Los protagonistas de este campeonato, las mayores atracciones para un público que deberá llenar el estadio de Luzhnikí, serán evidentemente Usain Bolt y Elena Isinbáyeva. Precisamente ellos, el rey jamaicano del sprint y la saltadora con pértiga de Rusia, que ha decidido retirarse después de participar en este torneo, son las dos caras que más a menudo se ven en los paneles publicitarios. De Bolt se esperan nuevos récords acompañados de sus pantomimas, y de Isinbáyeva un bonito final de su espléndida carrera, a ser posible con medalla de oro incluida.

Pero el tema principal del campeonato moscovita es otro. La historia del atletismo desde finales de los años 90 es la historia de una persecución entre dos brillantes selecciones. Tras la caída de la Unión Soviética, la diferencia entre el equipo americano, que mantenía su liderato, y el ruso, era colosal. Pero hacia finales de la pasada década esta diferencia se redujo casi totalmente, y ya en el mundial de Edmonton en 2001 Rusia casi logró superar a Estados Unidos tras conseguir el mismo número de oros. En el siguiente mundial, el de París, Rusia quedó de nuevo a un paso de superar a América.

Más tarde hubo un periodo en el que Rusia cedió ligeramente su posición. Pero en la década actual esta emocionante carrera por el número uno ha vuelto a revivir. En los dos torneos precedentes al mundial de Moscú, Rusia ha quedado de nuevo a pocos puntos de Estados Unidos. En el anterior mundial, en la ciudad coreana de Daegu, los americanos ganaron sólo tres oros más, y en los pasados Juegos Olímpicos de Londres, si tenemos en cuenta únicamente las medallas de oro, la ventaja estadounidense fue mínima: los americanos se llevaron nueve oros y Rusia consiguió ocho. Y el campeonato que comienza ahora en Moscú es sin duda la mejor oportunidad de los rusos para superar la barrera americana.

De hecho, para que esta barrera caiga tampoco hace falta un milagro. La selección de Estados Unidos ha llegado a Moscú con un equipo muy parecido al de las Olimpiadas, incluso un poco menos potente. Así que podemos suponer que sus resultados serán parecidos. De modo que la selección de Rusia, para superar a sus rivales, necesitará levantar un poco más su listón, hasta unas diez medallas de oro. En la teoría, estas diez victorias son realmente fáciles de conseguir.

Justo antes de este mundial, debido a casos de dopaje y a otras razones no tan escandalosas, algunos de los mejores atletas han tenido que decir adiós a la competición. Los controles antidoping han sancionado a casi la mitad de la delegación jamaicana (no a Bolt, por suerte), así como al mejor velocista americano, Tyson Gay. La selección de Rusia también ha sufrido bajas, y bastante serias. En Luzhnikí, debido a problemas de salud, no podremos ver ni a la actual campeona del mundo de heptatlón Tatiana Chernova, ni a Yuri Borzakovski, un hombre siempre capaz de dar una sorpresa a sus oponentes en los 800 metros.

No obstante, los atletas del equipo ruso son bastante sólidos incluso sin las bajas. Cinco de los deportistas de este equipo han obtenido los mejores resultados de la temporada, varios de ellos figuran sólo a unos centímetros y a escasas décimas de segundo de los mejores. Además, el equipo ruso cuenta con deportistas que no han buscado los mejores resultados y éxitos locales con el objetivo de reservarse para esta cita, como por ejemplo las campeonas olímpicas en 800 metros y en 3.000 metros María Sávinova y Yulia Zarípova. La mitad de la selección rusa está formada por este tipo de atletas, es decir, por auténticos aspirantes a las medallas de oro.

 

 

Esta estrategia parece eficaz. Los deportistas rusos no deberán ceder sus posiciones en los deportes en los que dominan, como el salto de altura y la marcha atlética. Se deberá reducir al máximo el número de errores en las disciplinas en las que existe mayor competencia, como en lanzamiento de martillo femenino, en el que la campeona olímpica rusa Tatiana Lysenko está de todos modos un paso por delante del resto. Es necesario que dos o tres atletas despunten con nuevos títulos y resultados en su carrera, como podría suceder en el caso de la lanzadora de jabalina María Abakúmova o la corredora de 400 metros vallas Natalia Antiuj. También se esperan nuevos éxitos de deportistas que han vuelto recientemente al liderato, como Serguéi Shubenkov en vallas o el saltador de longitud Aleksander Menkov. Y, por supuesto, se espera que Elena Isinbáyeva ponga un brillante punto final a su carrera.

De este modo, Rusia debería contar en Moscú no con diez medallas, sino con quince. Porque el factor del público (y se han vendido bastantes entradas para el torneo) también se ve reflejado en el medallero: este factor a menudo aumenta las posibilidades de la selección que juega en casa.

Artículo original en ruso