El Kremlin al rescate de la industria automotriz

Putin se presentó en televisión a principios de marzo convocando a los rusos a comprar un vehículo de industria nacional, al tiempo que se acelera el plan de rescate del Kremlin para salvar al castigado sector.
“Me gustaría aprovechar esta oportunidad para exhortar a nuestros ciudadanos a no retrasar su compra si están planeando adquirir un automóvil", dijo Putin durante una reunión del presidium.

El primer ministro adelantó que el gobierno pagaría hasta 50.000 rublos (1.500 dólares) por cualquier automóvil fabricado antes de 1999 si el dueño decidiera comprar un nuevo automóvil producido en Rusia, en uno de los casi 1.600 concesionarios existentes en el país. El estado también subsidiará el pago de los intereses de los préstamos ofrecidos por más de 100 bancos para la compra de automóviles. Putin informó que se ha destinado una partida de 10.000 millones de rublos (300 millones de dólares) para financiar el programa este año.

Rusia lanzó su propia versión del programa “recambio” el 8 de marzo, con la promesa de aplicar 6.000 millones de dólares para subsidiar la venta de automóviles fabricados en Rusia. Esto forma parte de un paquete de rescate por valor de 60.000 millones de dólares que funcionará durante los próximos 10 años y que, supuestamente, pondrá al tambaleante sector en pie. Putin ha afirmado que espera que los incentivos impulsen la venta de unos 200.000 automóviles más.

Según declaraciones de una fuente del Ministerio de Industria y Comercio ruso a Prime Tass a principios de marzo, el programa de subsidios podría extenderse hasta el año 2013. Sin embargo, en sus comentarios televisivos, Putin se cuidó de confirmar la continuidad del programa el año próximo.

Programas similares aplicados en los Estados Unidos y Europa resultaron sumamente exitosos, ya que los clientes tuvieron la oportunidad de cambiar sus viejos automóviles por nuevos a precios más bajos. En Rusia el programa tiene una importancia adicional pues además de darle al debilitado sector (y a la economía en general) una necesaria inyección, también existe una dimensión política: un millón y medio de personas trabaja en la industria automotriz (casi la totalidad de la economía local de Togliatti, ciudad sede del gigante estatal AvtoVAZ, depende de la fábrica), y al Kremlin lo aterra el malestar político que podría provocar un cierre a gran escala de plantas automotrices.

Moscú está a punto de adoptar una nueva estrategia diseñada para evitar que el sector colapse. El gobierno proporcionará algo menos de la mitad de los 55.000 millones de rublos que necesita la industria para arreglárselas durante este año, con más dinero prometido hasta 2014. En conclusión, el estado dice que el sector necesita un total de 630.000 millones de rublos durante los próximos 10 años para transformarse y tener posibilidades de competir con los fabricantes internacionales en igualdad de condiciones.

La mayor parte del dinero se destinará a investigación y desarrollo, dado que el mayor éxito de AvtoVAZ sigue siendo un simple plagio del Fiat 124, que circuló por las rutas italianas y del mundo, incluyendo América Latina, hace más de 40 años. Los fabricantes de automóviles rusos invierten sólo un 1% de sus ganancias en investigación y desarrollo, frente al 4-5% invertido por las compañías extranjeras, de acuerdo con el borrador de estrategia automotriz filtrado a la prensa local.

Las compañías automotrices rusas necesitan invertir al menos 44.000 millones de rublos por año para igualar a los fabricantes de automóviles occidentales, según concluye el informe. En resumen, Rusia necesita invertir un total de 1,8 trillón de rublos antes de 2020 para modernizar al sector, según comentó una fuente del Ministerio de Industria y Comercio a Prime Tass a principios de marzo. El gobierno proporcionará aproximadamente la mitad de esta suma, el resto se obtendrá de inversores extranjeros.

Y eso sólo en cuanto a las compañías automotrices. La producción de repuestos y componentes en la práctica desapareció; la productividad laboral es un 50-70% más baja que la de Japón y el equipamiento de las fábricas se encuentra viejo y desactualizado. Según un informe, los trabajadores rusos tardan tantos días en fabricar un automóvil como horas tardan los trabajadores japoneses.

Mercado automotriz

El sector automotriz ruso se ha resentido más que cualquier otro sector por la reciente crisis. Los fabricantes rusos de “Ladas” y “Volgas” debieron cerrar sus fábricas durante semanas cuando a principios de 2009 las ventas cayeron en picada. Incluso los fabricantes extranjeros afincados en Rusia, que en los últimos años habían trasladado su producción a ciudades como San Petersburgo y Kaluga, vieron tambalear sus ventas debido a una caída de casi dos tercios en la demanda.

La crisis ha supuesto un durísimo golpe para la industria automotriz. Rusia se convirtió durante un breve lapso de tiempo en el mercado automotriz más grande de Europa. En los primeros seis meses de 2008 el número de automóviles vendidos (tanto de marcas locales como internacionales) superó por muy poco a Alemania, alcanzando a 1,65 millón de unidades. Sin embargo, cuando la economía se frenó en septiembre de 2008 las ventas simplemente se detuvieron y para todo este año se estima que Rusia venderá un total de 1,4 millón de unidades.

Los fabricantes rusos de automóviles ya tenían problemas. Sin liquidez y con la carga de una mala administración, AvtoVAZ luchaba por mantenerse a flote ante al desafío que representaba la avalancha de importaciones y la creciente marea de marcas internacionales fabricadas en el mercado local; a mediados de 2008 la venta de modelos extranjeros también superó la de modelos rusos. Los automóviles de AvtoVAZ son más baratos que las marcas extranjeras, pero la aparición de sistemas de crédito para la compra de automóviles ha colocado en los últimos años a los modelos extranjeros al alcance del ruso medio; si tienen la posibilidad de hacerlo, los consumidores rusos siempre preferirán adquirir un modelo extranjero.

Además de inyectar dinero al sector, el gobierno ha estado presionando a la firma franco-japonesa Renault-Nissan para que ofrezca más soluciones al problema de AvtoVAZ. Renault compró el 25% más uno de las acciones pertenecientes a su socio ruso en AvtoVAZ, y a finales del año pasado Putin advirtió a con que retiraría su participación en la empresa si el socio extranjero no se involucraba más en ella.

En vísperas de que Putin lanzara el programa “Recambio”, el brasileño Carlos Ghosn, presidente y CEO de Renault-Nissan, apodado “el asesino de costes”, declaró al canal estatal Russia Today que la alianza está lista para considerar un aumento de su participación en AvtoVAZ, de lo que se deduce claramente que el Kremlin continúa ejerciendo su política de mano dura con la empresa. “Creemos que el 25% es una muy buena participación para iniciar una cooperación a largo plazo”, dijo Ghosn. “Si el gobierno ruso quiere que vayamos más lejos, lo pensaremos”, declaró, y agregó que desea que la participación de AvtoVAZ en el mercado aumente del actual 33% al 40% en los próximos 10 años.

Por otro lado la empresa GAZ, productora del “Volga” (el “otro” automóvil de Rusia) y perteneciente al multimillonario Oleg Deripaska, afirmó a principios de marzo que tenía intenciones de asociarse con un fabricante de automóviles extranjero, cuyo nombre no ha sido revelado. Un tercer productor ruso, Sollers, ya se ha asociado con la italiana Fiat.

El estado intenta ahora evitar las protestas de los trabajadores de la industria automotriz, ya que el rescate de AvtoVAZ ha venido acompañado de los inevitables despidos. Se desconoce el número exacto de trabajadores que perderán su trabajo, pero la compañía comunicó en diciembre que cesantearía a algo más de 71.000 empleados a principios de este año.

Parte del paquete de rescate anunciado por Putin incluye 4.000 millones de rublos del presupuesto para ocupar los desempleados de la industria automotriz en la región de Samara, donde está ubicada la planta de la compañía. Sin embargo, estos planes generarán como máximo unos pocos miles de puestos de trabajo. El Kremlin se enfrenta a una situación difícil mientras espera que el plan de rescate comience a dar sus frutos.