Unidad y Solidaridad

Y la furia suele dirigirse no sólo a los autores del hecho, sino también al gobierno. Por lo tanto, los atentados son un arma poderosa que repercute profundamente en la sociedad, lo que constituye el principal objetivo psicológico de estos ataques.
Es imposible tapar con estadísticas la imagen de una matanza pública que ha quedado impune. Los atentados ponen de manifiesto la debilidad de las autoridades y la vulnerabilidad de la población. Su finalidad es simple: demostrar la fortaleza de los terroristas y convertir a toda la sociedad en una víctima.

La lógica es sencilla: en la guerra todo vale. Como en el combate directo somos más débiles, ampliamos la zona de guerra a todo el país. Así actúan los terroristas de todo el mundo. Si, el terrorismo es un fenómeno global.

Queda igualmente demostrado que los autores de muchos atentados terroristas son islamistas. Negar este hecho evidente en aras de la corrección política es tan absurdo como culpar colectivamente a los millones de musulmanes que viven en paz en países mayoritariamente cristianos. Y sin embargo, eso es precisamente lo que quieren los terroristas: que a todos los musulmanes se les tache de “extremistas potenciales”.

Es evidente la falta de solidaridad que existe en la lucha contra el terrorismo. Los terroristas sí que cuentan con esta solidaridad. Existe una “red global” del terror muy bien organizada. Este sistema, gracias al cual mucha gente se reconoce a distancia por su “olor ideológico”, les permite colaborar y coordinar acciones con gran eficacia. Por lo tanto, existe una “internacional terrorista” de extremistas islámicos. Nos guste o no, debe existir una alianza mundial de solidaridad que contrarreste a esta red internacional del terror. La lucha contra el terror en el Afganistán musulmán es la misma lucha contra el terror en el norte del Cáucaso. Somos aliados del gobierno afgano. Allí también luchan por la defensa de nuestros intereses, del mismo modo que nosotros luchamos en el norte del Cáucaso por la defensa de los suyos.

¿Qué es lo que impide la concertación de una “coalición antiterrorista.”? Los profundos desacuerdos ideológicos y políticos. Aunque estos desacuerdos entre los EE.UU. y la URSS eran más profundos en 1941 que en la actualidad, la diferencia estriba en que en aquel tiempo comprendíamos que una amenaza común tiene la capacidad de unir. Hoy en día, a todos nos falta este entendimiento. Aunque pareciera que nuestras antiguas diferencias ideológicas se han podido resolver casi en su totalidad. Al menos por nuestra parte.

Son incontables las veces que he oído conversaciones absurdas sobre la evidencia de que hay “fuerzas occidentales” detrás de los atentados terroristas. En honor a la justicia debo decir que este tipo de rumores ha perdido popularidad en los últimos tiempos. Pero esto no es suficiente. La incapacidad de distinguir la verdadera amenaza y confundir así los posibles enemigos y aliados de uno es la mejor manera de perder la batalla. En Rusia tenemos un concepto único del terror. Si somos sinceros, debemos confesar que para nosotros el terror es lo que sucede “en Rusia”.

Y por “Rusia” entendemos los territorios que hay dentro de nuestras fronteras a excepción del norte del Cáucaso. En la mente de muchos rusos hay una línea divisoria entre esa región y el resto de Rusia. Lo único que puede atravesar este prisma que domina nuestras mentes son los atentados más extremistas, los cometidos a una escala verdaderamente impactante, como el de Beslán.

Son contadas las ocasiones en las que nuestra opinión pública registra los atentados “normales” que allí ocurren casi a diario como algo fuera de lo común. Nos hemos acostumbrado a ellos y no me sorprendería que los habitantes de esas regiones tengan una actitud simétrica hacia el resto de Rusia. Es probable que estos sentimientos vuelvan a nosotros como un búmeran. El terror está conectado como las venas y las arterias del organismo. Su punto crítico fue durante el año 2004: atentados en el “metró” de Moscú, explosiones aéreas, Beslán y el asesinato del presidente checheno Ajmat Kadyrov, padre de Ramzat, el actual jefe de estado en Chechenia. Sólo en ese año murieron más de 500 personas.

Después hubo una cierta calma. La batalla continuaba en el norte del Cáucaso pero, según nos aseguraban, con menor intensidad. Sólo quedaba reducir a unos cuantos “alborotadores”. Evidentemente, no había forma de saber con objetividad si el número de “alborotadores” disminuía o no, ni qué es lo que exigían exactamente. Ahora estamos sufriendo nuevos ataques: el del tren “Nievski Express” (27 muertos) el 27 de noviembre pasado y sólo cuatro meses después, 34 muertos y decenas de heridos en una explosión perpetrada “delante de las narices” del SFS. Mientras, en el horizonte se vislumbra el gran juego político de las elecciones presidenciales y parlamentarias en 2011 y 2012.

En función de esto haré un humilde comentario ya que no soy experto en seguridad. El SFS ostenta el mismo nivel de profesionalidad que el resto de nuestro gobierno (que deja mucho que desear). Por lo tanto, esa es la calidad de su trabajo. La pregunta es: ¿qué tenemos que cambiar globalmente en nuestro gobierno? Hoy en día, tenemos una estructura gubernamental igualmente “fuerte” en todas sus facetas: si no hay cambios, es posible que no supere la cita que plantea ese porvenir.

Leonid Radzijvsky es columnista de Rossiiskaia Gazeta.