Los infinitos caminos de la traducción literaria

Ekaterina Guénieva, foto de Vasili Shaposhnikov_Kommersant.

Ekaterina Guénieva, foto de Vasili Shaposhnikov_Kommersant.

El primer Congreso Internacional de Traductores de Moscú, que se celebrará del 2 al 4 de noviembre, contará con la participación de profesionales de 25 países, entre ellos Estados Unidos, Italia, Francia, Reino Unido, Portugal, Brasil y Japón.

La directora de la Biblioteca Estatal de Literatura Extranjera, Ekaterina Guénieva, organizadora del encuentro, ha querido reunir a los responsables de traducir a los grandes nombres de la literatura rusa y extranjera.

Escritores rusos contemporáneos de la talla de Lyudmila Ulítskaya, Tatiana Tolstaya y Evgueni Popov leerán sus propios textos, que serán cotejados con la lectura de las distintas traducciones que se han hecho de ellos.
Las mesas redondas tratarán temas como la posibilidad real de traducir literatura, la enseñanza de la traducción y los problemas de traducción inherentes a la literatura rusa.

“Debería existir un sistema de formación de eslavistas que les permita elegir, leer, traducir y presentar nuevas obras”, opina la directora de la Biblioteca. “Tenemos que alentar a estos jóvenes autores”, asegura. “Gracias a una maravillosa iniciativa de colaboración con la Tate Gallery de Londres, por ejemplo, el Instituto de Pushkin exhibió nuevas traducciones de William Blake al ruso comparándolas con las clásicas de Samuil Marshak, y los resultados fueron todavía mejores”. Arlete Cavaliere, un traductor brasileño, señala que “el problema de la traducción es infinito, porque la labor principal consiste en recrear, en el idioma al que traducimos, los procedimientos artísticos que hicieron del autor un clásico, y cuanto más se estudian el texto y el autor, más consciente se es de los nuevos matices.

El sentimiento de las posibilidades inagotables de la traducción es común. “La escritora rusa Lyudmila Ulítskaya asegura que el traductor es una persona que sabe más de ti que tu propio marido o tu hermano. Es cierto”, apunta Guénieva.