Rusia planea llegar a Venus en 2026

18 de noviembre de 2016 Aram Ter-Chazaryan, para RBTH
Con el nuevo proyecto ruso Venera D se volará al inhóspito planeta en el 2026. ¿Qué planean encontrar allí los científicos?
Rusia planea llegar a Venus en 2026
Roscosmos y la NASA colaboran en el proyecto Venera D. Fuente:ESA

La agencia espacial rusa (Roscosmos) y NASA colaboran en la elaboración del proyecto Venera D. “D”, de la palabra rusa dolgozhivuschi, que significa “longevo”. En el marco del proyecto se planea desarrollar un nuevo dispositivo de aterrizaje que pueda pasarse varios días en la superficie de Venus.

Lo cierto es que la URSS comenzó a enviar misiones a Venus ya en los años 70, aunque todos los dispositivos que se acercaban al planeta dejaban de funcionar rápidamente debido a las condiciones extremas que se dan en la atmósfera del planeta. La nueva misión, que se planea para el 2026, podría convertirse en la más duradera hasta el momento.

Según científicos rusos, la UE, EE UU y China han mostrado interés en participar en el proyecto. El programa integrado de investigación del planeta también incluye el lanzamiento de sondas atmosféricas e incluso de un vehículo orbital.

 “Este tipo de investigaciones cuentan con un componente económico a largo plazo. De continuar explotando los recursos naturales a este frenético ritmo, tarde o temprano nos encontraremos con un problema de escasez. Los minerales de otros planetas compondrán la industria base del futuro”, considera Alexander Zhelezniakov, académico de la Academia Rusa de Cosmonáutica Tsiolkovski.

¿No sería más fácil ir a Marte?

A diferencia de Marte, donde se ha descubierto agua, con Venus no se tiene esperanza de encontrar vida, pues se trata de un planeta desértico. La temperatura de su superficie asciende a 467ºC a la sombra, que envuelve todo el planeta debido a la densa capa de nubes a través de la cual no se ven ni el sol ni las estrellas. Su atmósfera se compone casi totalmente de dióxido de carbono y la presión alcanza un valor de 93 atmósferas, es decir, la misma que en nuestros mares terrestres a altas profundidades.

“El clima en Venus ha terminado convirtiéndose en algo catastrófico: debido al incremento de la temperatura, los océanos se han evaporado —relata el vicepresidente de la Academia de Ciencias de Rusia, Lev Zeleni—. Además, el planeta no rota sobre su eje como los demás, sino en dirección contraria”.

Según Zeleni, la nueva misión Venera D podría estudiar fenómenos físicos que de momento nos son desconocidos. “Los datos de este planeta que consiguieron los científicos soviéticos en los años 70-80 se siguen utilizando activamente en todo el mundo —afirma Zeleni—. La información de los globos que sobrevolaban la atmósfera del planeta a una altura de 50-55 km continúa siendo la única de la que disponemos”.

La Venus soviética

Módulo de aterrizaje de la estación Venera-4 / Nikolai Pashin/RIA NovostiMódulo de aterrizaje de la estación Venera-4 / Nikolai Pashin/RIA Novosti

El primer lanzamiento de una nave a Venus tuvo lugar en agosto de 1970, cuando la estación interplanetaria Venera 7 realizó el primer aterrizaje con éxito en el planeta. En 1975, la nave Venera 9 transmitió a la Tierra nuevas imágenes de la superficie. En 1982 la sonda Venera 13 captó imágenes panorámicas a color de Venus y pistas de audio.

Según señala Zeleni, en Rusia ya se ha creado un grupo de trabajo mixto cuyo objetivo es repetir la experiencia de los diseñadores soviéticos que hicieron aterrizar en la superficie del planeta a la nave Vega-2 en 1985, que justamente servirá de prototipo para la Venera D.

¿Quién acompañará a Rusia en el viaje?

 “Rusia le sacaría provecho a la participación de colegas extranjeros en este tipo de expediciones, sobre todo a la de científicos estadounidenses —asegura Zhelezniakov—. En el mejor de los casos, es decir, si se contara con una financiación total e ininterrumpida, nuestros científicos podrían crear de cero una nave y todo lo necesario para la investigación de Venus en un plazo mínimo de diez años.

Por otra parte, los norteamericanos, que en los últimos años han estado desarrollando este ámbito considerablemente, lo harían en un máximo de cinco o seis años”.

Zhelezniakov considera que la colaboración entre Roscosmos y NASA será beneficiosa y efectiva. Según dice, los científicos rusos realizarán la labor relacionada con la creación del centro portátil de investigación a bordo de la nave, mientras que los norteamericanos se encargarán de asegurar la “supervivencia” de dicha nave gracias a los materiales de que disponen, que son resistentes a las agresivas condiciones atmosféricas de otros planetas.

La NASA se abstiene de confirmar su participación en el proyecto, si bien ha llegado a confirmar que se negociará una misión conjunta con Roscosmos.

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