Atentado terrorista: el terror se apodera de Moscú

Dos mujeres suicidas dejaron un saldo de por lo menos 39 muertos y decenas de heridos en los atentados que tuvieron lugar ayer en plena hora pico del “metró” de Moscú

La primera explosión tuvo lugar en la céntrica estación “Lubianka” poco antes de las 8 de la mañana y provocó la muerte de 12 personas y decenas de heridos. La segunda ocurrió 45 minutos después, en la concurrida estación de “Park Kulturi”, donde hubo otros 26 muertos y varias decenas de heridos.

El atentado es una brutal y renovada apelación a los conflictos, al terror y la miseria del Cáucaso tras un periodo de calma relativa. Sin embargo, hubo una serie de advertencias: en 2009 los enfrentamientos entre el gobierno y los terroristas aumentaron en Daguestán, Ingushetia y Chechenia.

Lo que no sabemos es si estos atentados serán el inicio de una nueva oleada. El último episodio se registró en 2009, cuando una bomba hizo descarrilar el rápido “Nevski Express”, que se dirigía a San Petersburgo desde Moscú. Veintiséis personas murieron y unas cien resultaron heridas. Rusos y moscovitas se preguntan en este momento qué seguirá a los brutales atentados de ayer. Hay un miedo generalizado a que la agitación y el terror fundamentalista del sur de Rusia se apoderen nuevamente de las calles del país.

Algunos de los usuarios del “metró” exigieron al gobierno que tome medidas enérgicas en el Cáucaso.

‘Permanecí en estado de shock. La onda expansiva me dejó sorda, pero al principio no pensé en un atentado terrorista. Después vi el humo y comprendí que había sido una explosión. Lo único que quería era salir de ahí.’
Alexandra Antónova, testigo presencial

“Las autoridades federales recurren cada vez más a métodos económicos para abordar los problemas del norte del Cáucaso,” señala Nikolai Petrov, experto en seguridad del Centro Carnegie de Moscú. “Un ejemplo es el reciente nombramiento del liberal Alexander Jloponin como representante del presidente en la región”.

“Sin embargo, el progreso ha sido relativo” agregó Petrov. “Este atentado demuestra que las armas siguen vigentes aun cuando la guerra ha terminado, y que las bandas siguen siendo fuertes. De hecho, la región del Cáucaso es inestable desde los tiempos soviéticos”.

Explosión en metro de Moscú (testigo)


El objetivo de las bombas del lunes era sembrar el pánico y causar el mayor número de víctimas posibles. Las dos ”shajidas” suicidas hicieron detonar los explosivos de los cinturones que llevaban adheridos en concurridas estaciones que son también importantes intercambiadores de la red subterránea metropolitana. En ellas, y sobre todo en horas pico, grandes flujos de trabajadores y estudiantes efectúan sus transbordos cada día.

El primer ministro Vladimir Putin acortó su viaje por Siberia para regresar a Moscú y tomar la iniciativa en respuesta a la emergencia. “Destruiremos a los terroristas,” afirmó.

“El éxito de Putin en cuanto al restablecimiento del orden y las medidas estabilizadoras en la zona está paradójicamente avivando la actividad extremista”, afirma Lilit Gevorgyan, analista de Global Insight. “Se trata de una respuesta violenta contra el estado, el cual acaba de renovar esfuerzos para mantener la región bajo control”.

Por otra parte, los hechos de corrupción complican aún más la situación. Los medios de comunicación rusos informan sobre la malversación de que han sido objeto los mil millones de dólares anunciados para la reconstrucción económica de la región .

El atentado es una copia exacta de uno de los últimos y más serios registrados en Rusia, perpetrado en el “metró” de Moscú en febrero de 2004, cuando unos terroristas suicidas causaron la muerte de 41 personas y dejaron un saldo de 250 heridos tras la detonación de una bomba a las 8:31 de la mañana en uno de los vagones del convoy que se dirigía a la estación “Pavelétskaia”. La onda expansiva deformó el vagón y agujereó el techo, según un testigo presencial. La policía atribuye el atentado a los terroristas chechenos, aunque todavía no se sabe quién fue el cerebro de aquella operación.

A pesar del caos y de la confusión, las multitudes atrapadas el lunes en el subterráneo no perdieron la calma y subieron las escaleras de acceso a los trenes de la línea circular adyacente o salieron a la calle utilizando las salidas establecidas. Fueron tantas las personas que llamaron a sus allegados que la cobertura de telefonía móvil colapsó; algunas compañías se vieron sobrepasadas momentáneamente por la demanda, otras quizá fueron bloqueadas por las autoridades a fin de determinar si los teléfonos jugaron algún papel en los atentados.

Los primeros informes indican que los servicios de emergencia actuaron con rapidez y que el personal del “metró” permaneció en sus puestos para garantizar la seguridad de la multitud de usuarios. Pero el denso tráfico de Moscú retrasó los intentos de rescate hasta que, finalmente, la llegada de helicópteros permitió el traslado de los heridos graves al hospital.

Rusia tiene demasiada experiencia en este tipo de tragedias. Además del atentado de “Pavelétskaia”, se registraron al menos otras cinco detonaciones de bombas en lugares públicos desde el inicio de la primera guerra chechena, a mediados de los 90.

Quizás el atentado terrorista más recordado sea el asalto al colegio de Beslán, el 1 de septiembre de 2004. En aquella ocasión hubo 331 víctimas mortales, incluyendo más de 200 niños.

Aunque el número de grupos armados en el Cáucaso ha disminuido, los que permanecen se han hecho más extremistas.

“El movimiento separatista lo tenía muy difícil porque la situación se iba volviendo insostenible” señala Gevorgyan, de Global Insight. “La creciente prosperidad de la región dividió los grupos, pero los que continúan en la lucha defienden ideas cada vez más fundamentalistas”.

En un principio, estos grupos querían separarse de la Federación Rusa, pero muchos de ellos fueron invitados a formar parte de la nueva administración, indicó Gevorgyan. Los líderes de los grupos que sobrevivieron tienen un nuevo objetivo: ahora reclaman el establecimiento de un califato islámico en el norte del Cáucaso y en la región del Caspio, una antigua consigna de Al Qaeda.

La extrema pobreza de la región ha alimentado el fundamentalismo. Mientras el resto del país ha visto cómo se multiplicaban por diez los ingresos en la última década, el desempleo en Chechenia alcanza a un abrumador 80%. Por otra parte, aún existe resentimiento por la brutalidad con la que las fuerzas rusas trataron a la población local durante las dos guerras, lo que genera un caldo de cultivo para los rebeldes y suicidas.

“Si [el Kremlin] recurre a la mano dura como respuesta -señala Petrov- volveremos a presenciar la inútil supresión de ciertos elementos religiosos y un círculo vicioso de ataques y contraataques. Lo más importante es resolver la situación del norte del Cáucaso. Todavía hay jóvenes, en algunos casos de familias acaudaladas e influyentes, que se incorporan al movimiento insurgente, lo que demuestra que los problemas de la región son profundos y complejos”.

Las dos estaciones que sufrieron los atentados del lunes tienen un significado especial. En la plaza Lubianka se encuentra la sede del Servicio Federal de Seguridad (SFS), en lo que era el edificio del antiguo KGB. Y en Park Kulturi, nada más cruzar la avenida circular, se encuentra el enorme edificio donde se albergan varios de los más importantes medios informativos rusos, entre ellos la gigante agencia estatal Ria Novosti y el canal de televisión “Russia Today”.

Matanza en la ciudad: una mujer llora en la estación “Lubianka”, lugar del atentado terrorista, en pleno corazón de Moscú. Dos shajidas suicidas se autoinmolaron en sendos vagones del colmado “metró” durante la hora pico matinal. Una de las estaciones está en las inmediaciones de la antigua sede del KGB y la otra, enfrente de un gran edificio ocupado por importantes medios de difusión. Los equipos de rescate tuvieron que extraer cadáveres y trasladar decenas de heridos, muchos de ellos en estado crítico.

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