitados. Parece que Luzhkov siempre tuvo una inclinación especial por las abejas. Por ejemplo, en 2003 propuso instalar, por primera vez, colmenas móviles en los parques. La primera de ellas, inaugurada en uno de los parques de la capital, se convirtió posteriormente en un Museo de la Miel. Más tarde estaba previsto poner en funcionamiento un “abejomóvil” pintado de negro y amarillo para popularizar la apicultura. En aquel entonces no se pudo conseguir financiación para el proyecto, pero este verano el alcalde de la capital se gastó decenas de millones de rublos para salvar a sus abejas que “estaban a disgusto” debido al calor anómalo.

Fundido en bronce

El alcalde ha sido destituido sin medallas ni diplomas de honor, pero ya está inmortalizado en estatuas de bronce. Al escultor Zurab Tsereteli incluso le ha dado tiempo a hacer un monumento a la mujer del alcalde, Yelena Batúrina, en traje de jinete. El propio alcalde cuenta con dos esculturas que le representan: en la primera, Luzhkov aparece con una raqueta de tenis y, en la segunda, con una escoba barriendo las calles de la capital rusa con un zapato roto por el que asoma un dedo del gobernador de la ciudad.



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