Millones de dosis pequeñas

Víctor Ivanov

Víctor Ivanov

En una entrevista exclusiva concedida a Rossiyskaya Gazeta, el presidente de la Comisión Antidroga y jefe del Servicio Federal de Control de Estupefacientes, Viktor Ivanov, explicó en qué consiste la importante iniciativa del presidente ruso Dimitri Medvédev respecto a la creación de una coalición internacional de lucha contra los estupefacientes afganos. Los días 9 y 10 de junio se ha celebrado en Moscú una cumbre internacional con el Título de La producción de estupefacientes en Afganistán: un desafío para la comunidad internacional.

Viktor Petrovich [Ivanov], ¿en qué medida afecta a nuestro país la amenaza de las drogas y por qué Rusia debe liderar la lucha contra la producción de drogas en Afganistán?

El presidente Medvédev abordó este problema el pasado mes de septiembre durante una reunión del Consejo de Seguridad. En febrero del presente año subrayó la necesidad de mejorar el marco jurídico internacional para combatir la amenaza que representa la producción de estupefacientes. Y el 14 de abril declaró en Washington que las medidas contra el narcotráfico que está poniendo en práctica la comunidad internacional han demostrado ser absolutamente ineficaces.

¿Es posible que estemos exagerando?

El año pasado, la producción de drogas en Afganistán duplicó la producción mundial de hace diez años.

En la actualidad, hay más de cien países que padecen este problema, incluyendo Rusia y los países europeos. Se estima que el mercado global de opiáceos mueve unos 65.000 millones de dólares. Rusia representa una quinta parte del mercado global. Con 771 toneladas, los países europeos están a la cabeza del consumo de opiáceos, seguidos por Rusia, con 549 toneladas. Las drogas matan a 10.000 personas al año en los países europeos, una cifra 50 veces superior al número de bajas del contingente europeo que combate en Afganistán. En Rusia, los números son aún más catastróficos. El saldo anual de víctimas mortales por este motivo es de 30.000, y la mayoría son jóvenes.

El hecho de que nuestro país sea el primero en sufrir las consecuencias de la producción de droga afgana nos obliga a liderar un movimiento internacional que elimine esta amenaza, y la forma de hacerlo es mediante una coalición antidroga. No es ninguna exageración; además de una amenaza real, el consumo de drogas representa hoy en día uno de los problemas más graves del siglo XXI, algo tan serio como lo fue la Segunda Guerra Mundial en el siglo XX. Por lo tanto, resulta imposible resolver el problema sin una colaboración entre la Unión Europea, la OTAN y Rusia.

Pero sabemos que Rusia no comparte la opinión de la OTAN respecto al modo de erradicar la producción de opiáceos de Afganistán.

No, es cierto. Por ejemplo, el señor Holbrooke, enviado especial de EEUU a Afganistán y Pakistán, no considera que la destrucción de las plantaciones de narcóticos en Afganistán sea necesaria. Según Holbrooke, estos cultivos crean puestos de trabajo para los campesinos, que no tienen nada que ver con los talibanes ni tampoco matan a soldados americanos. Lo malo es que eso implica una cierta amnistía para los narcotraficantes. El portavoz de la OTAN, James Appathurai, hizo unas declaraciones parecidas el pasado mes de marzo. Appathurai asegura que no se puede eliminar la única fuente de ingresos de los campesinos afganos sin antes ofrecerles una alternativa. Además, la OTAN cree que la lucha contra la producción de estupefacientes desviará la atención de las fuerzas antiterroristas. Esto es absolutamente falso. Las acciones militares, por el contrario, han creado condiciones favorables para el cultivo de la amapola del opio, que siempre cuenta con multitud de compradores. En la actualidad, estos cultivos dan empleo a tres millones y medio de campesinos afganos, cuyos ingresos son mínimos. Mientras tanto, la mayor parte del botín se destina a financiar a grupos extremistas y terroristas de Afganistán y de todo el mundo.

Informe de RH

La amenaza de la heroína afecta directamente a nuestro país, donde el número de consumidores llega a los 2,5 millones, el 90% de los cuales consumen heroína afgana. Más de la mitad son jóvenes con edades inferiores a los 30 años. El saldo anual de víctimas mortales relacionadas con el consumo de drogas es de 30.000. Todos los años hay 80.000 personas que prueban la heroína por primera vez.

Uno de cada cuatro casos que tratan los tribunales rusos está relacionado con la droga. Esta cifra es superior a la de otros casos delictivos más extendidos, como pueden ser los robos. El año pasado, 120.000 personas fueron juzgadas por tráfico ilegal de drogas. En 2009, se eliminaron 6.500 puntos de venta y consumo de heroína, se confiscaron casi 10.000 alijos de droga y se incautaron 700 millones de dosis individuales.

¿Y qué sucedería si la OTAN dice “adelante, envíen sus tropas y su policía antidroga a Afganistán y destruyan todas las plantaciones mientras que nosotros nos ocupamos de los talibanes”?

En mi opinión, resolver el conflicto afgano por la fuerza es imposible y Rusia no debería participar en las operaciones militares de la OTAN en ese país. El principal objetivo de nuestra política es la destrucción de las cosechas, que no implica el uso de bombas de ningún tipo. Estados Unidos logró destruir el 80% de las plantaciones ilegales de cocaína en Colombia mediante la defoliación, es decir, fumigando las plantaciones con productos especiales. Así lograron destruir casi 230.000 hectáreas de cultivos de cocaína en 2008. Ese mismo año también eliminaron con el mismo método 5.500 hectáreas de plantaciones de opiáceos, lo que representa más o menos un 3% del área total destinada a su cultivo.

¿Cree que algún día dejará de ser rentable el cultivo de opiáceos?

Para que eso suceda habría que destruir al menos un 50% de los cultivos. Nos preocupa el hecho de que mientras las fuerzas de la Alianza, junto a los soldados afganos, liberan del dominio talibán la provincia de Helmand, que es la más importante en cuanto a la producción de estupefacientes, hay otras tres provincias del norte del país en las que el cultivo de opiáceos crece a pasos agigantados. En el norte del país hay numerosos laboratorios de narcóticos. La mayor cercanía de estas plantaciones reduce los costes de transporte.

La famosa política de evitar la destrucción de los cultivos contribuye en gran medida a la proliferación de las cosechas ilegales. Sabemos que el esfuerzo invertido en erradicarlas ha sido siempre ineficaz y muy costoso. Veamos la situación desde el punto de vista de los campesinos afganos: la venta de las cosechas de productos agrícolas no está garantizada, el riesgo de que se destruyan los frutos ilegales de su esfuerzo se ha reducido considerablemente y, por si fuera poco, siempre hay compradores de opiáceos dispuestos a pagar en el momento. El informe de Naciones Unidas de 2009 refleja claramente cómo han resuelto el problema los campesinos afganos. La conclusión no puede ser más clara: el empleo de métodos contundentes para destruir las cosechas y los laboratorios es necesario y está justificado. Nuestro objetivo es convencer a la comunidad internacional y a nuestros colegas estadounidenses de estos hechos.


¿Va a proponer Rusia alguna medida concreta?

Nuestro plan, que consta de siete puntos y se llama Raduga-2 (Arcoiris 2) se ha dado a conocer a toda la comunidad internacional y de momento ha tenido buena acogida. Uno de los puntos que proponemos es la destrucción química de las cosechas. Por ejemplo, hay un conocido herbicida, el glifosato, que es inocuo para la salud humana pero muy eficaz para nuestro objetivo porque mata directamente la raíz de la amapola del opio. También proponemos medidas jurídicas y administrativas, como el establecimiento obligatorio de un inventario de terratenientes afganos. Si las tierras se utilizan para el cultivo de opiáceos, es muy probable que el dueño sea narcotraficante, en cuyo caso el gobierno afgano podría confiscar las tierras legalmente.

¿Puede haber barreras para los laboratorios de drogas?

Para saber a ciencia cierta de dónde vienen los reactivos químicos, es necesario etiquetar las sustancias. Así sabríamos el origen de las sustancias utilizadas en la producción de heroína. La producción de drogas exige numerosos reactivos, cuyo transporte es bastante más fácil de localizar que el narcotráfico. Algunos ácidos, como el anhídrido acético, se utilizan como reactivos. Por lo tanto, las transacciones comerciales que impliquen grandes volúmenes de estas sustancias podrían ser un indicio de producción de estupefacientes. Las etiquetas posibilitarían la identificación del fabricante y el seguimiento del tráfico. Evidentemente, el mero seguimiento del camino que siguen los reactivos químicos y la destrucción de cosechas no es suficiente. También es necesario crear una economía en Afganistán e invertir en ella. Desde la llegada de las fuerzas de coalición no sólo no se han construido nuevas infraestructuras, sino que se han destruido las pocas que había. Las 142 instalaciones que construyeron en su día los expertos soviéticos continúan siendo en la actualidad los cimientos de la economía afgana.

Todos estos temas se discutirán en la cumbre. A ella asistirán los máximos representantes de distintas agencias antiterroristas y diversos organismos encargados de velar por el cumplimiento de la ley, representantes políticos y estatales, prestigiosos expertos, periodistas rusos y de otras nacionalidades y representantes de la ONU, la CSTO, la OTAN, el SOC, entre otras organizaciones internacionales. Espero que la celebración de la cumbre constituya un avance decisivo en la evaluación de este grave problema mundial por parte de la comunidad internacional.