Doce reglas para transitar las carreteras rusas

Rusia es un país maravilloso, y visitarlo puede ser una experiencia encantadora. Pero, si vais a alquilar un coche para hacer turismo, debéis estar preparados: la experiencia de conducir en Rusia no tiene comparación.

Cómo superar el síndrome Susanin


Iván Susanin es un héroe nacional ruso. Se lo recuerda en todos los hogares por prometerle al enemigo que le revelaría cómo llegar a la residencia secreta del zar ruso y conducirle en cambio hacia un bosque oscuro y espeso del que nadie logró escapar. Hoy es habitual que los rusos digan, con sarcasmo, que los descendientes de Susanin son los actuales trabajadores de tráfico. En Moscú y en las autovías más importantes, se puede circular sin inconvenientes, pero las cosas se complicarán apenas cojáis alguna carretera rural. Las señales de tráfico en ruso escasean, y ni hablar de encontrar señales en alfabeto latino. La única forma de no perderse es tener un simple sistema de navegación GPS. A falta de un sistema de navegación, la única solución es usar un mapa detallado en español o pedir ayuda a los lugareños después de haber aprendido algunas frases en ruso.


La regla de las tres "D"


Según un comediante ruso, Rusia es el único país donde pueden golpearos por detrás mientras estáis conduciendo por la línea que separa el tráfico que va en direcciones opuestas. A los rusos les gustan los vehículos potentes y es común que quieran demostrar que el coche propio es superior al de los demás. Aunque conduzcáis a la velocidad máxima, no os sorprendáis si algún conductor temerario local enciende y apaga los faros desde más atrás, exigiendo que le dejéis pasar por la izquierda. Si no le obedecéis, os acosará hasta que deis el brazo a torcer. De más está decir que cambiar de carril y ser el primero en acelerar cuando el semáforo cambia a verde son los pasatiempos favoritos de muchos conductores rusos. Los conductores con más experiencia siguen la regla de las tres D, dai dorogu duraku, o “dad el derecho de paso a los gilipollas".

Aunque seáis unos ases al volante, no intentéis desafiar a los conductores que acaparan la carretera, porque ellos saben en qué lugar de la carretera están los controles de la policía de tráfico y disminuirán la velocidad a tiempo para evitar multas, mientras que vosotros seguro que seréis pillados por exceso de velocidad, os pondrán una multa y os suspenderán el carné.


Un problema rectifica otro


Como decía Nikolái Gógol, el gran novelista ruso, “Rusia tiene dos problemas: los atolondrados y las carreteras”. Los bromistas de nuestros días han extendido la frase: “Un problema rectifica otro”. En Rusia, el clima es cruel: el asfalto se derrite con el calor del verano y se hace trizas con el hielo y el impacto de los neumáticos con púas en el invierno. Los organismos rusos de tráfico todavía no han ideado la tecnología adecuada para lograr que el asfalto sea más resistente a las crudas condiciones climáticas del país. Y lo peor de todo es que es común que estos mismos organismos creen el caos en las carreteras al comenzar las obras de construcción vial en hora punta. En el verano de 2010, la organización de las obras para construir la carretera hacia el aeropuerto moscovita Sheremetyevo fue tan torpe que hasta los pilotos llegaban tarde a los vuelos. Si percibís el más mínimo indicio de que os aproximáis a una obra en construcción, debéis prepararos para un atasco o buscar un desvío.


Evitad las “campanillas de invierno”


Las campanillas de invierno, flores típicas de las zonas de Rusia con condiciones climáticas moderadas, son las primeras en florecer después del deshielo. Los automovilistas rusos usan ese nombre como un término peyorativo para referirse a los conductores que no usan sus coches en invierno por temor a las carreteras congeladas, al tráfico que se paraliza después de cada nevada y al daño que producen en el chasis los productos químicos para el deshielo que se esparcen generosamente en las carreteras. Si bien se han convertido en una especie en extinción en los últimos años, todavía hay una cantidad importante de “campanillas de invierno” que florecen con la primavera. Podéis llevaros una sorpresa desagradable con la inseguridad y precaución extrema de estos conductores.


Las reglas europeas para aparcar no son aplicables



Un problema que comparten todas las grandes ciudades es la falta de espacio para aparcar. Pero no os guiéis por la tradición europea de ganar espacio con un suave empujoncito al parachoques del otro coche, porque hasta el rasguño más pequeño puede ser causa de confrontación. El coche de un ruso es como el caballo de un soldado: lo mima, lo trata como a un ser animado, consiente todos sus caprichos y le agradece el buen trabajo. Además, hasta hace poco, el seguro no era obligatorio, y mucha gente no puede resistir la tentación de hacer que el infractor pague los daños físicos y morales.



¿Pagaríais por aparcar?


A pesar de todo, conducir en Rusia tiene su lado agradable. En general, en Moscú no se paga tarifa de aparcamiento y podréis dejar el coche aparcado en el bordillo de la acera durante bastante tiempo con excepción de algunas calles. Las excepciones también incluyen los aeropuertos, los aparcamientos de pago frente a los centros comerciales más exclusivos y en el borde de las algunas calles importantes, como Tverskaya, donde se incautan los coches aparcados con grúas de remolque. Pero no os sorprendáis si, en los pueblos más pequeños, un chaval se os acerca para cuidar vuestro coche a cambio de una pequeña suma. Si aceptáis la oferta, podréis tener claro que ningún gamberro estropeará vuestro coche mientras estéis disfrutando del lugar. Al regresar, estaréis encantados porque, además de que estará sano y salvo, lo encontraréis recién lavado.


No os dejarán sin ayuda


Si necesitáis ayuda o sufrís un accidente, tened por seguro que los demás conductores harán lo imposible por ayudaros y llegarán más rápido que la policía de tráfico y los servicios de emergencia. A pesar de todos los peligros y las dificultades de las carreteras rusas, los rusos siempre están dispuestos a ayudar y les gusta hacerse los héroes. Apenas ven un accidente, se acercan para preguntar si alguien necesita ayuda. Cualquiera que haya vivido un tiempo en Rusia y conduzca con frecuencia habrá visto a algún buen samaritano empujar un coche que no arrancaba por el frío gélido del invierno ruso, remolcar un coche averiado o ayudar a arrastrar algún coche que se había caído en la cuneta. Hay que estar listos para ir al rescate de gente en apuros, asegurarse de tener una cuerda de remolque y un botiquín de primeros auxilios en el maletero y guardar en el móvil los números de los servicios de emergencia. Antes de viajar, conviene buscar en Internet los números de los servicios de evacuación y de reparación de neumáticos.


La cofradía secreta de los motoristas rusos


A lo largo de los años, los conductores rusos han ideado un lenguaje de símbolos y gestos para advertir a sus congéneres acerca de la presencia de emboscadas policiales y demás problemas. Por ejemplo, si el coche que va en dirección contraria hace una señal con los faros, no es que quiera cambiarse a vuestro carril, sino que os está dando una señal de advertencia de que hay un policía de tráfico con un radar de velocidad camuflado detrás de los arbustos que están más adelante en el camino. Si el conductor que os rebasa os da un bocinazo y un pulgar hacia abajo, significa que tenéis problemas de neumáticos. Los conductores de camiones grandes dan las luces para indicar si es seguro que los coches que se arrastran con desazón detrás de ellos los rebasen.


“Si algo está prohibido pero lo queréis a toda costa, debéis hacer alguna locura”


Esta frase resume la actitud de los rusos hacia casi todas las reglas, incluidas las reglas de tráfico. Este modo de pensar cobra más relevancia por la noche, cuando casi todos los policías de tráfico duermen plácidamente. Si por la noche veis un coche que vira de un lado para girar en U frente a vuestro camino, la mente del conductor está en “modo noche”. Por la noche, tanto en las ciudades como en los alrededores, los conductores hacen cosas realmente inesperadas: cruzan al carril contrario, avanzan lento pero seguro con el semáforo en rojo, aparcan en lugares impensables, van en sentido contrario, etc. Por supuesto que todo esto va contra la ley, pero debéis estar preparados para reaccionar y mantener una suficiente distancia.


Peatones imprudentes


Aunque estéis aparcando en un patio y conduciendo alegremente por una avenida espaciosa, no os olvidéis de los peatones. Los peatones rusos son valientes y decididos... y la policía raramente los multa. La peligrosa escasez de pasos de cebra, combinada con una desenvoltura y una pereza innatas, hacen que la gente cruce la calle por el lugar más inesperado, tanto de día como de noche. Es común que se abran paso por detrás de un coche que intenta aparcar, o que se tomen su tiempo en caminos angostos. Debéis tener cuidado con los peatones y estar listos para que aparezcan de la nada cuando menos os lo esperáis.




No encontraréis muchos retretes en la jungla rusa


El escritor satírico ruso Mikhail Zadornov cuenta la historia de un autobús lleno de turistas alemanes que se detiene al costado de la carretera en el borde de un bosque y el conductor les dice a los turistas que pueden ir al cuarto de baño. Después de dos horas de deambular por el bosque, los alemanes, exhaustos, regresan y le dicen al conductor: “Pero aquí no hay ningún cuarto de baño...” No es un chiste ni de alemanes, ni de retretes: es la realidad de la infraestructura en las autovías rusas. Antes de emprender un largo viaje, debéis recordar que tendréis que acampar en el bosque. Lo mejor será que planifiquéis dónde serán las paradas y tengáis comida y bebida en el coche. En las carreteras rusas, los servicios, la comida, el alojamiento y las gasolineras son de paso. Si bien encontraréis indicios de infraestructura entre Moscú y San Petersburgo y en las carreteras hacia Kiev y Minsk, cuando uno se adentra en el interior de Rusia la situación empeora con cada kilómetro recorrido. También sería bueno que tengáis una manta de más, un bote de gasolina, una cuerda de remolque, un gato y un neumático de repuesto.


La mano derecha conduce hacia el este


En 2009, había más 2,2 millones de coches con el volante del lado derecho; un 84% de ellos estaban en el Extremo Oriente ruso, aunque allí el tráfico conduce por la derecha como en el resto del país. La razón es muy simple: en su mayoría, los coches que se venden en esa región provienen de Japón, donde se conduce por la izquierda. El gobierno se ha cansado de intentar solucionarlo y no ha habido manera. Al principio, la situación es desconcertante, pero, después de algunos pormenores, uno se acostumbra. Entonces, antes de hacer una maniobra arriesgada, debéis recordar que estáis conduciendo por la derecha junto con coches que tienen el volante en el lado derecho. ¡No bajéis la guardia!