La amenaza de un ataque estadounidense sobre Siria y la dura reacción de Moscú han hecho que mucha gente se pregunte de nuevo, por qué Rusia defiende con tanto ahínco a El Asad al que los medios de comunicación occidentales presentan como un sangriento dictador, responsable de la muerte de su propia población civil.

Se traen a colación muchas razones. Se recuerdan siempre las ambiciones geopolíticas de Moscú y los contratos multimillonarios. Pero si profundizamos un poco, el panorama resulta ser un poco diferente.

Para empezar hay que recordar que la unión estratégica entre Rusia y Siria es un mito. Las relaciones bilaterales siempre han tenido un carácter pragmático. En realidad, desde comienzos de los años 90 hasta 2005 estas relaciones quedaron prácticamente congeladas ya que no estaba resuelto el problema de la deuda siria con la antigua URSS, que alcanzaba un total de unos 13.400 millones de dólares. Damasco exigía su condonación y Moscú quería dinero y se negaba a vender armamento y material a crédito.

En 2005 se resolvió la cuestión de la deuda. La mayor parte de la misma (el 73%) se perdonó y aproximadamente uno 1.500 millones de dólares se convirtieron directamente en inversiones en proyectos conjuntos.

Después de esto el intercambio comercial y la colaboración militar comenzó a crecer. En concreto los sirios pagaron cerca de 2.000 millones de dólares por la modernización de la tecnología militar soviética. Pero esto no significa en absoluto que Damasco se convirtiera en un obediente intermediario de la voluntad de Moscú en Oriente Próximo.

La Siria actual no tiene recursos ni militares, ni políticos para cumplir este papel, no es un Egipto de los tiempos de Nasser. Y Rusia no siempre se ha puesto del lado de Assad, por ejemplo, la delegación rusa votó a favor de la resolución de la ONU para la salida de los soldados sirios de Líbano en 2005.

"Moscú defiende a un asesino", otro mito que a menudo se puede encontrar en la prensa de Occidente. La realidad es que no se ha realizado ni una sola investigación objetiva de lo que está sucediendo en Siria. Ni la misión de la Liga árabe, ni los representantes de la ONU han podido culpar unívocamente a Damasco de lo sucedido. El gobierno ha actuado con excesiva dureza, especialmente al inicio de la crisis, pero sus adversarios han resultado ser aún menos escrupulosos.

Además, según datos no oficiales, ya al inicio de la crisis, Rusia estableció su propia línea roja y le dio a entender a El Asad que no estaba dispuesta a ayudar a un régimen que fuera culpable de crímenes contra la humanidad. Hay que recordar que Moscú tiene sus propios servicios de espionaje que también siguen la situación en Siria, así que el presidente Putin debe tener una idea bastante precisa de lo que realmente está haciendo su colega sirio.

Desde el punto de vista político, para Rusia el actual gobierno sirio es un mal menor.  Pero Moscú está convencida de que la caída de El Asad provocará el caos, primero en Siria y después en todo Oriente Próximo.

La desintegración de Siria mediante la guerra puede convertirse en un argumento más para Al Qaeda, lo que ha sopesado también EE UU, pero Rusia se encuentra mucho más cerca geográficamente.

Los combatientes extranjeros que han llegado de Oriente Próximo luchan de forma activa contra las tropas federales en el Cáucaso Norte y han participado en muchos atentados terroristas. En Siria ya luchan más de un centenar de chechenos y no es difícil adivinar dónde irán después de la guerra.

La crisis siria tiene otro aspecto más que no le permite a Rusia quedarse a un lado. En Siria hay aproximadamente unos 30.000 ciudadanos rusos (según algunos datos hasta 100.000). Mujeres rusas casadas con sirios e hijos de matrimonios mixtos. En caso de que ganara la oposición toda esta gente se encontraría en peligro.

El profesor de la Facultad de Política internacional de la Universidad Estatal Lomonosov de Moscú, Vasili Kuznetsov, le ha comentado a Rusia Hoy que Rusia no defiende a Siria o al presidente Bachar el Asad. "Defiende una filosofía de relaciones internacionales fundamental, la idea de la soberanía nacional. Rusia también intenta mantener la estabilidad en Oriente Próximo, ya que en caso contrario se encuentra en peligro su propia seguridad. Nos referimos sobre todo al crecimiento del islamismo radical en sus regiones del sur", aclaró el experto.

En su opinión hay toda una serie de factores que indican que la estabilidad de la región se verá perturbada indefectiblemente como resultado del presente conflicto: "La intervención extranjera es posible, pero la experiencia en intervenciones similares en Irak, Afganistán y Libia, no tuvo éxito. Ningún escenario de resolución mediante la fuerza de la crisis tiene en cuenta un periodo de transición.  Finalmente la oposición siria no está unida y entre sus filas está creciendo la influencia de los islamistas radicales, relacionados con Al Qaeda. Su victoria pondría en peligro a los cristianos sirios, tanto a los ortodoxos como a los maronitas, alauitas, así como a los ateos y los liberales".

Vasili Kuznetsov duda de que los intereses militares y económicos determinen la política rusa en Oriente Próximo. "Sería estúpido decir que Moscú defiende los contratos en Siria. Sí, hay contratos, tanto militares como civiles, pero se pueden firmar nuevos contratos con el nuevo gobierno. Está el ejemplo de Irak, donde las empresas rusas están ganando posiciones rápidamente. La base de Tartus, son dos amarraderos que no valen todo este esfuerzo que está poniendo Moscú en la cuestión siria. Rusia ahora no tiene escuadras en el Mar Mediterráneo", aclaró el entrevistado.

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La profesora de la MGIMO, Marina Saprónova, en una entrevista con Rusia Hoy, señaló que el presidente Putin ha explicado claramente los motivos de Rusia: "En primer lugar defender las normas del derecho internacional y actuar en contra de la injerencia en los asuntos internos de estados soberanos. Moscú considera que es necesario esperar la respuesta de los expertos en armas químicas y obtener el visto bueno del Consejo de Seguridad de la ONU, antes de realizar una operación contra Siria".

"Es imposible explicar la posición de Moscú con intereses económicos y militares. El comercio con Siria, alrededor de unos 2.000 millones de dólares al año, no es demasiado significativo. La economía rusa está orientada hacia Europa y Asia y no hacia Oriente Próximo. Rusia tampoco tiene intereses militares en Siria. Está el tema del abastecimiento de la flota en Tartus, pero después del final de la guerra fría ha perdido su significado", recalcó la profesora.

En cuanto a la exportación de armamento, Marina Saprónova recordó que Siria no es uno de los principales compradores de armamento ruso. Considera que "India, China o Venezuela son mucho más importantes".

"A pesar de lo cual Rusia no puede ignorar el hecho de que a Siria van a obtener experiencia los combatientes islámicos que después aparecerán en diferentes partes del mundo, entre otros lugares en el Cáucaso Norte, en Chechenia, en Daguestán, y esto significaría un nuevo brote de terrorismo", añadió la entrevistada.

Nikolái Surkov, redactor de Oriente Próximo en Rusia Hoy, doctorando y docente en la facultad de Relaciones Internacionales en MGIMO.

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