Abjazia busca su identidad sin respaldo internacional

Fotos de Yuri Kozyrev

Fotos de Yuri Kozyrev

La influencia rusa en Abjazia no ha dejado de aumentar desde la guerra contra Georgia, en el verano de 2008.

Desde el Monasterio de Novy Afón se aprecian las lanchas patrulleras militares de alta velocidad que vigilan la costa del Mar Negro de Abjazia, un enclave montañoso cuya naturaleza salvaje y subtropical, así como sus playas paradisíacas, han atraído a varios imperios, desde los romanos a los soviéticos. Hoy en día sigue siendo un territorio en disputa.

Al finalizar la guerra entre Rusia y Georgia, en agosto de 2008, y con el reconocimiento de la independencia de la república secesionista por parte de Moscú, muchos abjazos respiraron tranquilos. Poco pareció importarles, en ese momento, que sólo tres países siguieran el ejemplo de Moscú (Nicaragua, Venezuela y la pequeña isla de Nauru, en el Pacífico). Ni la Unión Europea ni Estados Unidos reconocen la independencia de Abjazia, que consideran territorio georgiano.

Dos años después, la presencia militar y comercial rusa en Abjazia es apabullante. Miles de soldados y funcionarios del Servicio Federal de Seguridad ocupan las casas recién pintadas de la base de Gudaúta. Moscú ha desplegado su moderno sistema de defensa antiaérea, con misiles S-300, en otra base en la región de Gali.

Con todo, son muchos los abjazos que, al menos por ahora, consideran que la benevolencia y la protección rusa son bienvenidas. “Solían decir que éramos un agujero negro y ahora nos abrazan los mayores inversores y las figuras más destacadas de Rusia,” señala Astamur Ketsba, máxima autoridad de la administración regional de Gagra.

Países que bordean el Mar Negro



Abjazia se autoproclamó independiente de Georgia tras una guerra sangrienta (1992-1993), tras la cual entró en un período de aislamiento y deterioro. La nieve y la lluvia penetraban en los tejados de los elegantes palacios del siglo XIX; el musgo florecía en las estatuas de mármol cercanas a la orilla del mar de Gagra.

El presidente ruso Dmitri Medvédev, y el primer ministro, Vladímir Putin, han prometido inyectar miles de millones de euros para estimular la economía abjaza y construir infraestructuras. Y el presidente abjazo, Serguéi Bagapsh, declaró en una reciente entrevista que el gobierno planea privatizar a partir del verano una serie de inmuebles y ofrecerlos a la inversión rusa.

Sin embargo, no todos los abjazos están deslumbrados por las inversiones y la creciente presencia rusa en la región. Algunos se lamentan de que el país se convierta en un satélite de Moscú.

El ministro de Defensa, el general Mirab Kishmaria, recuerda que él y otros oficiales derramaron su sangre para lograr la independencia. “Los diputados rusos nunca verán el día, por mucho que lo intenten, en que Abjazia se deshaga de su propio ejército independiente”, añade, aunque afirma que acoge con satisfacción el equipo militar que ha recibido de Rusia y la creciente presencia militar del país vecino.

La llegada de tantas tropas y personal ruso ha provocado cierta tensión. Durante muchos años, el coronel Lavrenti Mikvabia patrulló la frontera con Georgia en Gali. Pero con la llegada del FSB (ex KGB), algunos guardias fronterizos abjazos han sido despedidos. Según Mikvabia, sus oficiales están resentidos y temerosos. Los rusos les han dicho que pronto la frontera no será controlada por abjazos, sino por soldados rusos.

“Están cometiendo un enorme error, una imprudencia, echando a los militares abjazos de nuestra propia frontera”, dice Mikvabia, indignado. “Esto demuestra que no nos respetan. Esta es mi casa, y la puedo defender mejor que cualquier soldado ruso“.

El presidente de Georgia, Mijaíl Saakashvili, ha ordenado que se conserven los registros de la propiedad de los bienes georgianos vendidos en Abjazia a los rusos. La población georgiana en Abjazia era mayoritaria al desintegrarse la URSS. “Quiero decirle a algunos rusos imprudentes”, dijo Saakashvili, “que están comprando ilegalmente propiedades en Abjazia, territorio georgiano ocupado de forma ilegal”. El ministro de Reintegración étnica, Timuri Yakobashvili, indicó a Rusia Hoy que hay 500.000 georgianos desplazados por la guerra de 1993 y que algún día pueden reivindicar sus bienes.

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