El rápido acercamiento de Rusia a Europa

Con la eurozona enfrentada a un eventual colapso y el futuro de la UE en duda, la mayoría de las grandes economías del mundo se esfuerzan por manejar una crisis de deuda soberana creciente que está sembrando discordia en amistades de larga data. Pero la crisis tiene su rayo de esperanza para Rusia y actuó como catalizador para que Moscú pulsara el botón de reinicio con casi todos sus vecinos.

Las relaciones rusas con el resto del mundo estuvieron en una espiral descendente durante años y llegaron a su punto más bajo durante la desastrosa guerra de ocho días entre Rusia y Georgia, en agosto de 2008. No obstante, desde que el año pasado la economía del mundo se viera devastada por la crisis financiera, la actividad comercial ocupó el lugar de la política como base de las relaciones internacionales.

Si quiere recuperarse rápido, Occidente necesita el crecimiento dinámico de Rusia y su gran mercado de consumo y, si Rusia quiere modernizarse necesita la tecnología y gestión de Occidente.

Es una nueva dirección para la diplomacia global y se inició en la cumbre del G20 en Washington en noviembre de 2008. Fue el primer reconocimiento de que el G8, el grupo más pequeño de países ricos (que incluye a Rusia) ya no podía hacer frente a una crisis auténticamente internacional y fue la primera vez que los llamados mercados emergentes fueron invitados a integrarse en el nivel más alto de la geopolítica.

Sin embargo, el cambio no se produjo de la noche a la mañana, aunque se ha acelerado notablemente desde el comienzo de este año. Fue visible un mejoramiento de las relaciones entre Washington y Moscú luego del cambio de guardia en la Casa Blanca. Pero el verdadero resultado concreto se produjo en abril de este año cuando el presidente ruso Dmitri Medvédev firmó un nuevo tratado sobre armas nucleares con su par estadounidense, Barack Obama, en Praga.
Después de décadas de enemistad, Rusia también avanzó rápidamente para mejorar las relaciones con China, relaciones que pasaron a ser “estratégicas” el año pasado cuando el primer ministro, Vladimir Putin, anunció un nuevo gasoducto sino-ruso que es el equivalente geopolítico de un casamiento.

Incluso las difíciles relaciones con los antiguos Estados vasallos soviéticos han mejorado considerablemente.Otro cambio de gobierno en Polonia también generó un acercamiento que está adquiriendo impulso. La retórica antirrusa que suele oírse de los Estados Bálticos ha cedido, en tanto que países del sur de Europa como Serbia, se han volcado a Moscú en un intento por atraer capital ruso. Turquía también se unió a los destinos de Rusia y recientemente ordenó su primera central eléctrica nuclear fabricada en Rusia. Y hasta las relaciones entre Rusia y Georgia han mejorado: Medvedev todavía se niega a tratar directamente con su homólogo georgiano, Mikhail Saakashvili, pero al menos los vuelos entre Tbilisi y Moscú se reanudaron a partir de junio.

De todos modos, los cambios más grandes son los que han tenido lugar entre Moscú y Bruselas. Alemania es desde hace tiempo el mejor amigo de Rusia en la UE y Francia se ha sumado últimamente, anunciando a comienzos de junio que entablaba “relaciones militares estratégicas” con Moscú. La détente en curso saltó a la vista cuando los líderes europeos arribaron a la ciudad rusa de Rostov, sobre el Don, en los primeros días de junio, para la 25° cumbre Rusia-Unión Europea.

“Con Rusia, no necesitamos un reinicio. Queremos un avance rápido”, dijo el presidente de la UE, Herman Van Rompuy, a los periodistas al final de la reunión.

De hecho, la única relación que parece empeorar es la de Rusia y su viejo amigo, Belarús. Crecen cada vez más las tensiones en una sucesión de peleas por el precio que Minsk paga por el gas de Rusia.

Rusia necesita mejores relaciones con Occidente. Si bien todavía tiene US$ 440.000 millones en reservas, necesita desesperadamente el know-how y gestión que sólo los inversores extranjeros pueden aportar. Según un documento político que se filtró en mayo y fue escrito por el ministro de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, Rusia dejará de “rechinar los dientes”, ya que la diplomacia tiene como foco formar ‘alianzas para la modernización’ con por lo menos 14 Estados miembros de la UE y se centra en la actividad comercial.

Cuando un periodista danés le preguntó a Medvédev en abril qué cara pondrá Rusia para tratar con el resto del mundo, éste le dijo: “La misma que tengo ahora, sonriente. Creo que sería bueno que Rusia le sonriera a los demás países. Pero los demás también deberían sonreírnos a nosotros”.