A Marte sin dejar Moscú

Los tripulantes se probaron las escafandras y equiposespecialmente elaborados para la misión “Mars-500”.

Los tripulantes se probaron las escafandras y equiposespecialmente elaborados para la misión “Mars-500”.

El 3 de junio seis voluntarios abordaron la cosmonave experimental. La imitación del viaje a Marte durará 520 días con los cosmonautas en un aislamiento total.
El ajetreo en torno al módulo cósmico experimental, montado en uno de los cuerpos del Instituto de Problemas Médico-biológicos de la Academia de Ciencias de Rusia recuerda los filmes de ciencia-ficción de Holly wood: los médicos van y vienen ocupados, los ingenieros comprueban los sistemas de aprovisionamiento y los técnicos en computación trabajan en los monitores.

Seis valientes

«El proceso de formación de la tripulación no resultó nada fácil», relata el director técnico del proyecto “Marte-500” y segundo del constructor principal del Instituto de Problemas Médico-Biológicos, Evguenii Diómin.

De los centenares de candidatos, en el instituto seleccionaron los hombres más saludables, aquellos que en condiciones extremas demostraron compatibilidad psicológica. Los futuros astronautas vivieron este invierno a la intemperie en el bosque suburbano de Moscú: prendieron hogueras, construyeron refugios y se alimentaron de conservas.

Como resultado de esto, fue designado comandante del módulo el ingeniero Alexei Sitev, de 38 años; y médicos de a bordo, el cirujano Sujrob Komolov, de 37, y el doctor Alexandr Smoleevskii, de 32. La parte internacional de la tripulación está compuesta por el investigador chino, Vang Yue (27), su coetáneo italiano, el ingeniero Diego Urbina y el ingeniero francés, Román Charles, de 31.

Entrevista con Diego Urbina, participante del experimento "Marte 500"



La vida en Marte

El simulador consta de cinco módulos. “El primero, de 150 metros cúbicos, está destinado a la tripulación. Incluye seis camarotes individuales, un compartimento común para el descanso, la cocina, el baño y el tablero principal de comando”, enumera Diómin.

El segundo módulo está destinado a la medicina. En él se cumplirán los 105 experimentos planificados durante el tiempo de “vuelo”. El tercero es el compartimento para conservar los alimentos. Allí se ubicaron la sala de entrenamiento y un jardín de invierno donde se cultivarán rabanitos, tomates, lechuga y cebolla. El cuarto módulo imita la cápsula que descenderá sobre la superficie de Marte y el quinto módulo es un “imitador de la superficie marciana”, adonde deberán desembarcar los astronautas equipados con escafandras especiales.

Se entiende que el simulador por ahora se parece poco a una auténtica nave espacial: su interior está revestido con paneles de madera, de las paredes cuelgan calendarios y fotografías. El terreno marciano es reemplazado por simple arena marina y el cielo estrellado es imitado por lamparitas azules de diodo. Pero lo más importante no son las formas, sino el contenido.



Una entidad autónoma

El “vuelo” es parecido a las condiciones de vida de la gente que vive en espacios cerrados. Se levantan a las 8 de la mañana, luego pasan por el diagnóstico médico, el desayuno, el cumplimiento del programa científico, el almuerzo, un pequeño descanso, el programa científico, dos horas libres, la cena y el sueño. “Las noticias se suministrarán en una grabación, en dosis, sin información negativa”, explica Alexandr Suvórov, responsable por los programas médicos del proyecto. En su tiempo libre los investigadores podrán escuchar música, jugar al ajedrez o al backgammon, o leer sus libros preferidos”.

Los investigadores serán observados por unas 70 cámaras desde el punto de comando, donde harán guardia las 24 horas dos médicos y un equipo de ingenieros.
La imitación en la demora de la señal de enlace es lo que deberá dar al experimento un carácter real. Esa demora crecerá a medida que el simulador se “aleje” virtualmente de la Tierra. Se planea llevarla hasta los 40 minutos, el plazo que requiere la señal de radio para viajar desde la Tierra a Marte ida y vuelta.

¡No lo duden...!

¿Puede el organismo humano aguantar un vuelo tan prolongado? “Puede –dice con convicción Suvórov-. Recuerde los 437 días que duró el vuelo espacial del médico Valerii Poliakov.

Por eso, ni siquiera estos 520 días son un límite”. El comandante de la tripulación, Alexei Sitev lo secunda: “¡Ni lo duden, llegaremos! Llegará el tiempo y podremos realmente volar hasta Marte”.

Además del lugar que ocuparán en la historia de la conquista del cosmos, los tripulantes tienen otra motivación: los honorarios de 75.000 euros para cada uno, lo que equivale a un salario de 4.500 dólares al mes.

Los científicos están convencidos de que si se logra manejar todas las variantes de la misión, ya para 2030, el ser humano podrá descender en el Planeta Rojo.


El primer vuelo a Marte
El entrenamiento del cosmonauta Guerman Titov en la década del 60.

Las primeras simulaciones de prolongados vuelos espaciales comenzaron en el Instituto de Problemas Médico-biológicos ya en la década del 60. El primer experimento, en 1967, fue la imitación de un vuelo de un año con el objeto de evaluar la capacidad de trabajo de los sistemas de aseguramiento de vida. Ya entonces, en la URSS, pensaban en los vuelos a Marte. “El primer marteplano tenía apenas dos módulos”, recuerda el profesor Boris Adámovich, ex constructor principal del instituto y doctor en ciencias técnológicas. En las instalaciones del tamaño de un camarote, vivían tres hombres. Los vinculaba con la "Tierra" sólo el enlace radial. Pero una vez al mes al cosmonauta médico le permitían abrir la cortina de la escotilla para hablar con los observadores.

Uno de ellos era una joven mujer. El médico se enamoró de ella. Charlaban horas. Pero también se generaron complicaciones psicológicas. Al técnico de a bordo, a la semana, le fallaron los nervios. Una noche saltó de la cama y comenzó a exigir que lo dejaran salir. “Con el director médico de la misión estuvimos toda la noche intentando convencerlo de que se quedara”, recuerda Adámovich. Al final, funcionó el argumento principal: un automóvil “Volga”, prometido a cada participante.

Todos los derechos reservados por Rossiyskaia Gazeta.