Los desafíos, justo a mitad del camino

Estratégicamente, Medvédev se las ha arreglado para no perder de vista su agenda de modernización, a pesar de los monumentales descalabros generados por la crisis financiera global y de la guerra con Georgia en 2008. También se las ha ingeniado para lanzar la “modernización” como una cuestión de vida o muerte para Rusia, haciéndola tan cercana como sólo puede serlo una causa nacional. La modernización como objetivo inexorable de Medvédev ha creado una agenda política completamente nueva, abriendo la puerta al renacimiento de la ideología del “progresismo” en Rusia.

Medvédev ha hecho de la reforma de la policía una pieza fundamental de su agenda política, buscando con ella la transformación y la reconstrucción de una de las instituciones públicas más corruptas e ineficientes de Rusia.
La política exterior del presidente ha tanteado con éxito la “apertura de Obama y Sarkozy” que trae de vuelta a Rusia desde su destierro, después del “discurso de Munich”, de Vladimir Putin. Su presidencia ha creado un decidido sentimiento de creación de oportunidades en el país, una atmósfera que muchos han abrazado con pasión como precursora de una democratización completa, mientras que otros lo ven, sin disimulo, con aprensión e incluso con miedo a que su vida se derrumbe.

Y aquí radica el mayor reto de la presidencia de Medvédev: ¿Puede vender el “cambio” como medio para unir al país, o dejará que sea transformado en el levantamiento peligroso y disruptivo que algunos rusos quieren llevar a cabo de nuevo?

Sus políticas están fallando en atraer el apoyo público generalizado (el 66% de los rusos no creen que “la batalla contra la corrupción política” de Medvédev tenga éxito, mientras que sólo el 11% está entusiasmado con su planificación para la “modernización,” según una reciente encuesta del Levada Center), precisamente porque la gente es escéptica respecto a su habilidad para transformar el país sin causar estragos en sus vidas personales.

Muchas de las reformas que tiene en su agenda son percibidas por el público como “mucho ruido y pocas nueces”, mientras el propio Medvédev continúa siendo visto como alguien “que depende de Putin”. En diciembre de 2009, el 30% de los rusos dijeron que “todo el poder está en manos de Putin”, mientras que sólo el 12% cree que Medvédev esté completamente al mando, según revela otra encuesta de Levada.

Sin embargo, la encuesta de la opinión pública en este caso no refleja con exactitud la realidad.

Estilo de conducción

En dos años de desempeño como presidente, Medvédev cesanteó a cuatro gobernadores, 18 generales de la milicia (policía) y 20 funcionarios que ocupaban altas jerarquías en el sistema penitenciario, así como a decenas de otros burócratas más pequeños. Luego de la lamentable participación del equipo ruso en los Juegos Olímpicos en Vancouver, el presidente declaró que todos los responsables deberían renunciar. “Si ellos no pueden, nosotros los ayudaremos”, fue su tajante observación. A los dos días, el titular del Comité Olímpico ruso presentó su renuncia.

El enfoque que Medvédev utiliza para la dirección del país se distingue fundamentalmente del enfoque de Putin quien, pese a su imagen de duro, se volvía muy blando cuando se trataba de despedir a alguien. En ocho años de presidencia, Putin no echó casi a nadie incluso luego de fracasos muy sonados.
Por otra parte, Putin no ocultaba su relación negativa con respecto a la cesantía de funcionarios. Además, subrayó en repetidas oportunidades que el despido de unos funcionarios y la designación de otros con frecuencia conducía a “los mismos resultados o incluso a peores”.

En este aspecto, Medvédev es totalmente diferente. Luego de la muerte en la cárcel del abogado Serguéi Magnitski en noviembre del año pasado, Medvédev echó a 20 guardias y policías. El mes pasado dos viceministros del Interior y 16 funcionarios del mismo ministerio fueron también despedidos.

Sin pensar en rangos

Muchos piensan que Medvédev tiene un acuerdo informal con Putin para no cesantear a altos funcionarios, por ejemplo a ministros, sin la aceptación del primer ministro. Sin embargo, el 16 de marzo Medvédev llevó a cabo con ministros y gobernadores una conferencia “online” sobre el cumplimiento de sus órdenes, en el curso de la cual, por lo visto, desechó esas dudas de los politólogos.

Durante la conferencia, Medvédev directamente amenazó con echar a los funcionarios responsables por el incumplimiento de las tareas encomendadas y por las propuestas de diferir los plazos de su ejecución: “Si llega a tener lugar una postergación de ese tipo, (…) junto con la carta de postergación del plazo de la tarea, como ustedes me escriben habitualmente, propongo ‘diferirla’ simultáneamente con la adopción de medidas por la responsabilidad de personas concretas, incluyendo la cesantía, independientemente de sus jerarquías y títulos”, subrayó con dureza el presidente.

Tales acciones reflejan el hecho de que el presidente, siendo más abierto y liberal que su antecesor, está dispuesto a adoptar decisiones más severas.
En vista de las medidas por venir, más allá de las encuestas, estas decisiones podrían provocar cambios para mejor.

El artículo contiene análisis aparecidos en los diarios “Védomosti”, “Kommersant” y de Russiaprofile.org



Una Primera Dama multifacética

Cristiana ortodoxa, autora de un blog y una mujer a la moda, así se la ve a Svetlana Medvédeva como Primera Dama. Asidua participante en foros y congresos dedicados al renacimiento de los valores ortodoxos, dedica a la educación de Ilya, el hijo del matrimonio presidencial.
La otra cara de Svetlana Medvédeva es la de dama mundana, viajera y promotora de la moda, que luego de mudarse a Moscú, trabó amistad con muchas personalidades de la cultura y del espectáculo. 


Rock y fotografía; el hombre tras la máscara presidencial

Ya antes de las elecciones, Dmitri Medvédev procuraba resaltar su cercanía con los ciudadanos. El presidente es un activo usuario de Internet y uno de los primeros políticos rusos que abrió su blog en la plataforma más popular de Rusia: livejournal.com. El blog presidencial es muy visitado y Medvédev realmente presta atención a los mensajes con quejas. Más de una vez, expresó en reportajes su afición al rock. Su grupo predilecto es Deep Purple, a cuyo concierto asistió a finales de 2008. “Éntró al camarín y hablamos un poco” afirmó luego el solista del grupo, Ian Gillan.
Hace poco, Medvédev reveló que desde mediados de los 70 era un gran aficionado a la fotografía. Ahora regresó a su hobby, pero se “lamentó” de que el status presidencial le impida fotografíar a la gente. “Se vería extraño si corro con mi cámara a tomar fotos de alguien. Me temo que la gente simplemente no lo comprendería”, se rió el actual presidente de Rusia. En enero de este año la foto que Medvédev tomó del Kremlin de Tobolsk fue subastada para beneficencia en 51 millones de rublos (1.700.000 dólares).