Los perfumes de la Unión Soviética

12 de mayo de 2014 Anna Trofimova, RBTH
¿Qué fragancias flotaban en el ambiente de la URSS? Estaba impregnada del olor a humo de cigarrillos, a alcohol, a polvo… Pero en esa mezcla siempre estaba presente la nota del perfume soviético, un aroma acre y opulento que se percibía a un kilómetro de distancia.
Había una gama de productos donde elegir y el legendario 'Moscú Rojo' era el más popular. De hecho, se sigue vendiendo en Rusia actualmente. Fuente: Ria Novosti
Había una gama de productos donde elegir y el legendario 'Moscú Rojo' era el más popular. De hecho, se sigue vendiendo en Rusia actualmente. Fuente: Ria Novosti

Hace más de un siglo que lleva abierta en Rusia la fábrica Nóvaia Zarya (Alba nueva). Es allí donde se mezclaban y producían los perfumes soviéticos de más renombre. Además del legendario Krásnaia Moskvá (Moscú Rojo), la fábrica producía una extensa gama de perfumes que se podían comprar en las tiendas a precios muy asequibles. Así, en 1927, la compañía presentó para el décimo aniversario de la Revolución de Octubre, el perfume Krasni Mak (Amapola Roja), que cautivó al pueblo soviético generación tras generación por su aroma oriental y especiado.

“El encanto de los perfumes soviéticos era su sinceridad”, explica el director general adjunto de Nóvaia Zarya, Andréi Yevdokimov. “Es verdad que para el gusto actual los perfumes más famosos del pasado pueden parecer un poco fuertes, por decirlo suavemente. Pero entre la línea de productos de la perfumería soviética había perfumes estrella incontestables: Krásnaia Moskvá (Moscú Rojo), Zlato skifov’(El oro de los escitas) o Kuznetski Most (Puente Kuznetski).

 Fuente: Ria Novosti

 Si bien Krásnaia Moskvá se consideraba un perfume caro y se reservaba para ocasiones especiales, Landysh serebristi (Muguete argentado) era el perfume ideal para el día a día. Tenía un olor bastante neutro: era fragante, fresco y persistente. Este perfume contenía una gran cantidad de alcohol, lo que permitía a los maestros aficionados del género emplearlo como ingrediente para algunos cócteles.”

“Me acuerdo perfectamente de Krásnaia Moskvá. Normalmente, se lo regalaba a mi madre para la fiesta del 8 de marzo, el día de la mujer. No me acuerdo de dónde sacaba los regalos, pues en las tiendas no siempre se podían encontrar todos los productos. Por eso, los regalos se hacían de todo corazón y el destinatario los recibía con mucha gratitud”, recuerda Vladímir, de 46 años.

Otro perfume legendario de la época soviética era el agua de colonia masculina Troinói. Era el perfume preferido de Stalin. La gente usaba la colonia para los fines más variados: para perfumarse o para desinfectar pequeñas heridas; algunos se la bebían, otros se frotaban con ella la cara después del afeitado. La colonia Troinói fue importada a Rusia por el emperador Napoleón Bonaparte. Después, se le añadió al perfume aceites esenciales de neroli y de bergamota, obteniendo así el agua de colonia que todos conocemos.

“Es precisamente este tipo de colonias las que prefiero, sin nada superfluo, sin mezclas de aromas, es casi alcohol puro”, cuenta Aleksandr, de 50 años. “El agua de colonia Troinói, naturalmente, no emanaba una fragancia particular. En cambio, cuando utilizaba el perfume Shipr’ muchos me decían: ‘Vaya ducha te has dado de Shipr’. Eran colonias excelentes”.

Se dice que hubo un tiempo en que todas las mujeres “olían” igual porque no había alternativas. “Esto no es así -afirma Andréi Yevdomikov-. Las mujeres soviéticas tenían donde elegir. La gama era amplia. Además de la fábrica Nóvaia Zarya, existían Dzintars, Sevérnoie Siyanie y otras, y cada una tenía su propia línea de perfumes. También la gama de precios era diversa, había perfumes para todos los bolsillos”.

Además de los perfumes ya mencionados, en los grandes almacenes soviéticos se encontraban también muchos otros perfumes de nombres sencillos. El surtido comprendía, por lo general, los siguientes productos: “Lila blanca”, “Tarde de invierno”, “Lavanda”, “Luces de Moscú”, “Tamara”, “Muguete argentado”, “La dama de picas”, “Rondó”, “Manon”, “Encanto”, “Queridas melodías”, “Cenicienta”, “Tête-à-tête”.

Por extraño que pueda parecer, los perfumes de la época soviética se siguen produciendo aún hoy y tienen un público de consumidores. “Seguimos produciendo “Moscú rojo” y “Muguete argentado”, comenta Yevdokimov. “Estos perfumes se venden en nuestras tiendas, también se pueden adquirir fácilmente en otras concertadas o a través de internet”.  

Un poco de historia

A principios del siglo XX en Rusia existían algunas grandes casas de perfumería originarias de Francia.

La más grande era Brocard et Cie., fundada a finales del siglo XIX por el célebre perfumista francés Henri Brocard y que aún hoy existe. En 1863 Brocard descubrió un nuevo método para obtener esencias concentradas y con el dinero de la venta de este invento creó su propia fábrica en Moscú. Brocard se apasionó tanto por la historia y la cultura rusas que se convirtió a la ortodoxia y cambió su nombre francés por el ruso Andréi Afanásevich.

Su obra fue seguida por otro perfumista francés de gran talento, Auguste Michel. Gracias a él se creó el perfume “El buqué preferido de la emperatriz”, lanzado con motivo del tricentenario de la casa Romanov. Después de la revolución de 1917, la fábrica de Brocard fue nacionalizada. Michel permaneció en Rusia y cuando decidieron poner a la fábrica otro nombre en sintonía con los nuevos tiempos, le propusieron llamarla Nóvaia Zara (Alba nueva). El nuevo nombre fue aprobado. En 1925, por sugerencia de Michel, el perfume “El buqué preferido de la emperatriz” fue bautizado con el nombre de “Moscú Rojo”. Con esta denominación el perfume cosechó un gran éxito no sólo en Rusia sino también en el extranjero.

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