Un luchador contra los virus

Alejado de la agitación que reinaba a comienzos de los años 90 en Moscú, un joven matemático trabajaba para darle a la Rusia post-soviética una fama de país rebosante de brillantes combatientes del delito… del ciberdelito, para ser más precisos.
Eugene Kaspersky comenzó a estudiar los virus de ordenador a finales de la década de los 80, cuando en Rusia sólo había ordenadores personales en un puñado de selectas instituciones del gobierno. Ha construido un imperio de 329 millones de dólares eliminando alimañas virtuales y diseñando el software que los detecta y los elimina antes de que causen estragos en los sistemas de sus clientes.

Fundada en 1997, su empresa, Kaspersky Lab, es la cuarta compañía mundial de software antivirus. Con un impresionante crecimiento del 76% entre 2007 y 2008, también es la única empresa rusa en la lista de las 100 principales compañías de software del mundo por sus ingresos (ocupaba el puesto número 76 en 2008).

Kaspersky Lab aún no ha logrado alcanzar a gigantes de los antivirus como las estadounidenses Norton y McAfee de los Estados Unidos o la japonesa Trend Micro, cuyos ingresos en 2008 fueron de 5.800 millones, 1.600 millones y 848 millones respectivamente. Pero su fundador no le da mucha importancia a esto.

“Los deportes nos han enseñado que el ganador no es el equipo con el presupuesto más alto sino el que juega mejor”, dice Kaspersky.

Como cada segundo nace un nuevo software pernicioso, la prioridad de Kaspersky es contratar a más programadores cazavirus para su equipo internacional. Desde enero de 2009 ha incorporado a 25 nuevos ingenieros en software provenientes de San Petersburgo, la segunda ciudad de Rusia en importancia.

En 1991, el año de la caída de la Unión Soviética y cuatro años después de que Kaspersky se graduara como ingeniero matemático en el Instituto de Criptografía, Telecomunicaciones y Ciencias de la Computación de Moscú, una compañía ucraniana de importación de ordenadores le ofreció un puesto de diseñador de programas de protección antivirus.

“Yo había estudiado los virus como pasatiempos pero no sabía que podía ganar dinero con eso”, cuenta el empresario. Dijo que sí de inmediato.

El proyecto era temporal y, poco después de que finalizara, un ex profesor le ofreció trabajar con antivirus para Kami, una de las principales empresas rusas de hardware y software. La compañía le entregó un ordenador y alrededor de cien dólares al mes, algo por lo que Kaspersky se consideró afortunado en un momento en que la tasa de desempleo no dejaba de aumentar.

Desde los cimientos

En los primeros años, los logros del equipo de Kami en el desarrollo de software para la detección de virus y su eliminación pasaron inadvertidos. “Kami vendía en el ámbito nacional pero el mercado del software era prácticamente inexistente en Rusia”, recuerda Kaspersky.

Pero en 1994, el Departamento de Ciencias de la Computación de la Universidad de Hamburgo llegó a la conclusión de que el paquete de herramientas de Kaspersky era el mejor antivirus del mundo. Los teléfonos empezaron a sonar.

El equipo de tres hombres con los que trabajaba Kaspersky pronto se vio inundado de pedidos de empresas europeas y estadounidenses que querían la licencia del antivirus, pero el trabajo administrativo y de ventas que requerían los contratos internacionales enseguida les desbordó. Les faltaba tiempo en el laboratorio, algo que no podían darse el lujo de sacrificar.

En aquel momento, Kami apenas cubría los gastos y no tenía los fondos necesarios para sumar un director de ventas experimentado al equipo. Entonces Natalya, la mujer de Kaspersky en ese momento, que también tenía formación técnica, aceptó echar una mano. Resultó que era hábil para las ventas y las relaciones públicas, y se convirtió en la fuerza impulsora de la decisión del equipo de dejar Kami y fundar su propia empresa de software antivirus en 1997.

Entre 2000 y 2005, la compañía inició operaciones en EE UU, Japón y China. Actualmente, la firma tiene 1.500 empleados en diversos países y continúa su expansión mundial.

El creciente interés por el software antivirus de Kaspersky en Estados Unidos, bastión tradicional de Norton y McAfee, también impulsó a la compañía a instalar una oficina en la costa oeste del país. Convencer a los técnicos de Silicon Valley para que se incorporen a la empresa sin cobrar mayores sueldos será un desafío. «No podemos ofrecer opciones de compra de acciones”. Kaspersky Lab intentó salir al mercado bursátil en 2008 pero la crisis financiera obligó a postergalo indefinidamente. “La empresa es rentable y no necesita más fondos”, explica Kaspersky, que agrega que la dirección, no obstante, conserva los planes iniciales para cuando se recupere la economía.


Planear el futuro

Asegurarse más contratos con empresas impulsará el crecimiento a largo plazo, opina el empresario. “El éxito en el segmento de los consumidores es importante pero los usuarios particulares tienen poca fidelidad a las marcas. La gente cree que no importa demasiado qué antivirus se usa.”

En relación a las empresas, la historia es otra. Cuando encuentran un sistema de seguridad en el que confían, no lo abandonan. Y esto, naturalmente, significa un flujo de ingresos más sostenible para Kaspersky Lab, cuyo segmento empresarial también comprende servicios y consultoría.

Kaspersky Lab espera convertirse en la tercera empresa de software antivirus del mundo en 2011. Eso significaría superar a Trend Micro, que era casi tres veces más grande que Kaspersky Lab en 2008. Aunque el Lab ya es la segunda compañía del mercado minorista europeo, hasta ahora sólo ha podido captar el 5% del mercado global.

“Para nuestros competidores estadounidenses, el mercado nacional es la gallina de los huevos de oro”, explica. “Pero nosotros somos distintos. Nunca fuimos una compañía rusa porque nuestros principales mercados siempre estuvieron fuera de Rusia. Sabemos cómo actuar de manera diferente en diferentes países y prestar mucha atención a las características locales. Es nuestro enfoque global lo que nos permitirá avanzar.”