¿Qué significa para usted este aniversario?

Para mí es sólo una parte del gran jubileo nacional que suponen los 400 años de la superación de los “tiempos turbios” y de la recuperación del Estado Ruso.

Nuestra dinastía fue restablecida públicamente en el trono por la Gran Asamblea Nacional y la Iglesia Ortodoxa en 1613. Esta decisión contribuyó al final de la Guerra de liberación. La victoria se alcanzó gracias a los esfuerzos, sacrificios y hazañas de todas las clases sociales de Rusia.

Usted nació en Madrid, estudió en Oxford y ha pasado la mayor parte de su vida en España. No obstante, siempre ha mantenido que su casa está en Rusia. ¿Qué le impide volver ?
 
Como particular, podría regresar en cualquier momento, pero estoy obligada a garantizar la conservación de la Casa Imperial Rusa como institución histórica. En todos los países civilizados, los jefes de las dinastías han regresado únicamente cuando elEstado había definido claramente su estatus legal. El ejemplo de Francia, Italia, Portugal, Bulgaria, Rumanía, Hungría, Serbia, Montenegro, Albania, Afganistán y de muchos otros países, de los que las casas reales fueron expulsadas en algún momento para regresar más tarde, demuestra que el estatus legal de una dinastía no reinante es perfectamente compatible en una república, y no contradice de ningún modo la Constitución ni la legislación.

No tengo la menor pretensión política, no pido que me devuelvan ninguna de mis propiedades, ni espero ningún privilegio, pero tengo derecho a contar con que la reintegración de la dinastía en la vida de la Rusia moderna se realice como en los demás países de Europa. Tengo derecho a que se apruebe un acto legal que defienda la Casa Imperial Rusa como institución histórica y patrimonio cultural, tal y como prevé el artículo 44 de la Constitución de la Federación Rusa. No tengo ninguna duda de que estas cuestiones jurídicas se resolverán tarde o temprano y podremos volver a Rusia para siempre.

En varias ocasiones se ha reunido con el gobierno del país, aunque estos encuentros no han sido nunca oficiales. ¿Podría darse próximamente una reunión oficial entre usted y el presidente de Rusia? 
 
Eso depende totalmente del presidente. Entiendo que esta es una cuestión muy complicada que se ve afectada por distintos aspectos de la política interior y exterior. Hay que encontrar el momento adecuado. Algunos países como España, necesitaron muchos años para organizar una reunión oficial entre el jefe del gobierno y el jefe de la dinastía histórica. Estoy segura de que ese encuentro será una señal de respeto mutuo. Si después de ese encuentro se dan pasos para el desarrollo de las relaciones entre el Estado moderno y esta institución histórica, que mantiene el vínculo y la continuidad con nuestro honorable pasado, el país y su imagen saldrán enormemente beneficiados.

¿Cree en el renacimiento de una monarquía en Rusia? ¿Cómo valora su papel en España?

Existen miles de argumentos en contra de la monarquía, es posible sacarle una multitud de defectos. ¿Pero acaso la república nos ha evitado estos problemas? En mi opinión, lo único que ha hecho es empeorarlos. La expansión del modelo de larepública por todo el mundo no ha salvado a la humanidad de las guerras, ni del terror contra el propio pueblo, ni de las potentes crisis socioeconómicas, por no hablar de las crisis espirituales.

Biografía

María Románova nació en Madrid en 1953, lugar donde residían sus padres, el Gran Duque Vladímir Kirílovich y su esposa, la princesa georgiana Leonida Gueórguievna Bagration. 
Se licenció en la Universidad de Oxford. Habla español, francés, ruso e inglés. En 1976, la Gran Duquesa contrajo matrimonio con el Príncipe Francisco Guillermo de Prusia, bisnieto del último Káiser de Alemania. Tienen un hijo, Jorge.

El ejemplo de restauración de la monarquía en España es bastante ilustrativo. No quiero decir que debamos copiarlo en Rusia, pero para España la restauración de la monarquía tuvo un papel positivo, evitó una nueva guerra civil. Los principales líderes mundiales así lo consideran. Vladímir Putin también valoró positivamente la experiencia española en su libro autobiográfico, “En primera persona”.

En Rusia, un país poblado por una gran multitud de pueblos con distintas tradiciones religiosas y culturales, es posible recuperar un símbolo de unión como puede ser un legítimo heredero al trono.

¿Qué opina de la elección del zar Simeón II como primer ministro de Bulgaria, que recordemos fue depuesto en 1946? ¿Le gustaría participar activamente en la vida política del país?
 
Siento un profundo amor y respeto por el zar Simeón II. Sé lo que ha luchado por ser útil a su país, pero considero un error que acordara dirigir el gobierno mediante una victoria temporal de un partido político que se aprovechó de su nombre. 
Un monarca o jefe de una dinastía debe mantenerse completamente al margen de la batalla política. No debe vincular su nombre a ningún partido, aunque sea el más próximo a sus opiniones. Quizás en aquel momento el zar Simeón no tenía otra opción, sus partidarios podrían haber tomado cualquier otra decisión como una traición. En cualquier caso, estoy segura de que dio ese paso únicamente por el bien de Bulgaria. Él lo creyó oportuno, aunque el resultado no fue el esperado.

Ni mi hijo ni yo participaremos jamás en una guerra entre partidos. Somos completamente apolíticos. 

¿Cómo se siente en España? 
 
España nos dio un refugio cuando el camino de regreso a casa nos fue negado. Estamos agradecidos a los españoles por su amabilidad. Aquí nos sentimos totalmente cómodos, sobre todo en el sentido moral. 

España no puede reemplazar a nuestra patria, pero de entre todos los demás países, es el más cercano a Rusia.

La polémica sucesión al trono

En 1917 la Dinastía Romanov estaba constituida por 65 miembros, 18 de los cuales fueron asesinados entre 1918 y 1919. Tras la ejecución del emperador Nicolás II y de toda la descendencia masculina del emperador Alejandro III, el derecho al trono pasaría a los descendientes del otro hijo de Alejandro II, Vladímir Alexándrovich, fallecido en 1908. El representante más antiguo de esta estirpe fue el Gran Duque Cirilo Vladímirovich (primo segundo de Nicolás II), quien se exilió a Finlandia en 1917. En 1924 se autoproclamó Emperador de toda Rusia en el exilio, pero no recibió el apoyo de la otra rama genealógica de la familia imperial. Tras su muerte en 1938, su hijo, Vladímir Kirílovich, se convirtió en el principal aspirante al trono y a la dirección de la Casa Imperial rusa.

 
En la actualidad, su hija, María Vladímirovna, quiere ocupar el primer puesto de la dinastía en base a su condición de jefa de la Casa Imperial rusa (por la línea del hijo mayor de Alejandro II). No obstante, existe una organización que reúne otras ramas de la familia imperial, la Unión de Miembros de la Dinastía Romanov, encabezada por Nicolás Romanovich (descendiente del tercer hijo de Alejandro II). Según María Vladímirovna, cualquier pretensión por parte de Nicolás Románovich de ocupar la jefatura sería ilegítimo, ya que su nacimiento fue fruto de una unión entre miembros de distinto linaje y, en su opinión, no tiene ningún derecho ligado al apellido imperial. Nicolái Románovich, por su parte, tampoco reconoce los derechos de María Vladímirovna.