El fracaso de espionaje más humillante

El presidente Dmitri Medvédev tomó la decisión acertada al restarle importancia al último escándalo de espías entre Rusia y Estados Unidos y acordar un rápido intercambio de 10 espías rusos clandestinos. Esto debería permitir que el escándalo se disipara rápidamente y dejara que Washington y Moscú siguieran con el impulso actual que experimenta el “restablecimiento” de sus relaciones.

Ahora, Medvédev tiene que ordenar una investigación de alto nivel ante el fallo de la inteligencia más humillante de la historia de Rusia. Deberá nombrar a una comisión liderada por un antiguo funcionario de la inteligencia para que redacte un informe sobre la investigación.

Es evidente que el inoportuno momento de los arrestos, dos días después de que Medvédev regresara de Washington, tuvo más que ver con una operación de la Inteligencia de Estados Unidos para asegurar la salida de un topo en las altas instancias del Servicio ruso de inteligencia exterior, o SVR, que con halcones que tramaban deshacer el restablecimiento de las relaciones. Lo que se extrae del documento que se archivó en los tribunales estadounidenses es que se alertó al FBI de las identidades de los agentes encubiertos rusos desde su llegada a Estados Unidos. Fue un acto de traición por parte de alguien procedente de un pequeño círculo de los funcionarios más experimentados del SVR.

Bajo todo ello se esconde una provocación política que Medvédev debe evitar. La versión de la historia de los espías de Washington es que la operación fue obra del antiguo presidente Vladímir Putin, el frío guerrero y hombre del saco favorito de los halcones estadounidenses, operación que, según parece, ordenó a principios del año 2000. El hecho de que haya acabado en un fracaso tan humillante resta crédito a Putin y su estilo de gobierno, que depende del uso de los servicios de seguridad para la obtención de sus objetivos políticos.

Otro intento de acabar con Putin ha sido la reciente publicación en páginas web estadounidenses de informes de alto secreto del Servicio federal ruso de seguridad, algunos a los que sólo debía tener acceso Putin, que detallaban operaciones extremadamente delicadas de la inteligencia rusa en antiguas repúblicas soviéticas de 2002 a 2006.

Se envía con ello un mensaje sin tapujos de que Estados Unidos ve a Putin como un “hombre del pasado” y quiere tratar con Medvédev también a partir de 2012. Medvédev debería tener cuidado con los esfuerzos de Estados Unidos de reforzar su posición política a costa del descrédito de Putin y su base de poder dentro de los servicios de seguridad.

El presidente debe hablar con los agentes encubiertos a los que expulsaron de Estados Unidos, y animar a la comunidad de la inteligencia rusa con una misión nueva y más acorde con sus objetivos.

Vladimir Frolov es presidente del grupo LEFF, compañía de RR.PP.

Este artículo se publicó originalmente en The Moscow Times