La tragedia bajo las llamas

Los más de 26.000 incendios que arrasaron Rusia dejan más de 50 muertos y dos millones de hectáreas quemadas.

A medida que los incendios que han arrasado Rusia este verano comienzan a remitir, y con ellos el humo asfixiante que envuelve la ciudad de Moscú, llega el momento de evaluar los costes sanitarios, financieros y ambientales, así como el daño político que han sufrido las autoridades, desde el Kremlin hasta el ayuntamiento más pequeño.

La ola de calor, que llegó a superar los 37,7 grados, una temperatura inédita en los 130 años de registros, desencadenó más de 26.000 incendios. El fuego llegó a los alrededores de Moscú, donde se incendiaron los yacimientos de turba, provocando la densa nube de humo que envolvió la capital del país.

Según la oficina del registro civil de esa ciudad, más de 50 personas fallecieron consumidas por las llamas, y la tasa de mortalidad de la capital se duplicó en el mes de julio. En uno de los depósitos de cadáveres de la región de Moscú, los cuerpos se apilaban en vertical por falta de espacio, según comprobó un corresponsal de Nezavísimaya Gazeta . Las patrullas de emergencia y las ambulancias tuvieron serias dificultades para acceder a los numerosos cuerpos que yacían en los apartamentos, la mayoría carentes de aire acondicionado.

Los incendios han destruido dos millones de hectáreas de tierras y bosques, incluyendo un tercio de los cultivos de trigo del país. Miles de personas se han quedado sin techo y algunos agricultores, que hasta hace poco se encontraban entre los empresarios más prósperos de Rusia, están al borde de la quiebra.

En las zonas del oeste y del sur de la capital, los habitantes que no huyeron salían a las calles envueltos en un aire fantasmal y con mascarillas quirúrgicas. “Teníamos la sensación de estar en una película de terror, imaginando que cuando se despejara el humo todo el mundo habría muerto”, explicó Anastasía Shishkova, estudiante de secundaria.

A falta de aire acondicionado, los moscovitas recurrieron a la ducha para aliviar el calor, lo que aumentó el consumo de agua, que pasó de 280.000 metros cúbicos diarios a 400.000.

La respuesta de las autoridades fue lenta y, cuando por fin actuaron, se encontraron con una población enfurecida. Internet ardía con comentarios coléricos, y tanto el primer ministro Putin como el presidente Medvédev, se apresuraron a intentar detener el deterioro de su imagen pública.

Putin visitó las regiones arrasadas y prometió generosas indemnizaciones. Apareció en televisión en un avión contraincendios sobrevolando un bosque en llamas. Y ordenó instalar cámaras para poder ver desde su oficina los trabajos de reconstrucción de las viviendas. Medvédev tuvo que volver de sus vacaciones en Sochi y, tras censurar la actitud indolente o corrupta de algunos funcionarios, prometió hacer balance.


Sin embargo, los incendios han planteado cuestiones fundamentales sobre la capacidad de reacción ante situaciones de crisis que no sean de índole militar y que puedan amenazar la seguridad de los ciudadanos, como señaló Nikolai Zlobin en Rossíyskaia Gazeta . Los incendios han revelado la debilidad de las estructuras de gobierno a todos los niveles frente a casos de emergencia nacional. “Cuando estas amenazas se agravan inesperadamente, el Estado y los ciudadanos pasan a ser vulnerables y quedan indefensos, y la situación amenaza con volverse incontrolable, difícil de manejar y desestabilizadora”, describió Zlobin, que añadió que “la difícil experiencia debería servir de lección para el futuro”.

Una Ley Forestal de 2007 eliminó los servicios de 70.000 guardabosques, la primera línea de defensa nacional en caso de incendios. Además, Rusia sólo dispone de 22.000 aviones contraincendios, en comparación con los 27.000 de Alemania, y tampoco hay tradición de capacitación de bomberos voluntarios, como en EE UU. En algunos casos, los habitantes de los pueblos tuvieron que luchar contra el fuego con sus propios medios: picos y palas para construir débiles cortafuegos. Los equipos de los bomberos estaban muy deteriorados. Desde el exterior (Bielorrusia, Italia, otros países europeos y Estados Unidos) llegó ayuda en forma de equipos contraincendios, tanques de agua e indumentaria.

Las autoridades se plantean ahora volver a llenar los pantanos. Por su parte, los científicos alertan de que es muy posible que este verano largo y caluroso se repita. “Los riesgos antropogénicos son cada vez mayores y es nuestro deber saber protegernos,” señaló Alexander Guinsburg, subdirector del Instituto de Física de la Atmósfera de Moscú. “El clima es cada vez más cálido, lo que aumenta la inestabilidad extrema”, concluyó.

En algunos casos, los habitantes de los pueblos lucharon contra el fuego con picos y palas.

BOMBEROS ITALIANOS ENVIADOS A RUSIA
“Nunca habíamos visto algo parecido”

“Nunca hemos visto incendios tan extensos”, afirman Antonio Urbano y Fabio Carnicchia, dos de los 11 pilotos de la Protección Civil italiana enviados a Rusia para colaborar en las labores de extinción.

“Todos los días hacíamos tres vuelos de tres horas cada uno”, dice Urbano.



“Hemos tenido suerte, porque en la zona donde trabajábamos había muchísimos recursos hídricos: el río Volga y sus afluentes”, explica el comandante Carnicchia, coordinador de la operación de socorro. “Se trataba de miles de kilómetros cuadrados. Al ver una extensión así, uno a veces se siente impotente”, comenta Urbano. Carnicchia está de acuerdo: “Soy el coordinador de operaciones contra incendios de la Protección Civil italiana. He visto todo tipo de incendios en Italia, pero nunca los he visto tan grandes: es posible que las llamas cubrieran una superficie mayor que la de todo mi país”.

(Testimonios recogidos por A. Ovchínnikova y S. Zini)