En todos los frentes: los españoles de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial –cinco meses después del final de la guerra civil española– los españoles lucharon en los dos bandos del conflicto y en todos los escenarios bélicos europeos.

Las ambiciones de los combatientes que lucharon en las filas de los aliados, y que a menudo soñaban con regresar a España liderando un levantamiento contra el régimen franquista, se tornaron en frustración y sufrimiento. Su fascinante historia no ha recibido nunca la merecida atención de la comunidad internacional.

El general Francisco Franco se alzó con la victoria en la Guerra Civil gracias a la ayuda militar de la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini pero, a pesar de las negociaciones que mantuvo, no luchó contra los aliados. Lo que sí hizo Franco fue prestar considerable ayuda a la Alemania nazi: materias primas, obreros y la División Azul, una unidad de entre 15.000 y 18.000 soldados voluntarios que luchó en el frente oriental contra la Unión Soviética.

Ni en Europa y ni en Estados Unidos se sabe prácticamente nada de los varios millares de exiliados españoles que sirvieron en las tropas aliadas. Padecieron años de adversidades, de desconfianza por parte de sus compañeros extranjeros y, finalmente, la desilusión de comprobar que el régimen de Franco sobrevivió más de treinta años a la caída de Hitler y Mussolini.

Quizá la mayor concentración de españoles entre los aliados se dio en el Ejército francés -en la llamada Legión Extranjera- y en las tropas auxiliares de trabajo, entre 1939 y 1940. Hasta 20.000 soldados sirvieron en este ejército, una cifra que casi se duplica en el caso de los obreros. Los que cayeron en manos del Ejército nazi fueron encarcelados. Más de 7.000 soldados murieron en el campo de concentración de Mauthausen.

Otro núcleo importante lo formaron los comunistas españoles que se refugiaron en la Unión Soviética de Iósif Stalin. Para este grupo, que creía en una revolución a escala mundial, el corazón del socialismo internacional estaba en la URSS. Entre los principales comunistas que se alinearon con Stalin cabe destacar la labor de Enrique Líster y Juan Modesto, que con su rango de generales sirvieron tanto al Ejército republicano español como al Ejército Rojo. También Dolores Ibárruri, La Pasionaria, que desde la radio de Moscú emitía mensajes contra Franco y a favor de la URSS durante la Segunda Guerra Mundial.

Los exiliados padecieron unas condiciones de vida duras, sometidos a interrogatorios y encarcelamientos por parte de la policía secreta de Stalin, e incluso ejecutados por supuesta deslealtad al régimen. Stalin desconfiaba profundamente de los representantes extranjeros de la Internacional Comunista.
Otra unidad que se adhirió a las filas de los aliados fue la de los republicanos españoles que sirvieron en la Segunda División Blindada del Ejército Francia Libre, del general Charles De Gaulle. Los casi trescientos hombres reclutados en esta unidad eran expatriados que vivían en las colonias francesas y participaron en varias operaciones en 1944, como los desembarcos de Normandía y la liberación de París.

Un último reducto afiliado fue el de los maquis, o guerrillas españolas de orientación comunista, que se infiltraron al otro lado de los Pirineos hacia finales de 1944 y principios de 1945 con la esperanza de reavivar la guerra española. Muchos eran soldados que habían pasado por la resistencia francesa. Lanzaban ofensivas en las montañas del norte de España. Pronto fueron doblegados por el Ejército de Franco y las fuerzas paramilitares de la Guardia Civil, y los supervivientes de la resistencia volvieron al exilio permanente en Francia. El gobierno español en el exilio, que en 1940 había huido a México, regresó a París en 1946 y allí permaneció hasta su disolución, con la llegada de la democracia a España en 1977.

Todos compartían objetivos comunes: vencer al nazismo y derrocar el régimen de Franco. Esperaban que los aliados equipararan al general Franco con Hitler y Mussolini y ampliaran la guerra al territorio español. No hubo tal apoyo. Estados Unidos, Reino Unido, la URSS y Francia decidieron que era preferible una España débil y aislada que una nueva ola de conflictos en la Península Ibérica. Con la llegada de la Guerra Fría, el régimen de Franco adquirió otro matiz a ojos de los países occidentales, que comenzaron a verlo como un posible aliado.

La lucha de los valientes soldados españoles implicó en la mayoría de los casos un sacrificio personal mucho mayor que el del resto de las tropas, con un futuro absolutamente incierto, incluso para los que salieron victoriosos en la lucha.



Wayne H. Bowen, Ph.D., es catedrático de historia y director de departamento de Southeast Missouri State University, de Estados Unidos. También es autor de cinco libros, entre los que figura su obra España durante la Segunda Guerra Mundial, publicada por la editorial University of Missouri Press.