Belyj: reformando desde dentro

A pesar de que sólo hay pequeñasmuestras de lo contrario, Nikita Belyj no es la única persona que desea que Rusia sea gobernada por líderes que se sienten responsables ante los ciudadanos

A pesar de que sólo hay pequeñasmuestras de lo contrario, Nikita Belyj no es la única persona que desea que Rusia sea gobernada por líderes que se sienten responsables ante los ciudadanos

Nikita Belyj es una rara avis entre los gobernadores rusos: nombrado por Medvédev, su primera decisión fue vender el Lexus oficial y reunirse cara a cara con sus electores.

Es sábado, día en que los estudiantes limpian la calle como servicio a la comunidad, y el gobernador de Kírov, Nikita Belyj, manos a la obra como todos los demás, está radiante de felicidad. Los jóvenes que le rodean se detienen a veces para observar a este hombre extraño e inquieto, la antítesis del hombre de aparato de las provincias. Con su gorra de béisbol de los Yankees y vaqueros gastados, podría pasar por Michael Moore, más bajo de estatura, eso sí.

Belyj, de 34 años, es de hecho un personaje poco común. De la noche a la mañana ha pasado de líder de la oposición detenido por la policía a verse alzado por el Kremlin para convertirse en parte de una autoridad a la cual estuvo enfrentado. Hace sólo un año, los habitantes de Kírov leían noticias sobre la detención de Belyj por llevar a cabo protestas contra el Kremlin en el Hermitage, San Petersburgo. Y ahora es su gobernador y les está diciendo que tienen la oportunidad de transformar su deprimida región en un lugar ejemplar, no sólo desde el punto de vista de la recuperación económica, sino también de los valores liberales y democráticos de Rusia.

"No voy a ordenar los cambios, como algunos esperan", afirma el gobernador. "Intento estimular iniciativas locales para que la gente cambie las cosas independientemente de mí". A Belyj no parece pesarle lo que muchos definen como un arma de doble filo. Al contrario, los residentes ven muestras de progreso en que un gobierno abierto pueda acabar con el amiguismo y el pesimismo.

El otoño pasado, Belyj dejó su puesto como líder del partido de la oposición Unión de Fuerzas de Derecha (SPS), lo cual supuso una gran decepción para los miembros de su partido y la oposición democrática de Rusia. Belyj declaró que el partido estaba en una situación comprometida: en esencia formaba parte de un bloque a favor del Kremlin, y provocar más enfrentamientos con el sistema sería sólo una pose. Decidió entonces cambiar las cosas desde dentro.

"Por primera vez en mi vida, estoy del mismo lado que el Kremlin", afirmó Belyj en una entrevista. "Es nuestra oportunidad de restaurar algunos valores democráticos para liberalizar la Rusia moderna. No hay tiempo que perder".

A través de amigos íntimos, burócratas del estado, hizo llegar al Kremlin el mensaje de que le gustaría obtener un trabajo nuevo, probablemente en una de las regiones.

El presidente Medvédev se arriesgó con el outsider. El pasado diciembre, nombró a Belyj gobernador de Kírov, una región sumida en una gran depresión, a unos 800 kilómetros al noroeste de Moscú. Belyj tiene una vasta tarea por delante.

La región, con 1,5 millones de habitantes, no tiene gas ni petróleo, el estado de sus carreteras es pésimo, sufre un desempleo crónico y hay pocas esperanzas para una población menguante. Los jóvenes intentan marcharse en cuanto terminan el instituto. El año pasado, 15.000 profesionales se marcharon de Kírov en busca de mejores trabajos.

María Gaidar tiene 27 años y es hija de un ex primer ministro ruso y antiguo activista de la oposición. Se la conoce porque se colgó de un puente de Moscú con una pancarta en la que se leía: "¡Devolvernos los votos, sinvergüenzas!". Ahora es subdirectora de asuntos sociales y de salud del equipo de Belyj. Según Gaidar, la palabra "innovación" sonaba extraña en una región en la que el hambre sigue siendo un problema y la tasa de mortalidad supera con creces la tasa de natalidad.

No estaba muy claro por dónde había que empezar. Belyj comenzó haciendo lo que mejor sabía hacer: ser transparente. "En el mensaje del presidente Medvédev 'Adelante, Rusia', nos pidió que lucháramos contra la corrupción, modernizáramos la tecnología y acabáramos con el paternalismo del estado. Yo no soy el presidente, no puedo reformar las autoridades judiciales", afirma Belyj. "Lo que sí puedo hacer es transformar la sociedad desde abajo. La gente siempre espera una orden del estado, pero deberían empezar a reclamarnos cosas y a controlarnos a nosotros, los burócratas".

Desde su llegada al poder, Belyj ha revertido una práctica de años en Kírov y en toda Rusia: ha permitido las protestas en la calle. Las comunidades nombran representantes para los organismos públicos. Los medios de comunicación locales pueden criticar al gobernador. Además, organiza reuniones semanales con varios grupos de interés de Kírov, como ONGs y sindicatos, para estimular el intercambio libre de ideas.

Para atraer empresas de otras regiones, ha luchado en los tribunales contra los monopolios, y ha prometido a los inversores una región sin corrupción. Para contribuir al presupuesto estatal, vendió su coche oficial, un Lexus, en una subasta, y ahora conduce su viejo Land Rover o viaja en los autobuses públicos. Y para estar en contacto con los habitantes, ha añadido a miles de amigos locales a su red social rusa. Ha recuperado una tradición soviética, en virtud de la cual los dirigentes locales limpian las calles con sus electores.

Como antiguo dirigente político, tiene amigos en todas las esferas, incluidos oligarcas. Belyj los llama para que vayan a ayudarle a transformar Kírov.

"Corro la voz de que Kírov se está convirtiendo en una zona liberal ejemplar, política y económicamente transparente. Venid e invertid vuestro dinero, pagad vuestros impuestos aquí, y os enseñaré personalmente todas las vallas o casas que se construyen con vuestro dinero", comenta.

A finales de la primavera, Belyj invitó al presidente Medvédev a que visitara Kírov. "No había muchas posibilidades de que el presidente viajara a un lugar tan poco interesante desde el punto de vista estratégico", recuerda Belyj. Pero Medvédev acudió a ver el trabajo de su protegido. La región se está convirtiendo en una prueba de fuego para el propio éxito de la modernización de Rusia emprendida por Medvédev. El día de su visita, el presidente prometió al gobernador de Kírov apoyo para solucionar los problemas económicos y sociales más difíciles a los que se enfrenta Belyj.

Cada noche, vuelve a una casa vacía (su mujer y sus tres hijos se quedaron en Moscú, "al menos durante esta primera etapa"). El gobernador escribe sobre las noticias del día en su blog personal de livejournal.com. También presenta un programa semanal en la emisora Eco de Moscú, una especie de reality de radio sobre las reformas, llamado "El diario del gobernador". En la actualidad, ya son visibles algunos de los cambios positivos que se han llevado a cabo, y Belyj está atrayendo la contribución de algunos de los magnates del país.

Alexander Lébedev, multimillonario y copropietario de Aeroflot, fue a Kírov para cerrar algunos tratos. Lébedev, viejo amigo de Belyj, construirá edificios de dos y tres plantas, mientras que Gazprom ha acordado la creación de tuberías para llevar el gas natural a pueblos y aldeas. El año que viene, Gazprom invertirá 1.500 millones de dólares en las tuberías de gas de la región y construirá una piscina, algo que Kírov nunca había tenido. Se están construyendo carreteras en múltiples localidades del área de Kírov, donde antes sólo existían caminos enfangados para tractores.

El mayor orgullo del gobernador es su programa especial de transferencia de impuestos a las autoridades municipales.

"Intentamos que la gente controle en qué gastan las autoridades cada kopek de los impuestos que salen de su bolsillo", afirma Belyj. De los 360 distritos de la región, 90 han votado a favor del sistema fiscal local. Belyj cree que esta nueva tendencia hará que las autoridades municipales sean más independientes, ya que tendrán más control sobre sus propios impuestos. Belyj espera que se estimule el desarrollo de pequeñas y medianas empresas.

"Por desgracia, aún hay muchos burócratas sentados en sus sillones sin hacer nada, esperando que yo les dé la orden. Yo no soy Pedro el Grande para obligar a los boyardos a que se afeiten la barba. Han pasado 300 años y la mentalidad sigue siendo la misma", afirma Belyj. Hay momentos difíciles en los que dice pensar que métodos dictatoriales serían más eficaces. "Pero la mayoría del tiempo estoy satisfecho. Somos una nueva generación de políticos. Es nuestro momento y nada nos detendrá".