Los espías y los medios que los aman

Esta semana no se ha hablado más que del escándalo de espionaje que tiene algo de irreal y en el que los periodistas obtuvieron la mayor parte de la información de Facebook y su equivalente ruso, Odnoklassniki (“compañeros de clase”).

El centro es Anna Chapman, de 28 años, a la que enseguida los periodistas occidentales llamaron una “mujer fatal de cabellera de fuego”, por más que su color de pelo fluctúa en las fotografías. La pobre Anna no tuvo tiempo de cerrar el acceso a su cuenta de Odnoklassniki y así quedó expuesto su dudoso sentido de la moda, posando en jeans con apliques y con un vestido de leopardo.

Komsomolskaya Pravda, un diario ruso, calificó a Chapman de “nueva Mata Hari”. Anna estudió en la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos, famosa por producir figuras tan poco amistosas como la del terrorista de los 70 Ilich Ramírez Sánchez, alias "Carlos, el Chacal".

Un periodista fue a la casa de sus padres, en una torre de hormigón de Ramenki, un suburbio del sudoeste de Moscú que, según intuyó el diario, ni siquiera tenía portero. Sin embargo, del viaje sólo obtuvo algunos chismes de vecinos que declararon que hacía mucho tiempo que no veían a Anna. Nada dijeron de su familia.

Por lo menos, el diario tuvo una excusa para recuperar un viejo chiste sobre espías y sus enigmáticas contraseñas. Un agente susurra: “Los elefantes fueron a su abrevadero.” “Ah, usted debe buscar al espía Ivanov. Está en el piso de arriba.” Tvoi Den (“Tu día”), otro diario amarillo, sugirió en un intento de humor que Moscú debería intercambiar al alcalde Yury Luzhkov por los once espías, porque no prohibió la celebración anual del día de la independencia de los Estados Unidos, el 4 de julio, en el parque Kuskovo.

En una caricatura de TD se retrató a Luzhkov admirándose al espejo mientras se cambiaba su habitual gorra por una galera con barras y estrellas.

Los espías ya no son lo que eran, protestó el periódico Moskovsky Komsomolets, que dijo que las revelaciones sobre los “patéticos” resultados de los espías habían demolido el mito.

“Es como si por fin James Bond abriera su caja de trucos y mostrara que en su interior sólo hay un par de medias y pollo frito”, dijo.

“Mandaron informes, claro, pero de una calidad tal, que después de siete años de perseguirlos ni siquiera había suficiente para una acusación digna de espionaje”, se burló.

Antes los espías trabajaban por los principios, no por el dinero, escribió la autora del artículo de opinión de MK, que afirmó que su amigo es un agente ruso en un “país lejano” y que en los años 90 tenía que completar sus ingresos vendiendo dátiles.

En la actualidad, los espías esperan buenas casas y camas cómodas, agregó. “Ya nadie trabaja por un ideal.”

Un coronel de la KGB retirado declaró al diario que las crónicas hacían pensar que el grupo de “aficionados” había tomado sus ideas sobre técnicas de espionaje de “libros no muy inteligentes”.

“El tipo de cosa que se lee mientras se espera que pique un pez, y ni siquiera más de dos páginas”, dijo el ex espía.

Compilación Anna Malpas.
Este artículo se publicó originalmente en The Moscow Times

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