Las nuevas relaciones y las viejas mañas

Los presidentes, Barack Obama y Dmitri Medvédev, noquieren resignar las buenas relaciones por un escándalo.

Los presidentes, Barack Obama y Dmitri Medvédev, noquieren resignar las buenas relaciones por un escándalo.

El presidente Medvédev viajó a EE.UU. para cimentar las relaciones con Was hi ngton, pero terminó con el mayor escándalo de espionaje de la úl tima década.

El presidente Medvédev viajó a EE.UU. con el intento más ambicioso del Kremlin para transformar la economía rusa pero, apenas dos días después de partir, la CIA arremetió contra diez rusos no registrados como agentes extranjeros.

El escándalo de espionaje ocupó los titulares de todo el mundo cuando los diez se declararon culpables. Tanto la Casa Blanca como el Kremlin trataron de minimizar el asunto y acordaron un rápido intercambio, el primero desde 1986, cuando Nicholas Daniloff, corresponsal de U.S. News and World Report, fue canjeado por Gennady Zakhárov, físico soviético, destacado en la ONU.


El escándalo de los espías se produjo en un momento incómodo para el presidente Medvédev y su par estadounidense, Barack Obama, que se esforzaban por llevar las relaciones entre Estados Unidos y Rusia a un plano más pragmático.

Medvédev y Obama firmaron una serie de acuerdos sobre seguridad, comercio y cooperación intergubernamental pero lo más importante para Rusia fue que Obama brindó su apoyo a la campaña de 17 años de Rusia para ingresar a la Organización Mundial del Comercio.

Desde que asumió su cargo, Medvédev inició una revolución silenciosa para llevar a Rusia al siglo XXI y resolver los arraigados problemas de la corrupción y la burocracia oficial. También les ha abierto las puertas a los inversores extranjeros y en particular está tratando de atraer más inversiones a los sectores rusos de alta tecnología.

Antes de viajar, el presidente ruso pronunció un discurso en el Foro Económico anual del Kremlin en San Petersburgo el 18 de junio, en el cual vapuleó el papel autoritario del Estado en la economía.

“La gente en general piensa que quien cosecha manzanas tiene el trabajo principal, pero, en verdad, indispensable es el trabajo de aquel que planta el manzano”, sostuvo. “El Estado no siempre debería cosechar manzanas por su cuenta. En una economía libre, siempre habrá personas que lo harán mejor y en menos tiempo”, declaró Medvédev.

La nueva imagen de Rusia ya está dando dividendos: Cisco Systems, empresa estadounidense que es líder en el desarrollo de redes, prometió invertir más de mil millones de dólares en el parque tecnológico de Skólkovo en las afueras de Moscú, versión rusa de Silicon Valley.

“Puedo confirmar que nuestra empresa se encuentra en tratativas respecto del proyecto Skólkovo”, declaró Alexander Palladin, portavoz de Cisco Systems Rusia. “Los detalles se están discutiendo en este momento en nuestras oficinas centrales de los EE.UU. y aún no nos han informado la decisión”.

El viaje a los Estados Unidos también ha sido crucial en la reconstrucción de la imagen de Rusia en el escenario mundial, y se ha encontrado con una cálida bienvenida en Washington. El presidente Barack Obama también se inclina por presionar el botón de “reinicio” en la relación.

Tanto EE.UU. como Rusia han abandonado su diplomacia bélica y han cambiado el foco de sus intenciones para permitir que la economía determine la agenda, lo cual se ha puesto de manifiesto en la decisión del presidente ruso de iniciar su visita a EE.UU. con una estadía de varios días en California, donde creó una cuenta de Twitter y recibió un iPhone 4G por parte del director General de Apple, Steve Jobs.

Sin embargo, la detención de los diez espías complicó los avances logrados y llevó a algunos comentaristas a sugerir que el conflicto había sido pergeñado por sectores de Washington que buscan obstaculizar los esfuerzos de Obama para acercarse a Rusia.

Ambos gobiernos evidentemente querían dejar atrás el asunto tan rápido como fuera posible. En cuestión de días, Medvédev había indultado a cuatro espías estadounidenses detenidos en cárceles rusas –Alexander Zaporozhsky, Gennady Vasilenko, Sergei Skripal e Igor Sutyagin– y velozmente se acordó intercambiar espías y de ese modo poner fin al bombardeo de los medios.

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