La diplomacia del ballet

Celebración del Día de Rusiaen el centro cultural de Beirut, el año pasado

Celebración del Día de Rusiaen el centro cultural de Beirut, el año pasado

Rusia se propone recuperar su peso político en Oriente Próximo, pero no a través de las armas, sino con centros de promoción de su cultura.

Una noche cálida, bajo un húmedo aire mediterráneo, lujosos 4x4 disminuyen la velocidad para estacionar sobre el pavimento de una transitada calle bordeada de lilas y buganvillas. “ ¡Bystree! ” [¡Apúrate!”], grita una niña a su padre. “ Ya seichas [Ya voy]”, responde él con un fuerte acento de Oriente Próximo. Corren hacia un edificio de cinco pisos y entran en el teatro del subsuelo. Aquí, lejos de las ruidosas obras en construcción de una Beirut en plena expansión, la actuación del ballet folklórico ruso parece casi surrealista.
En sus 60 años de historia, el Centro Cultural y Científico ruso de Beirut ha sabido transformarse de escuela de ruso y de ballet durante el día en centro de diversión por las noches; o, cuando la guerra golpea a este pequeño país, en refugio antibombas para los rusos de Beirut.

Para fortalecer el poder menguante de Rusia en el mundo y promocionar el idioma y la cultura rusa, el presidente Medvédev fundó hace dos años la agencia Rossotrudnichestvo (Colaboración Rusa). Este año, el estado ha invertido cerca de 415 millones de euros en diferentes programas humanitarios y en los salarios de los empleados que trabajan en los 72 centros culturales rusos de todo el mundo.

Según la opinión del subdirector de la agencia, Mikhail Kozhokhin, Oriente Próximo es una región geopolítica prioritaria para promover la influencia de Rusia. “La región ha estado tradicionalmente en la esfera de los intereses rusos. Hay muchas personas en Palestina, Líbano, Jordania y Siria que recibieron su educación superior en la Unión Soviética y ahora ocupan cargos en gobiernos, en empresas y en la comunidad científica. Al igual que los expatriados rusos, también esperan que mejore nuestra presencia en la región”, abunda Kozhokhin.

Escepticismo

El centro de Damasco cuenta con 500 estudiantes. En Tel Aviv se organizan concursos de escritura y poesía para los jóvenes de la numerosa diáspora de habla rusa.El año pasado, la agencia abrió un nuevo centro en Amán (Jordania).
Yekatherina Sokirianskaya, de la organización por los derechos humanos Memorial, opina que esa inversión debería dedicarse a las repúblicas que se encuentran dentro de la Federación. “No he visto ningún palacio de la cultura en Grozny o Nazran. Los niños de Chechenia e Ingushetia no ven artistas rusos que hagan ballet u ópera. Piensan que todos los hombres rusos usan uniformes y patrullan sus calles”, dice.

La comunidad integrada por unos 10.000 rusos y otros 10.000 libaneses formados en universidades soviéticas en los años ochenta y noventa del siglo pasado aguarda ansiosa, sin embargo, que Moscú cumpla las promesas de ayudar a resolver el principal problema que tienen en Líbano: la seguridad.
En los últimos 10 años en Beirut, la profesora de ruso Marina Yermilova-Sarieddine ha sido testigo de numerosos bombardeos sobre la ciudad. En 2006, fue una de los miles de mujeres y niños evacuados del Líbano a Rusia.
“Deseamos que Medvédev pueda actuar como pacificador. La posibilidad de que mañana caigan sobre nosotros bombas israelíes resulta angustiosa”, explica desde su aula en Beirut.




Rusia sigue cumpliendo con su papel de proveedor de armas e ingeniería industrial a los países árabes. El presidente libanés, Michel Suleiman, se reunió con Medvédev en febrero pasado– la primera visita a Moscú de un líder libanés – para firmar convenios militares y empresariales. En esa reunión, Medvédev dijo que los problemas de seguridad global y regional eran “el tema más candente” en las negociaciones entre rusos y libaneses.
“Es evidente que la mediación de Rusia en Oriente Próximo no pasa por el ballet”, opina Kozhokhin, “pero es un punto de partida para restablecer la influencia rusa en la región”.