La ciudad del Nevá fue tristemente pionera en Rusia en la persecución de la población gay  con una ley que castiga con multas de 10.000 euros y hasta 15 días de cárcel la “propaganda homosexual”. En la práctica, cualquier muestra de afecto entre personas del mismo sexo –de actos reivindicativos, ni hablamos-, podría ser sancionada. 

En Barcelona, en cambio, existen bastantes ejemplos de lo contrario. Un monumento en el emblemático parque de la Ciutadella homenajea a los gais y las lesbianas represaliados; el llamado Gayxample es un barrio donde se concentran un buen número de establecimientos especialmente dirigidos al colectivo homosexual; la ciudad se ha autoproclamado “municipio respetuoso con la diversidad sexual”; la Gay Parade se celebra cada año sin incidentes destacados… 

“Barcelona siempre ha hecho bandera de su tolerancia” y “se ha sentido orgullosa de defender los valores humanos y democráticos”, recordaba hace unos días el alcalde de la ciudad, Xavier Trias, al ser preguntado por la posibilidad de que el Ayuntamiento de la ciudad suspenda el hermanamiento que mantiene con San Petersburgo por su actitud con el colectivo homosexual. 

Esto es precisamente lo que persigue una campaña ciudadana lanzada a través de Change.org. Se trata de una plataforma que vehicula a través de internet todo tipo de iniciativas que pretenden “generar cambios” en el mundo. Tiene más de dos millones de usuarios de 196 países y ha conseguido más de 147 millones de firmas de apoyo a múltiples causas. En Rusia, una campaña de esta plataforma han conseguido, por ejemplo, que no se cierre el hospital de San Petersburgo número 31 

Más de 24.000 firmas en un mes 

Eloi Cortés, un barcelonés de 21 años que se reivindica como activista homosexual –y de muchas otras causas-, es el impulsor de la iniciativa que, en el momento de escribir esta crónica, ha conseguido el apoyo de 24.211 firmas de apoyo.

La campaña se inició hace un mes y tiene antecedentes: Venecia, Milán y Turín se han replanteado sus relaciones con San Petersburgo por su trato a gais y lesbianas. 

Cortés considera, “como gay y como barcelonés”, que “una ciudad como Barcelona, que ha defendido siempre la importancia del respeto a los derechos humanos, no puede seguir hermanada con San Petersburgo”. 

En declaraciones a Rusia Hoy, el promotor de la campaña señala que, más allá de la ruptura del hermanamiento, el objetivo de la iniciativa es “visualizar el conflicto y denunciar la persecución y la represión que sufre el colectivo LGBT” (gais, lesbianas, bisexuales y transexuales) en Rusia. 

Según su parecer, tanto en este caso como en otros, las instituciones deberían hacer una “reflexión” y “condicionar de alguna manera las relaciones que tienen con países o entidades que no respetan los derechos humanos más básicos”. 

El Ayuntamiento no lo considera “adecuado” 

En una carta dirigida a los impulsores de la campaña, el consistorio de la capital catalana reafirma su “compromiso” con los derechos de gais, lesbianas, transexuales y bisexuales, pero añade que no considera “adecuado” romper el hermanamiento con la ciudad rusa. 

No hay que olvidar que las relaciones ruso-catalanas pasan por su mejor momento. Cientos de miles de ciudadanos rusos pasan sus vacaciones  en la costa mediterránea. Muchas empresas catalanas y españolas están obteniendo muy buenos resultados en el mercado ruso. En Barcelona, el gigante energético Lukoil se ha instalado en el puerto.   Y también es en esta ciudad donde se espera que se materialicen dos grandes proyectos: la Casa de Rusia y una sede del museo Ermitage. 

Eso sí, el consistorio ha aprobado enviar al Ayuntamiento de San Petersburgo la declaración de Barcelona como municipio respetuoso con la diversidad sexual y se ha comprometido a “ofrecerle todo el apoyo para avanzar en el reconocimiento del derecho que tienen todas las personas de vivir en igualdad de derechos, en libertad y en la diversidad afectiva”.