Sajalín: la región del caviar, el gas y Chéjov

La capital de esta isla bañada por el mar de Ojotsk es Yuzhno-Sajalinsk, una ciudad rusa con acento japonés y coreano. Fuente: Lori / Legion Media

La capital de esta isla bañada por el mar de Ojotsk es Yuzhno-Sajalinsk, una ciudad rusa con acento japonés y coreano. Fuente: Lori / Legion Media

Antes de terminar la Segunda Guerra Mundial esta ciudad llevaba el nombre japonés de Toyohara, hasta que el sur de Sajalín y las islas Kuriles pasaron de Japón a la Unión Soviética. Los rasgos japoneses se han conservado en su carácter hasta la actualidad, entrelazándose exóticamente con los soviéticos. Y si se tiene en cuenta la abundante presencia de coreanos en Sajalín, Yuzhno-Sajalinsk se puede considerar la ciudad más internacional del Extremo Oriente de Rusia.

Los orígenes de Yuzhno-Sajalinsk se remontan al pueblo de Vladímirovka, fundado en 1882 por deportados rusos. En este periodo Sajalín era conocida como una región de trabajos forzados. En 1905, tras la guerra ruso-japonesa, la parte sur de la isla fue cedida a Japón.  Hasta 1945 la ciudad de Toyohara había sido el centro de la Prefectura de Karafuto. Y no fue hasta 1946, siendo ya soviética, que recibió su nombre actual: Yuzhno-Sajalinsk.  En la práctica se la llama simplemente “Yuzhni” (del Sur), aunque la ciudad es comparable a las regiones del Extremo Norte. 


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Actualmente Yuzhno-Sajalinsk es el centro de la única provincia rusa con todo el territorio emplazado en islas. Además de Sajalín, que es la isla rusa más grande, los límites de la provincia Sajalínskaya integran las islas Kuriles,  algunas de las cuales están en disputa con Japón.

En su día Japón trasladó a Sajalín mano de obra procedente de Corea, una isla que hasta 1945 también estuvo bajo dominio japonés. Es por eso que, incluso actualmente, en Sajalín hay muchos habitantes de etnia coreana. En Yuzhno-Sajalinsk hay un monumento a los coreanos que fueron víctimas del militarismo japonés. En la historia de Sajalín hay multitud de páginas trágicas, pero los acentos japonés y coreano, así como la cultura de los pueblos indígenas de la región, los nivjos y los ainus, otorgan a la isla su encanto incomparable.

El edificio que construyeron los japoneses para albergar el museo de la Prefectura de Karafuto, de estilo tradicional “Taiken” (“corona imperial”), concebido por el arquitecto Yosio Kaydzuki, sigue empleándose como museo actualmente. Los cañones japoneses y rusos, tras el cese de las hostilidades, se asientan en el patio de esta construcción oriental situada en la Avenida Comunista. El tanque japonés “Ha-Go” linda con el escudo soviético, que ahora también se ha convertido en una reliquia histórica más. Una gran estatua de Lenin en la estación de ferrocarril (tallada por el escultor soviético Yevgueni Vuchétich) evoca el periodo de la URSS. En el edificio del juzgado provincial conviven dos escudos: el soviético y el ruso. Los estratos históricos están tan estrechamente entrelazados que, sin querer, uno se encuentra buscando con la mirada hasta el escudo japonés.

En Yuzhno-Sajalinsk el parque automovilístico, igual que en todo el Extremo Oriente ruso, consta de coches japoneses de segunda mano con el volante a la derecha. En cada esquina hay tiendas que venden artículos japoneses, entre otros, los populares whiskies de contrabando Black Nikka y Suntory. No es extraño: la isla japonesa de Hokkaidō está al lado.

Sajalín es la patria del “pian-se”, la popular comida rápida del Lejano Oriente de origen coreano. Se trata de una empanada cocinada al vapor rellena de col, especias y trocitos de carne. Palabras coreanas como “kimchi” (col picante) o “kuksa” (fideos), están sólidamente implantadas en el lugar. En Sajalín no hay que dejar de probar la cocina coreana.

La plataforma de Sajalín es rica en petróleo y gas, pero también se extrae un ámbar que no tiene nada que envidiar al del Báltico. En las tiendas se pueden adquirir artículos hechos con este material.

Por sus contornos, Sajalín parece un pez, y no es casual: en los ríos de la isla desova el salmón, por lo que está considerada una de las capitales rusas del caviar. Contrariamente a la creencia popular, no es posible encontrar caviar rojo a un precio módico (a menos que uno esté familiarizado con los pescadores furtivos). El caviar cuesta alrededor de 2000 rublos (unos 45 euros) el litro en el mercado. Pero aquí también se ofrece un variado surtido de salmones salados, ahumados y curados, así como el eperlano más delicioso, que los habitantes del lugar secan en las ventanas, como la ropa. Incluso a los artistas locales les gusta representar pescado de varios tipos en sus cuadros.

El orgullo de Sajalín es el jarabe de koplovka, una baya roja del lugar que cuesta 12 euros el litro y medio.

Otra marca local es el escritor Antón Chéjov, que en 1890 hizo una expedición a Sajalín. Entonces en la isla se había instaurado la Kátorga, el régimen de trabajos forzados. Chéjov realizó un censo de la población local, incluidos los presos, y escribió el libro de reportajes La isla de Sajalín. Actualmente en Yuzhno-Sajalinsk está el Centro Teatral Chéjov, el monumento al escritor y el museo del libro La isla de Sajalín, que recientemente se ha trasladado a un edificio nuevo de la Avenida Mira. La imagen de Chéjov se encuentra hasta en los imanes de recuerdo. En otros imanes hay osos, grilletes de presidiario, caviar rojo...

Chéjov, el caviar, el petróleo y el gas son algunas de las principales exportaciones rusas y en Sajalín es posible encontrar todos. En este sentido, se podría decir Sajalín, tan lejos de Moscú, es la quintaesencia de Rusia.

En Yuzhno-Sajalinsk hay varios sitios donde pasear: el parque de Gagarin con su tren infantil, el zoológico, el complejo deportivo y turístico “Gorni Vósduj” (“Aire de Montaña”) con saltos de esquí en la ladera de la montaña Bolchevique y el teleférico, el museo de la técnica ferroviaria al aire libre (el primer ferrocarril de la isla lo construyeron los japoneses en 1906). Yuzhno-Sajalinsk, una ciudad acogedora, con edificios de solo cinco plantas (los terremotos son frecuentes en la zona), compacta, flanqueada por colinas, se puede recorrer a pie. Los amantes de la caza y la pesca se desplazan hasta el norte de la isla.

Hasta mediados del siglo XIX Sajalín se consideraba una península. El explorador ruso Guennadi Nevelskói demostró que no es así. En octubre de 2013 –en el bicentenario de Nevelskói- en Yuzhno-Sajalinsk se inauguró un nuevo monumento a este viajero y “padrino” de la isla. Y las calles se adornaron con el lema “¡Sajalín es una isla!”

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