El Kremlin renueva el ejército

El pasado mes de abril, Yuri Baluyevsky, subsecretario del Consejo de Seguridad de Rusia, abordó un problema que lleva dos décadas molestando al Kremlin: ¿Cómo puede Rusia volver a ser una superpotencia sin un ejército fuerte que la respalde?

Rusia ha aceptado reducir su arsenal nuclear a raíz del nuevo tratado de desarme nuclear, Start II, firmado el 8 de abril en Praga, entre el presidente ruso Dimitri Medvédev y el presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Sin embargo, también ha puesto en marcha un programa por valor de 430.000 millones de dólares destinado a renovar las fuerzas armadas convencionales, que concluirá en el 2020. El presupuesto del Kremlin para renovar el ejército es 13 veces superior al presupuesto destinado a reconstruir la debilitada infraestructura de la era soviética durante ese mismo periodo.

La necesidad de renovar el ejército es cada vez más evidente. El gobierno recibió un verdadero varapalo al comprobar, en la primera guerra chechena, que el poderoso ejército ruso era expulsado de la República por unos cuantos separatistas rebeldes apenas armados con rifles AK47 y lanzagranadas. En la segunda guerra chechena, que comenzó en 1999, el ejército ni siquiera se molestó en combatir con las fuerzas rebeldes, sino que decidió quedarse a las afueras de las ciudades y pulverizarlas con artillería pesada.

Pavel Felgenhauer, analista militar, asegura que la reforma del ejército es de vital importancia dada su crisis actual. Además, opina, el panorama exterior es hoy en día muy distinto al que se enfrentó el ejército soviético, sobre cuya base se construyó el actual. “Rusia está alcanzando acuerdos importantes con Occidente, pero necesita un ejército fuerte para que la tomen en serio y para ejercer su influencia en la CEI (Comunidad de Estados Independientes)”.



La reforma se ha puesto en marcha de manera gradual en los últimos años. El ejército permanente ha pasado de 1,3 millones a 1 millón de efectivos en 2008, y el número de suboficiales se está reduciendo de forma escalonada por el sistema de jubilaciones anticipadas voluntarias. Los que decidan quedarse, obtendrán considerables aumentos de sueldo y la renovación de sus viviendas a partir de 2012.

En realidad, los cambios se pusieron en marcha el pasado mes de febrero, cuando Medvédev firmó la nueva estrategia para la próxima década, que pretende alcanzar una renovación completa de las fuerzas armadas, comenzando inmediatamente: este año se prevé la sustitución del 10% de las armas caducas, y para el 2020, la renovación del 70% de todo el armamento.

El primer ministro, Vladímir Putin, manifestó a principios de año que el gobierno destinaría 38.500 millones de dólares a la compra de aviones, armas y tanques, una cifra ligeramente superior a lo que el Estado gastó el año pasado en mejorar el sistema ferroviario, las arterias que transportan mercancías por todo el país y que constituyen la base del programa de inversión en infraestructura.

Con todo, el gasto militar de Rusia no es comparable al de los países de la OTAN, señaló Baluyevsky. Sólo Estados Unidos gasta más de 700.000 millones de dólares anuales en sus fuerzas armadas.

“Estados Unidos representa el 47% [del gasto armamentístico mundial] y el resto de los países de la OTAN representan un 21%, lo que supone aproximadamente un 70% del total. El gasto militar de Rusia no es comparable”, dijo Baluyevsky.

La lista de la compra El gobierno ha elaborado una larga lista de adquisiciones para los próximos años. Para empezar, este año encargará 27 aviones, más de 50 helicópteros, entre 40 y 50 submarinos y una flota de tanques T-90. También contempla la posibilidad de adquirir los nuevos “supertanques” Tiger T-95. Según Putin, en los próximos 10 años la fuerza aérea recibirá más de 1.500 aviones y helicópteros, entre otros equipos que contribuirán a reanimar el ruinoso estado de la industria militar.


El vicealmirante Oleg Búrtsev, Jefe Adjunto del Estado Mayor de la Marina rusa, declaró en el programa de radio Ekho Moskvy que, desde la caída de la Unión Soviética, el sector militar apenas se ha tocado, lo que ahora posibilita el saltarse varias generaciones de armamento y adquirir directamente los modelos más modernos.

Sin embargo, el objetivo del gasto militar de Rusia no se limita a mejorar la potencia de fuego. La inversión forma parte del programa integral de modernización lanzado por el presidente Medvédev. Rusia sigue estando a la cabeza de la producción mundial de armamento militar de alta tecnología, la diferencia es que el Kremlin ha dejado de lado su legendaria aversión a comprar en el extranjero y al fin comienza a comprar armas a sus antiguos enemigos, no sólo por ser mejores que las rusas (que lo son), sino porque quiere copiar la tecnología para mejorar su propio desarrollo armamentístico.

Mientras que China ha realizado fuertes inversiones en laboratorios comerciales con el fin de crear nuevas tecnologías, la mayor parte de los proyectos rusos de I+D siguen concentrándose en la industria militar. Los laboratorios militares continúan produciendo de forma masiva tecnologías de primera línea, como los cazas de quinta generación T-50 presentados el pasado mes de enero, pero fuera de este sector no hay mucho movimiento. La idea es invertir en laboratorios de defensa y utilizarlos como base para la generación de conocimientos técnicos. Reducir el presupuesto en investigación militar sería matar la poca producción de I+D de alta tecnología que aún queda. La conclusión fundamental es que Rusia se ha tragado el orgullo y está comprando una cantidad considerable de armamento extranjero, en particular cuatro portahelicópteros Mistral a Francia, según la operación firmada en XXXX.

“Nunca hemos tenido buques de este nivel. Creemos que es importante comprar armamento de alta tecnología por dos motivos: en primer lugar, para aprender a usarlo y, posiblemente, incluso empezar a producirlo en nuestro país. Este es el principal objetivo de nuestras negociaciones con los franceses,” declaró el ministro de defensa Anatoli Serdyukov en el canal de televisión Rossiya 24 una vez firmado el acuerdo.

Rusia también mantiene conversaciones con otros países y escoge cuidadosamente el armamento que le interesa, como el polémico acuerdo de comprar 1.000 vehículos blindados italianos a Iveco Defence Vehicles, lo que privará de su trabajo a ciudadanos rusos.

En realidad, a Rusia no le va nada mal en lo que se refiere al desarrollo en este campo. La realización del vuelo de prueba de los nuevos aviones de caza T-50 de quinta generación hace que Rusia sea el único país del mundo, además de Estados Unidos, que tiene aviones de combate de quinta generación en activo. De hecho, el T-50 fue la respuesta específica al Raptor F-22 norteamericano, un proyecto que el presidente Obama acaba de poner en suspenso en su afán de reducir costes y buscar fondos para cubrir su enorme déficit presupuestario.

Tras la presentación de los supertanques T-95, que probablemente tendrá lugar este verano durante una exhibición de armamento en la región de los Urales, Rusia será el primer país productor de tanques principales de combate (MBT) de quinta generación. Tanto el avión T-50 como los tanques T-95 están equipados con aparatos electrónicos muy sofisticados, tecnología de antidetección y una potencia de fuego considerablemente mayor. Por ejemplo, el T-95 está equipado con un cañón de ánima lisa de 152 milímetros, que dispara misiles guiados con un alcance de 6.000 a 7.000 metros. El cañón está dirigido por control remoto para aumentar la protección de los tres hombres de la tripulación, protegidos dentro de un tanque blindado.

Según el grupo de expertos del Centro de Análisis de Estrategia y Tecnología (CAST), el vuelo inaugural del T-50 a principios de año demostró que Rusia “se mantiene firme en la segunda posición mundial en lo que se refiere a tecnología militar”.

Estímulo económico Además, hay dinero. Y mucho. Una de las primeras cosas que hizo Putin cuando llegó al poder en 2000 fue echar a los altos funcionarios de la agencia estatal de exportación de armas, Rosoboronexport, y ejercer un control directo sobre ella desde la oficina presidencial. Desde entonces, Putin se ha convertido en el mejor vendedor armamentístico de Rusia y las exportaciones han crecido considerablemente.

En el año 2000, Rusia exportó armamento por valor de 3.000 millones de dólares. Esa cifra superó los 8.000 millones de dólares en 2009 y parece que llegará a los 10.000 millones el presente año, según el jefe del Servicio de Cooperación Técnica Militar, Mijaíl Dimítriyev.

Ejercicios militares. Foto de Nina Doronina.

“Los pedidos de la empresa superan los 34.000 millones de dólares, y en la actualidad tenemos una serie de requisitos previos a la hora de firmar nuevos proyectos de envergadura, en particular con nuestros socios suramericanos,” señaló el pasado mes de marzo Serguei Svéchnikov, director del departamento de Planificación y Análisis de Rosoboronexport. Svéchnikov añadió que los aviones de defensa aérea son el núcleo de la cartera de exportaciones de Rusia.

La exportación armamentística ya forma parte de la política exterior de Rusia. Putin ha vinculado los contratos de armas con la energía, y las vende como paquete conjunto a sus clientes de América del Sur y Oriente Medio. Los dos clientes más importantes de Rusia son India y China, y el Kremlin quiere retener a estos socios mediante la creación de empresas conjuntas para estrechar los vínculos de sus economías. Por ejemplo, India se ha asociado con Rusia para desarrollar conjuntamente el T-50 de quinta generación.

A pesar del volumen de pedidos, la posición de Rusia en el mercado armamentístico global ha descendido en los últimos años y, según el CAST, las exportaciones recientes en términos reales han sido más bien flojas, por lo que es necesario mejorar la producción del sector si el objetivo es seguir creciendo.

Con todo, Rusia es el segundo proveedor de armamento del mundo, detrás de Estados Unidos, lo que representa la mitad del negocio armamentístico global. Y Rusia gasta un tercio de lo que gasta Estados Unidos en armamento. Como señala Felgenhauer, el grueso de las armas que exporta Rusia son de baja tecnología. Muchas pertenecen a las reservas de la era soviética y se venden a países menos desarrollados. Al mismo tiempo, el peligro es que “los ingresos procedentes de la exportación no se están canalizando suficientemente hacia I+D”, advierte Felgenhauer.

Por último, existe una razón pragmática para tener contento al ejército. Rusia es una democracia joven, y la disconformidad sigue presente entre la opinión pública. Durante la crisis constitucional del año 1993, cuando Yeltsin se enfrentó a una Duma de claro dominio comunista, fue la decisión del general Alexander Lebed, que puso su división de tanques a disposición del presidente, lo que marcó el desenlace de lo que pudo degenerar en una guerra civil. Putin siempre se cuidó de dirigir algún halago a los militares en todos y cada uno de sus discursos sobre el estado de la nación mientras fue presidente. Durante la crisis económica mundial de 2009, el sector recibió una dotación de más de 93.000 millones de rublos (3.100 millones de dólares), lo que lo convirtió en uno de los principales receptores de ayudas estatales durante los peores momentos de la crisis.

Mientras algunos se preguntan qué tiene esto de bueno, Felgenhauer señala que la reforma hacia un ejército exclusivamente profesional está en sintonía con el sentir político nacional, que ve que sus hijos han de prestar un año de servicio militar en un ejército que tiene mala reputación por el maltrato que reciben los jóvenes cadetes. “El servicio militar obligatorio afecta la vida de las personas directamente, en cambio la idea de un nuevo buque de combate que cuesta millones de rublos es bastante más abstracta para la gran mayoría,” asegura Felgenhauer.
Es de esperar que, cuando concluya el programa, los soldados rusos formarán parte de uno de los ejércitos más eficaces del mundo, provisto con algo más sustancioso que esos pijamas de colores y navajas curiosas que suele llevar la Guardia suiza del Papa.



Eliminar los dobles sistemas de mando
El Kremlin decreta la creación de cuatro comandos estratégicos unificados, que reemplazan a las seis circunscripciones militares actuales.

Iván Konoválov, Kommersant

Según el decreto aprobado por el gobierno, las circunscripciones militares permanecen como estructuras de mando de las tropas, sobre las que se sitúan los comandos unificados estratégicos Occidente, Sur, Centro y Oriente.

Con esta reforma los niveles de mando en las fuerzas armadas se reducen de 11 a tres. Se eliminan así los dobles sistemas de mando en los nuevos comandos estratégicos. Según afirmaciones del jefe del Estado Mayor, el general del ejército Nikolai Makárov, se ha conformado de manera definitiva el sistema de mando de las fuerzas armadas.

Makárov declaró que la reforma de la estructura y sistemas de mando del ejército culminará el próximo 1 de diciembre.

“Sólo se puede saludar la anulación de la arcaica y extremadamente compleja estructura de mando de las tropas”, declaró al periódico Kommersant Vitalii Shlýkov, presidente de la comisión de Política de seguridad y Legislación militar del ministerio de Defensa. “La creación de un comando unificado en los mandos estratégicos es un método aprobado en todos los ejércitos occidentales”, concluyó.

Algunos expertos dudan de la efectividad de la reforma. Vasilii Zatsepin, del laboratorio de Economía militar del Instituto de Economía de la transición, considera que la reorganización planteada no es más que un experimento que no ofrece respuestas a la cuestión principal: ¿Cómo de efectiva será la conducción de las tropas en el caso de acciones bélicas reales? A juicio del experto, durante la guerra en Osetia del Sur, en agosto de 2008, la dirección de las tropas se llevó a cabo desde el ministerio de Defensa por funcionarios de nivel bajo.


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