Cómo son las familias rusas

Vladímir Smirnov / TASS
En Rusia, el porcentaje de familias que viven en un entorno familiar sano ronda el 15%. El resto de familias son disfuncionales y su nivel de felicidad se encuentra por debajo de la media. La culpa la tienen factores como el nivel de implicación del padre o el grado de exigencia impuesto a los hijos, así como el exceso de responsabilidad de la mujer o las expectativas frustradas del matrimonio. Publicado originalmente en ruso en Afisha.Gorod.

Adriana Imj trabaja desde 2007 con sus clientes en sesiones grupales e individuales. Está especializada en relaciones familiares. Imj destaca que muchos de los problemas de los rusos se deben al modelo de crianza de los hijos. Precisamente la especialista ha realizado un estudio sobre este tema que indica que en Rusia el porcentaje de familias que viven en un entorno familiar sano ronda el 15%. El resto de las familias son disfuncionales, y el nivel medio de felicidad de los encuestados no llega al nivel medio del test.

En Rusia hay muy poca gente que sea feliz y esté en paz consigo mismo y el mundo. “En la franja de edad de mis clientes, de 25 a 45 años, hay muchas personas y familias traumatizadas. En Rusia encontramos, en concreto, muchos padres indiferentes, especialmente entre los hombres –explica–. Incluso si hay un hombre en el seno de la familia, este no se implica en la relación parental. En el extranjero este modelo de crianza se llama neglect. En ruso ni siquiera tenemos una traducción precisa para el término, porque aquí no se considera un gran problema. Si ambos progenitores adoptan este comportamiento, sus hijos tendrán tendencia al suicidio y desarrollarán conductas criminales.

Pautas extendidas

Además, la especialista destaca que tiene que abordar casos de madres demasiado intransigentes que exigen a sus hijos que lleguen al mundo dotados de todo un conjunto de competencias. “Lo único que se consigue con esto es que el niño caiga en el estupor. Se va atascando, o se ve obligado a realizar un gran esfuerzo, experimentando un sentimiento de culpa o vergüenza constante porque ve que es incapaz de hacer feliz a sus padres. Mayoritariamente trabajo con este tipo de traumas”, explica Adriana.

El segundo modelo más extendido entre las familias rusas es el de los padres volubles, que van modificando sus exigencias sobre la marcha, con lo que el niño nunca llega a tiempo de adaptarse a ellos. “Hay mucha violencia verbal y vejaciones: eres torpe, inútil, tonto, nunca conseguirás nada, nadie te necesita. Los pacientes que sufren las consecuencias de este tipo de trato también son frecuentes”, destaca la psicoterapeuta.

En las familias suele haber violencia. “Marido y mujer se insultan mutuamente, insultan a sus hijos, les pegan, les castigan… Hay mucha violencia material y sexual”.

Las mujeres tienen que lidiar con la idea del sacrificio. “La mujer rusa está convencida de que forjar la relación es su deber, que tiene que casarse, que toda la responsabilidad sobre los hijos y la pareja recae en ella –dice Imj–. Hay que demostrarles que tienen que aspirar a algo propio. Además, las chicas sienten pánico ante la idea de no llegar a casarse. Las normas sociales emplazan a las mujeres a casarse antes de los 30 y a tener hijos antes de los 35”.

Los hombres acuden con otro tipo de problemas: les tortura la soledad, el aislamiento, el “estreñimiento emocional”. Sufren pobreza afectiva, se sienten vacíos, no se involucran en la relación, consideran que es suficiente con llevar dinero a casa, que la mujer ya se encargará de todo lo demás.  

La psicoterapeuta destaca que tanto los hombres como las mujeres tienen asumido que, en cuanto se hayan casado, su pareja les hará felices. “También hay gente aspira a casarse porque cree que el matrimonio en sí mismo contribuirá a “a demostrar a la sociedad que todo les va bien. Estamos acostumbrados a inmiscuirnos en la vida de los demás con las preguntas equivocadas: “¿Cuándo te vas a casar?, ¿pero cómo puede ser que aún no te has casado?”, explica la especialista.

La mentalidad oficial

Existen tres modelos de relación: la patriarcal, la materialista y la cooperativa. En el modelo patriarcal cada miembro tiene un rol perfectamente definido. La mujer está obligada a estar guapa, y además tiene que ser útil: tiene que cocinar, limpiar, alimentar a los hijos y parir. El hombre trabaja y colabora en las tareas domésticas. Probablemente este sea el modelo que conviene a las autoridades rusas cuando se refieren a la necesidad de sustentar “los valores tradicionales de la familia”. “No entiendo a qué se refieren. Si rebobinamos 100 años, los valores tradicionales contemplaban pegar a los hijos, castigarles a pasar frío, violar a tu propia mujer.

En la Unión Soviética la costumbre era que la mujer cubriera dos turnos: primero iba a trabajar y, después, servía a su marido; y el hombre, por su parte, traía dinero a casa y a las siete de la tarde salía con sus amigos a tomarse unas cervezas. El niño va creciendo y su educación se delega en la escuela –dice la experta–. En conjunto, lo que están promoviendo nuestros legisladores, a juzgar por cómo lo formulan, es el modelo patriarcal. Pero el matrimonio patriarcal está muriendo, y ese empeño en mantenerlo resulta cuanto menos curioso, teniendo en cuenta que la gente ya no vive en casas particulares donde hay que llevar a pastar el rebaño de cabras.

El 80% de la población de Rusia vive en núcleos urbanos. Por esto no acabo de entender este empeño en conservar el modelo patriarcal. En la vida real el matrimonio cooperativo va cobrando mayor popularidad. Una relación en que el hombre y la mujer son iguales en derechos y obligaciones. Es un proceso evolutivo que se puede tratar de contener durante cierto tiempo –al parecer, esta es su intención-, pero tarde o temprano acabará estallando una nueva revolución sexual.

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Publicado originalmente en ruso en afisha

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