La amapola afgana y su ruta de la seda

Los días 9 y 10 de junio, por iniciativa del presidente ruso Dimitri Medvédev, Moscú será sede del foro internacional Producción de drogas en Afganistán: un reto para la comunidad internacional. Izvestia ha hablado con Nikolai Tsvetkov, director general del Servicio Federal de Control de Drogas (SFCD) y presidente del Comité Antinarcóticos, acerca de por qué la ruta del norte de la droga afgana es conocida como “ruta de la seda” y por qué la OTAN se niega a destruir las cosechas afganas de amapola.

¿Qué temas se discutirán en el foro de Moscú?

Su mismo nombre lo dice: Producción de drogas en Afganistán: un reto para la comunidad internacional. Vemos el problema exactamente de esa forma: no local ni regionalmente, sino de manera global. El primer tema a tratar será la necesidad de unir a las fuerzas antidrogas internacionales, en las que no sólo se incluyan los poderes más importantes, los organismos estatales en general, sino también las organizaciones internacionales y el mundo islámico.

El segundo tema serán las medidas de aplicación de las leyes internacionales para luchar contra la producción afgana de drogas. Debemos establecer el régimen jurídico de este negocio. Existe piratería en el Golfo de Adén, terrorismo internacional. Y esto está jurídicamente tipificado, es decir, aquellas personas que participan en dichos delitos pueden prever que serán sancionados internacionalmente y con medidas legales específicas.

El tercer tema serán las medidas que se pueden tomar para destruir plantaciones de la amapola del opio y laboratorios de narcóticos en Afganistán, en donde se produce la mayor parte del opio mundial. Recientemente, Afganistán también se ha convertido en el mayor productor mundial de cáñamo. En otras palabras, la producción de drogas es el único factor significativo de su economía, lo que es deplorable.

Los laboratorios de narcóticos son otro tema. Sabemos que muchas de las regiones en donde se produce heroína del opio no son regiones que estén en guerra. Una parte significativa de dicha droga se produce en provincias relativamente pacíficas a lo largo de lo que era la frontera soviético-afgana. Allí, accidentalmente, expertos de la ONU han detectado un notorio aumento en las cosechas de amapola del opio, si bien las áreas principales de cultivo continúan siendo las del sur.

Finalmente, el último tema a tratar, aunque no el menos relevante, será la necesidad de desarrollo económico en Afganistán, para que los campesinos afganos no cultiven amapolas, sino trigo. Es más sencillo cultivar amapolas porque todo lo que se necesita es sembrarlas y juntarlas. Se acerca el comprador, paga y da crédito para la cosecha que, aunque pequeña, constituye una fuente garantizada de ingresos. Con los granos, el proceso es más complejo. Deben cultivarse y la cosecha hay que protegerla, exportarla, venderla.

Hechos y cifras de Izvestia

Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Adicción a las drogas, el delito y los rebeldes, 2009), Afganistán exporta en la actualidad unas 900 toneladas de opio y unas 375 toneladas de heroína. Tiene más de 12.000 toneladas almacenadas, suficientes para cubrir la demanda de los adictos a la heroína del mundo durante los próximos 100 años. Cada año mueren 100.000 personas por sobredosis de heroína afgana, incluidos 30.000 rusos. El mercado del opio en el mundo genera 65 mil millones de dólares, de los cuales Rusia moviliza 13.000 millones (el 20%).

Ingresos por tráfico de heroína en la ruta del norte

Ingresos anuales: 18.000 millones de dólares.
Distribución de los beneficios:
Organizaciones delictivas y terroristas transnacionales: 15.000 millones de dólares.
Pequeños traficantes mayoristas y minoristas: 1.000 millones de dólares.
Laboratorios de narcóticos en el norte de Afganistán: 1.000 millones de dólares.
Talibanes: 30.000 millones de dólares.
Fondos para los campesinos en el sur de Afganistán: 100 millones de dólares.

¿Cómo está actualmente la situación con los narcóticos en Afganistán?

Si la comparamos con lo que sucedía hace una década, está mucho peor y, en el caso de Rusia, la situación es más trágica. Desde el otoño de 2001, cuando se aplicó la Operación Libertad Duradera y se introdujo en Afganistán un contingente internacional de fuerzas de seguridad bajo la bandera de la ONU, la producción de narcóticos, principalmente de opiáceos, se ha multiplicado por 40.

¿Qué provincia es la mayor productora?

La provincia de Helmand, al sur, en la frontera con Pakistán. Según estadísticas de la ONU, Helmand produjo 4.085 toneladas de opio en 2009 (el 59,2% de la cosecha total del país). A su vez, Helmand no tiene una alta densidad de población (sólo representa el 5% de la población afgana) y es un lugar de constantes enfrentamientos armados.

¿Quién controla esta provincia?

Formalmente, soldados británicos.

Dicen que una gran parte de las drogas producidas en Afganistán atraviesan Rusia rumbo a Europa. Por ende, las fuerzas estadounidenses, columna vertebral del contingente de paz, se involucran poco en el control de dicha ruta. ¿Esto es cierto?

En gran parte. Pero debemos ser específicos. Las drogas afganas recorren tres caminos principales. Uno es la llamada ruta del norte, que está dirigida a Rusia. Ya no compartimos una frontera directa con Afganistán. Existe lo que fue la frontera afgano-soviética, controlada actualmente por Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán. La parte tayika es la más extensa, y también la más compleja en cuanto a su topografía. Los uzbekos tienen una parte comparativamente pequeña. Y, por último, los turcomanos tienen una parte bastante extensa y, por lo que podemos decir, bastante vulnerable también. Es decir, no dificultaría mucho el paso de contrabandistas. La zona del narcotráfico incluye partes de Kirguizistán y también de Kazajistán, con el que compartimos una frontera por tierra de 7.500 km. Las estructuras de aplicación de la ley en estos países trabajan, pero los hechos permanecen: en la actualidad, el flujo de narcóticos provenientes de Afganistán es una avalancha. Por eso estamos interesados en una cooperación aún más estrecha con nuestros colegas de Asia Central, Irán y, por supuesto, el propio Afganistán.

¿Qué cantidades de droga afgana se envían a través de la ruta del norte?

Entre un 25% y un 30%. De todos modos, quisiera destacar que esta droga no llega a Europa a través de Rusia. La ruta llega a Rusia. Me opondría categóricamente a cualquiera que dijese que el suelo ruso se está utilizando para llevar drogas a Europa. Nosotros interceptamos o, mejor dicho, no permitimos que esta plaga pase por nuestro territorio. Nuestros colegas europeos también implementan los controles necesarios, ayudados por buenos equipos técnicos. Prácticamente no existe el narcotráfico desde Rusia hacia Europa. De cualquier modo, nuestros vecinos europeos no nos han criticado por ello. Por otro lado, sí llegan a Rusia drogas provenientes de Europa, principalmente sintéticas. Por supuesto, los europeos están muy molestos por el fenómeno afgano de las drogas. Pero tienen razones mucho más importantes para estarlo, en particular, la ruta de los Balcanes, que atraviesa Irán, Turquía y Kosovo. La frontera entre Irán y Afganistán, por cierto, está bien protegida.

Probablemente hayáis visto esas sorprendentes imágenes de grúas montadas en camiones con paquetes de drogas colgando a sus lados. No sabemos quiénes son esas personas, en verdad, pero la visión es terrorífica. Y la imagen se repite a lo largo de toda la frontera. Sin embargo, aproximadamente un tercio del producto se dirige hacia el oeste por esta ruta. Y no se trata sólo del tránsito hacia los Balcanes. Nos preocupa lo que está sucediendo en la frontera irano-azerí que, una vez más, es uno de los canales de provisión del territorio ruso. Sabemos, incluso, que la frontera entre Azerbaiyán y [la República Rusa de] Daguestán es conocida en la jerga de los traficantes como las “puertas doradas” o el “puente dorado”, lo cual da cuenta de la constante actividad allí. Además, existen rutas marítimas por el Caspio — desde un puerto del norte de Irán, por ejemplo, hacia Derbent, Astracán, Majachkalá, y también desde Turkmenistán. Otras veces, el producto tropieza varias veces antes de llegar a destino.

¿Qué sucede en la ruta del sur?

La ruta del sur va hacia Pakistán. Atraviesa el territorio afgano en donde se están produciendo algunos de los enfrentamientos más activos. De hecho, la ruta más calmada y segura para el narcotráfico es la del norte. Por eso algunas veces se le llama—de nuevo, en la jerga—la ruta de la seda o la ruta de la seda del norte.

Ahora ha aparecido una brecha en esa ruta: Kirguistán. Algunos expertos aseveran que las redes kirguís se están aprovechando de la inestabilidad del país para mejorar su posición.

No es una, lo brecha, lo que no sería tan negativo, sino una zona de creciente tensión. No solemos elaborar teorías conspirativas, pero es sabido que diversas ciudades del sur de Kirguistán son centros de droga, principalmente Osh, Batken, Dzhalal-Abad y Kyzyl-Kiya. Todas se encuentran dentro de la red que rodea al Valle de Fergana y pertenecen, en su mayoría, a Uzbekistán. Una de las rutas hacia allí comienza en la ciudad tayika de Khorog, sobre la frontera afgana, y asciende entre las montañas a lo largo de la carretera Khorogh-Osh, construida en la era soviética. Es la única ruta importante para cruzar Pamir y aparecer en el Valle de Fergana. Osh es una gran ciudad con un aeropuerto internacional. La mafia de las drogas en Osh es un grupo con mucha influencia. Es razonable asumir que tienen apoyos políticos y están tratando de fortalecerlos. En general, las drogas y el extremismo político, al igual que las drogas y el terrorismo, son temas independientes. Está claro que serán las drogas o, mejor dicho, los miles de millones de narcodólares, los que financiarán y armarán a los criminales de las distintas convicciones "ideológicas". Los Estados de la Organización Cooperativa de Shanghai (OCS) son los que más sufren sus consecuencias.

Existe una postura dentro de Ruiasa que se ha hecho pública tanto en Kabul como en Bruselas: que las fuerzas de la OTAN deben tomar el control del narcotráfico proveniente de Afganistán.

Somos realistas y comprendemos que es imposible controlar todos los caminos por donde se mueve la droga. Pero es necesario comenzar, en nuestra opinión, no por la eliminación de dichos caminos, sino por la eliminación de la producción misma de los narcóticos: las plantaciones de amapolas del opio. En Colombia, por ejemplo, nuestros colegas estadounidenses, en cooperación con las autoridades locales, han resuelto prácticamente el problema desde su raíz, en sentido literal y figurado. El método que utilizan es la defoliación. Existen preparados químicos que pueden destruir diversas plantaciones. En ese caso, hablamos de la coca. En Colombia han destruido cerca del 75% de todas las plantaciones de coca, lo cual significa que efectivamente han aniquilado el fenómeno. La erradicación del negocio y la mafia de las drogas en Latinoamérica podrán estar muy lejos, pero, para un país considerado indiividualmente, representa un gran logro.

Pero en Bruselas se negaron a hacer esto en suelo afgano.

Así es. En Afganistán vemos el asunto del modo exactamente opuesto. Allí también se destruyen cosechas, por supuesto, pero con medios mecánicos, como azadas, guadañas y sables. Y la regla es que esto suceda cuando encuentran las plantaciones por casualidad. Cualquier propietario os dirá que esto no va a resolver el problema. Mejora el suelo. Algunas veces es necesario podar una plantación para hacerla crecer más rápido. ¿Por qué la OTAN se ha negado a utilizar métodos químicos eficientes? Existen tres razones que han dado Richard Holbrooke, Representante Especial de EE UU para Afganistán y Pakistán, y el portavoz de la OTAN James Appathurai. La primera razón sostiene que destruir las plantaciones privaría a los campesinos afganos de su medio de subsistencia, lo que los arrojaría a manos de los talibanes. En segundo lugar, si los soldados de la OTAN se involucrasen en esta actividad, sus vidas correrían un mayor riesgo. En tercer lugar, cuesta dinero. De acuerdo con este enfoque, las perspectivas de disminuir sustancialmente la producción de droga en Afganistán no son alentadoras.

¿Entonces no estamos progresando?

La Comisión Presidencial Medvédev-Obama ha creado un grupo de trabajo sobre la producción de drogas ilegales, codirigido por Viktor Ivanov, jefe del Comité Antinarcóticos de Rusia, y Gil Kerlikowske, director de la Oficina de Políticas de Control Nacional de Drogas para la Administración Obama. En resumen, tenemos buenas relaciones institucionales con los profesionales encargados de solucionar el problema de las drogas.

¿Gil Kerlikowske es el hombre que recientemente le da dado a Viktor Ivanov una lista de nueve barones afganos de la droga que viven en ese país y en otros países de Asia Central?

Ese es un ejemplo de nuestra colaboración, que tiene lugar no sólo al más alto nivel, sino también a niveles operativos. Por supuesto, nuestro diálogo se encuentra estrictamente regulado. Nosotros, al igual que los estadounidenses, no mostramos todas nuestras cartas. La información que hemos logrado recabar es el resultado, en su mayoría, del trabajo del SFCD y de otras estructuras de seguridad: guardias fronterizos, agentes de aduana y policía.

El Comité Antinarcóticos se ocupa de coordinar el trabajo de los diversos departamentos.

Esa es una de sus funciones. Otro componente también importantes son nuestros lazos institucionales con los vecinos, especialmente con aquellos países que conforman zonas de tránsito en Asia Central y el Cáucaso. Con algunos de ellos, os daréis cuenta, no podemos tener lazos estrechos hoy en día, pero aún así continúan siendo zonas de tránsito. Con otros sí tenemos relaciones estrechas y colaboramos exitosamente. Y deseamos que dicha colaboración se desarrolle y que el diálogo se fortalezca mediante acciones conjuntas específicas. La magnitud de este desastre es tal que ha llegado la hora de crear un frente mundial antidrogas. El foro de Moscú debería ser un paso en esta dirección. Políticos, agentes de seguridad y expertos en Afganistán de los Estados Unidos, China y Alemania estarán allí, y la delegación afgana será una de las más representadas.