Belleza por todas partes

“Los ojos de la gente deben entrenarse para ver belleza por todas partes, en las calles, en las estaciones de ferrocarril”. Esa fue la filosofía del siberiano Savva Mámontov, magnate de los ferrocarriles a finales del siglo XIX. El mecenas reunió a los mejores artistas de la época en su colonia creativa en Abrámtsevo, en medio de los bosques que se encuentran al norte de Moscú. Muchos de los pintores cuyas obras enriquecen la Galería Tretiakov de Moscú vivieron aquí y se inspiraron unos a otros. Todavía puede visitarse la propiedad de Abrámtsevo, un museo de arquitectura rusa no contaminada sobre las orillas del pintoresco río Vorya.

Fotos de Phoebe Taplin

 El viaje se inicia, muy apropiadamente, en la antigua estación “Mámontov” de Moscú (ahora llamada “Yaroslavsky”). Este edificio de cuento de hadas, diseñado por uno de los impulsores del Art Nouveau en Rusia, el arquitecto Fiodor Schejtel en 1902, está decorado con bellos azulejos de cerámica realizados en los talleres de Abrámtsevo. La estación, un extremo del legendario Ferrocarril Transiberiano, está inspirada en el norte ruso con torres pequeñas, techo a dos aguas y pinturas de las luces boreales. Los visitantes que llegan a Abrámtsevo toman el tren desde la estación “Yaroslavsky” hasta la estación “Abrámtsevo”. El museo está a 20 metros de caminata siguiendo un serpenteante sendero entre abedules y pinos, por barrancas y puentes tambaleantes.

La modesta casa principal, construida originalmente en madera a fines del siglo XVIII, está ubicada sobre una orilla elevada del río. Unos escalones bajan desde el pórtico hasta una laguna con tres puentes, una escena que aparece en numerosas pinturas rusas. La exposición en el interior está referida principalmente a la familia Aksákov, dueña de la propiedad a mediados del siglo XIX. Entre sus visitantes se contaban grandes de la literatura como Gógol y Turguéniev. También hay cuadros de paisajes locales pintados por miembros del círculo de Mámontov, como Mijaíl Nésterov y Vasili Polenov, y estufas de brillantes colores realizadas por el famoso artista Mijaíl Vrúbel.

Pueden verse más cerámicas de Vrúbel en el “taller” vecino, con sus aleros intrincadamente tallados. Su uso experimental de los glaseados metálicos producía colores brillantes e iridiscentes. También diseñó el banco en cerámica, apodado “Diván con Sirenas”, que todavía mira hacia el valle. La vieja cocina de madera alberga una colección de artesanías campesinas, reunidas por los artistas en busca de un estilo que estuviera arraigado en la cultura rusa. El movimiento “renovador” resultante tuvo una enorme influencia en el arte, la arquitectura, la música y el teatro. El escultor Mark Antokolsky, uno de los fundadores del círculo Abrámtsevo, escribió: “Lo que deseamos ver en el arte son sagas, cuentos de hadas, dramas, la historia del pasado y los sucesos del presente”.

La original casa de baños de Víktor Gartman, con su techo en damero verde y rojo, es un ejemplo temprano de un estilo al que a veces se lo refiere como neo-ruso. Las acogedoras habitaciones están llenas de xilografías de los talleres de Abrámtsevo. Elena Polenova organizó el taller de carpintería a partir de 1885. La joya de la propiedad es la iglesia, dedicada al Icono de Verónica, la imagen del salvador no hecha con manos (¿hecha sin manos?). Este edificio pequeño y espléndido fue el resultado de la colaboración creativa entre varios artistas de Abrámtsevo. Víktor Vasnetsov lo diseñó en 1881, después de estudiar toda una serie de iglesias rusas antiguas, combinando elementos arquitectónicos tradicionales de Nóvgorod, Súzdal y Pskov. El interior íntimo y blanqueado está decorado con una de las colecciones de arte más interesantes en Rusia: un iconostasio en relieve con íconos de Riepin, Polenov y Nésterov, un mosaico y una silla de coro pintada por Vasnetsov y una estufa azulejada realizada por Vrúbel. El primer oficio fue el casamiento de Polenov con la artista Maria Yakúnchikova. Vasnetsov también hizo la casita de juegos para los niños detrás de la iglesia que – con su búho de madera sobre la puerta – se ha convertido en símbolo extraoficial de Abrámtsevo.

Este valle oculto tiene una resonancia espiritual. Aksákov eligió el lugar por su proximidad con el encantador monasterio de Serguiev Posad. Una visitante, Jacqueline Gaskell, dijo: “Creo que toda persona que visite Moscú debería ver Abrámtsevo. Esta campiña rusa, que ha sido tantas veces pintada, da una verdadera idea del alma rusa. Más que cualquier otra propiedad suburbana europeizada, este lugar es Rusia. No podría estar en ninguna otra parte”.

Detalles del viaje

Los trenes a Abrámtsevo salen de la estación “Yaroskavsky” de Moscú aproximadamente cada hora durante el día. Como la estación está muy alejada, sólo se detienen allí los trenes locales, que paran en todas partes, de modo que el viaje es de casi una hora y media. El trayecto rara vez resulta aburrido: además del paisaje de bosques, dachas e iglesias que se divisa por la ventanilla, en el tren puede verse también una procesión de músicos callejeros y vendedores. El boleto de vuelta (¿o de ida y vuelta?) en tren cuesta 231 rublos.

Refrigerios

El elegante restaurante Gallereia abrió hace dos años a unos pasos de la propiedad de Abrámtsevo. El restaurante y el hotel adyacente, en un espléndido estilo neo-ruso con azulejos decorativos, da al valle donde están ambientadas algunas de las pinturas más famosas de Rusia. Un bol de sopa con pan tibio y manteca con hierbas no le hará perder mucho tiempo. El té cuesta 70 rublos, una ganga para los niveles de Moscú. Hay incluso una pequeña sala de juegos y una pajarera para divertir a los niños. Si necesita algo más barato o más rápido, vaya a la tienda local. Este auténtico almacén de pueblo, con ábaco y olor a productos añejos y grasa de cerdo incluidos, puede ofrecerle una taza de café dulce y un bollo con amapolas.