Mosfilm vuelve a vivir

Director Leo Gabriadze y actriz Mila Ióvovichen el rodaje de la película “Caprichos”

Director Leo Gabriadze y actriz Mila Ióvovichen el rodaje de la película “Caprichos”

Contar el número de películas realizadas en Mosfilm es todo un desafío. Nombrar a sus grandes maestros sería una antología del cine soviético.

De El acorazado Potemkin de Eisenstein y Bola de sebo de Romm, hasta Cielo puro de Tchukrai, Tío Vania de Kontchalovski y Solaris, de Tarkovski; Mosfilm ocupa un lugar de privilegio en el mundo del cine. El taller fundado en 1924, ya era el primer estudio completo de Europa al comenzar la Segunda Guerra Mundial. Una verdadera ciudad cinematográfica y compañía productora.

Con la caída de la URSS, la poderosa industria nacional del cine, que ya agonizaba en los 90, también se vio arrastrada y fue sólo con el cambio de siglo que el cine ruso revivió.

“Ni un solo sector escapó a esta drástica renovación”, según Karen Shakhnazarov, presidente de Mosfilm. “Hoy estamos a la vanguardia de la industria y no tenemos nada que envidiar a los estudios occidentales”. Sin embargo, la producción anual no supera las 40 a 50 películas. Además, “el cine ruso de hoy no genera ideas artísticas tan potentes como las de la era soviética”, señala Shakhnazarov, con pesar. Y, aun cuando hay guionistas jóvenes e indudablemente talentosos, no se los puede considerar una nueva ola. Los estudios de grabación (uno de ellos puede albergar a una orquesta de 150 músicos) fueron diseñados y equipados con las más modernas tecnologías. “El 50% de nuestro trabajo es grabar álbumes de música”, dice Andrei, ingeniero de sonido.

Una de las joyas de la corona de Mosfilm es la recreación de un barrio de Moscú a fines del siglo XIX y comienzos del XX que comprende calles adoquinadas, fachadas de piedra y madera, postes de alumbrado y letreros de calles de época. Desde 2004, este decorado del “Viejo Moscú” ha sido usado en más de 40 películas para representar a San Petersburgo, Tbilisi, Copenhague o cualquier otra ciudad histórica. La única limitación es un rascacielos en la vereda de enfrente, que restringe la filmación a planos cortos u obliga al uso de efectos especiales.

Además de sus modernas instalaciones, lo que hace del estudio moscovita un lugar único en un mercado sumamente competitivo son sus elementos de utilería y vestuario. Sergei Plohov, director del departamento de vestuario y accesorios, calcula que el estudio cuenta con más de 400.000 piezas y uniformes militares.

En estas cuevas estilo Alí Babá cuelgan desordenadas decenas de miles de objetos de todos los períodos. Las estrellas indiscutidas de estos lujosos artículos de segunda mano son los vehículos antiguos: un Rolls Royce de 1913, un BMW 321 de 1928 y un Packard de 1927, como también ómnibus y tractores antiguos. Los autos, objetos y prendas más famosos se exhiben en el museo del estudio y ya no se usan en filmaciones. Pero cualquiera puede alquilar un traje por día y ser un pirata, un Guardia Rojo o una zarina. El alquiler de trajes es una forma de solventar los gastos para llegar a fin de mes.

El tesoro más preciado es, naturalmente, la filmoteca, que Mosfilm nunca aceptó vender, ni siquiera durante las peores crisis, a diferencia de otros grandes estudios como Lenfilm o el Gorki Studio. En la actualidad, estos filmes han sido digitalizados, subtitulados en inglés y puestos a disposición del público en una colección de video virtual a la que se puede acceder por unos cuantos euros por película o una tarifa plana (www.cinema.mosfilm.ru).

Sin fondos públicos para sostener el estudio, Mosfilm produce hoy fundamentalmente series de televisión privadas. “La industria del cine ha sido reconstruida”, dice complacido Shakhnazarov. Ahora sólo resta encontrar inversores y guionistas con talento, idealmente, en el mismo grupo.



Shakhnazarov, hombre de cine

Asistente, guionista y, finalmente, productor, Karen Shakhnazarov se hizo cargo de Mosfilm en 1998, cuando ya era un exprimentado hombre de cine. En 1983 fue aclamado por el público y la crítica por su divertida comedia musical We are the Jazz, sobre los difíciles comienzos del jazz en la URSS de los años 20. Su última película, Room Number Six, (adaptación del cuento de Chéjov) es una reflexión sobre la internación en instituciones psiquiátricas. Para Shakhnazarov Mosfilm aún es una analogía del cine ruso: técnica avanzada, pero sin imaginación.