Levantando a Stalin

Stalin sale a relucir cada vez que los poderes, ya sean locales o estatales, necesitan crear una distracción para desviar la atención de los hechos que repercuten negativamente sobre su gestión.
La demolición de casas y dachas (casas de campo) en el poblado de Riéchnik, a las afueras de Moscú, es un buen ejemplo de ello. El rápido derribo motivó un importante alboroto en la prensa y obligó a que el presidente Dmitri Medviédiev ordenara a la Oficina General de la Fiscalía que comprobase si habían sido violados los derechos de los residentes del lugar. Los resultados de esta investigación podrían dañar gravemente la reputación de Yuri Luzhkov, desde 1992 inamovible alcalde de Moscú.

Entra Stalin. Antes del 65 aniversario de la victoria soviética en la II Guerra Mundial, los retratos del “padre de todas las naciones” serán expuestos por todo Moscú en puestos de información. Los carteles incluirán textos explicativos del papel que cumplió Stalin como supremo comandante en jefe y su contribución a la derrota del fascismo. Los afiches serán diseñados por el Comité de Publicidad de Moscú. Este comité es liderado por Vladimir Makárov quien, recientemente, fue puesto en libertad de un centro de detención donde se encontraba a la espera de un juicio por cargos de corrupción. En su primera conferencia de prensa después de que se le concediera la libertad bajo fianza, Makárov dijo que las organizaciones de veteranos habían pedido que los puestos de información fueran levantados en el centro de la ciudad, y que describieran el papel que Stalin jugó en la guerra.

La idea fue denunciada inmediatamente y no sólo por los activistas pro-derechos humanos.

“No se está faltando a la verdad: Stalin jugó un papel en la guerra, eso es un hecho,” dijo el ex-presidente soviético Mijaíl Gorbachov. Sin embargo, agregó: “Me parece que ya hemos comprendido todo sobre Stalin, lo que pasó y como pasó debería recogerse objetivamente en los libros de lectura y en los de texto.” Gorbachov puntualizó que “Stalin cometió muchos errores, especialmente al comienzo de la guerra y en sus primeras etapas.”

La iniciativa de las autoridades moscovitas fue también rechazada por Boris Gryzlov, titular de la Duma (cámara de diputados de Rusia) quien, como Luzhnov, es dirigente del partido oficialista Rusia Unida. “Haciendo referencia a los resultados de la Gran Guerra Patria –apuntó-, podemos decir que la victoria no fue para Stalin sino para el pueblo.” Gryzlov subrayó el papel que desempeñó el pueblo ruso, especialmente los veteranos que lograron la victoria. “No se puede retocar con carteles el ambiguo papel que jugó Stalin en la vida de nuestro país”, añadió.

Esta no es la primera vez que en Rusia se ha intentado utilizar historias sobre Stalin y el stalinismo para hacer relaciones públicas. El pasado otoño, al comienzo de la campaña electoral para la Duma de Moscú, las autoridades metropolitanas restauraron una decoración de estilo soviético en la estación “Kúrskaia” del metro (subterráneo). La decoración, a base de ribetes dorados, se refiere a un verso del himno nacional de la época de Stalin: “Stalin nos educó en la lealtad al pueblo.” Las autoridades de la ciudad también planeaban reponer un busto de Stalin, pero el intento desencadenó un acalorado debate público.

La idea de restablecer públicamente la imagen de uno de los tiranos más sanguinarios de la historia de la humanidad llega en una época algo delicada para el poder establecido. El gobierno moscovita procura sobrellevar la tormenta desencadenada por el escándalo de Riéchnik, mientras que las autoridades federales están intentando lidiar con las repercusiones de dos importantes manifestaciones (en Kaliningrado, la antigua Königsberg, y en la siberiana Irkutsk) donde miles de personas en una acción sin precedentes se volcaron a las calles con carteles que incluso reclamaban la dimisión de Putin.

Dada la errónea actitud hacia Stalin por parte de la elite rusa y los intentos por incluir su nombre en el contexto político actual, la apelación a “nuestro líder y maestro” no es una mala forma de distraer a la gente de problemas más apremiantes.

El deseo de imponer su propia agenda política a la sociedad y determinar los principales temas de discusión en los medios de comunicación es un sello de la máquina propagandística creada durante la presidencia de Putin. Este sistema también apela a la imagen de los enemigos extranjeros. Pero debido a las actuales circunstancias (negociaciones con EEUU para reducir las armas estratégicas, la elección de Víktor Yanúkovich como nuevo presidente en Ucrania, la imposibilidad de utilizar a Georgia para lograr una eficaz distracción de la gente en Rusia), tendrán que encontrarse otras estratagemas en las que se pueda confiar.

Se ha hablado y escrito mucho sobre por qué Stalin y el stalinismo continúan siendo traumáticos para la sociedad rusa y por qué provocan, inevitablemente, un tenso debate. El poder establecido prefiere que la sociedad y la oposición discutan sobre los retratos de Stalin en el medio de Moscú que sobre la demolición de casas en Riéchnik, la masiva manifestación en Kaliningrado o la “brillante demostración” de un policía ebrio conduciendo un Mercedes.