En busca de respuestas sobre el legado de Borís Yeltsin

16 de enero de 2017 Alexéi Timoféichev, RBTH
Son pocos los rusos que tienen una buena opinión sobre el primer presidente de Rusia. La mayoría asocia los años 90 con un periodo de dificultades económicas y gran corrupción. Quienes lo valoran positivamente destacan que evitó un baño de sangre y realizó necesarias pero difíciles reformas económicas.
En busca de respuestas sobre el legado de Borís Yeltsin
La mayoría de los rusos tiene una opinión negativa. Fuente:Peter Arkell/Global Look Press

La caída de la URSS fue esperanzadora para algunos, mientras que otros valoran trágicamente la desaparición de la superpotencia y el descontrol de los primeros años postsoviéticos.

Los miembros del círculo de Yeltsin en los años 90 recuerdan el Estado que aquel joven gobierno ruso quería construir sobre los restos de la URSS. “Las acciones de Yeltsin estaban dirigidas a la creación de una Rusia digna que, recuperada a partir de los restos del imperio soviético, se comportara como un país respetable y atractivo de la comunidad mundial”, declaraba Guennadi Burbulis durante una mesa redonda obre Yeltsin celebrada en el hotel moscovita Prezident.

A principios de los años 90 Burbulis fue el secretario de Estado (el único en la historia reciente rusa  ya que el puesto solo existió durante un año y medio), así como un compañero muy cercano de Yeltsin. Burbulis recuerda con gran cariño la figura del primer presidente y lo describe como un “hombre fuera de lo común” y como un “político excelente”.

“Yeltsin fue muy grande”

Borís Yeltsin / Andrei Babushkin / TASSBorís Yeltsin / Andrei Babushkin / TASS

En la misma clave positiva se expresaba en una entrevista para RBTH el exlíder de Bielorrusia, Stanislav Shushkévich, quien fuera uno de los tres políticos (además del líder de Ucrania Kravchuk y el propio Yeltsin) cuya firma figura en el Tratado de Belavezha que puso fin a la existencia de la URSS. Fue “un hombre generoso, decente y honrado” que siempre “se comportó con total corrección”. “Nunca, ni siquiera en estado de embriaguez, traicionó las decisiones que tomaba estando sereno”, comenta el antiguo presidente de Bielorrusia. “Yeltsin fue muy grande”, asegura.

Según Shushkévich, la firma de Yeltsin del Tratado de Belavezha impidió que en el espacio de la antigua URSS se produjera una duradera y sangrienta guerra civil, similar a la de Yugoslavia.

A pesar de que ahora Burbulis y Shushkévich no aparecen en los medios de comunicación muy a menudo, estas valoraciones no son opiniones aisladas. Varios altos representantes del gobierno ruso se han expresado en los mismos términos sobre Yeltsin. El presidente Putin en 2015 alabó la fuerza de voluntad de Yeltsin, y cuatro años antes declaró que el líder sacó a Rusia de un callejón sin salida.

Sin embargo la mayoría de los rusos no perdonan a Yeltsin las dificultades sufridas durante la primera década tras la caída de la URSS. Según las encuestas, los rusos valoran de forma cada vez más negativa el papel de Yeltsin en la historia reciente. Uno de cada dos considera que fue culpable de la difícil situación en la que se vio inmerso el país en los años 90. Yeltsin cada vez se asocia más con la derrota en la guerra de Chechenia, con la crisis financiera de 1998, el desempleo, la caída de la producción, la corrupción y el impago de salarios.

“Los restos de un ejército vencido”

Si para la mayoría de los encuestados no supone ningún trabajo valorar cuál fue la herencia de Yeltsin, para quienes vinculan a Yeltsin con la misión de crear un nuevo Estado esto no resulta tan sencillo. Después de mirar a ambos lados, se preguntan cómo puede ser que el resultado de las reformas progresivas de Yeltsin sea la Rusia actual de Vladímir Putin, a quien muchos reprochan el intento de restaurar la Unión Soviética a pesar de sus alabanzas sobre Borís Yeltsin.

“Hay que armarse de valor y declarar que el rumbo ha dado la vuelta: en algún momento de la década del año 2000 hemos empezado a ir hacia atrás”, declaraba Víktor Sheinis, del partido liberal Yábloko. Este político se califica a sí mismo y a sus aliados como “los restos de un ejército vencido, del ejército que sufrió la derrota”.

En el terreno económico, los “demócratas de la primera ola”, como en ocasiones se llama a los partidarios de las reformas de Yeltsin, no comprenden cómo a partir de los cambios económicos “correctos y razonables” emprendidos por el primer presidente, según el economista Dmitri Travin, se ha llegado a la crisis económica y al estancamiento actual.

Para la mayoría de los rusos, sin embargo, estas cuestiones no suponen un gran problema. Los logros y victorias de Yeltsin en Rusia se recuerdan cada vez con mayor dificultad. En diez años el número de las personas que apenas recuerdan las partes positivas de la presidencia de Borís Yeltsin se ha incrementado del 28 % al 52 %.

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