Konchalovsky's painting Alexander Pushkin (1932). Vladimir Mayakovsky and  Lilia Brik Zakhar Prilepin Alexander Pushkin's Duel with Georges d'Anthes Flight Crew Ice Library on Baikal Votkinsk Chaikovski 2 Students Iván Shadr, el escultor de la revolución rusa
Cómo Stalin convirtió a Pushkin en un 'santo socialista' Popular escritor ruso toma las armas y se alista en un batallón de Donbass

5 legendarias parejas rusas del siglo XX

Con motivo de San Valentín, recordamos historias famosas de amor y seducción romántica.
Por Daria Varlámova, para RBTH

1. Borís Pasternak Olga Ivínskaya

Borís Pasternak, Olga Ivínskaya y su hija Irina. Fuente: Getty ImagesBorís Pasternak, Olga Ivínskaya y su hija Irina. Fuente: Getty Images

La editora Olga Ivínskaya, amor tardío del poeta, sirvió de inspiración para el personaje de Lara de la novela Doctor Zhivago, por la que Pasternak obtuvo el Premio Nobel. Se conocieron en 1946, cuando ella tenía 34 años y él 56. Ivínskaya era viuda y tenía dos hijos, Pasternak estaba casado con Zinaida Neuhaus. El poeta intentó varias veces romper con su amante, pero no lo consiguió.

Ivínskaya fue víctima de las difíciles relaciones de Pasternak con el gobierno soviético: en 1949 la detuvieron acusada de preparar una huida al extranjero con el poeta. Pasó en un campo de concentración tres años y medio. En 1953 fue puesta en libertad y el romance se reanudó con fuerza renovada.

Cinco años después Pasternak fue galardonado con el Nobel pero tuvo que rechazarlo porque el gobierno soviético le acusaba de traición y de condenarlo al exilio si salía del país. La pareja acabó prácticamente aislada: muchos de los amigos de este genio caído en desgracia rompieron las relaciones. Ella se quedó a su lado y afrontó con valor esta época difícil hasta la muerte del poeta en 1960.

Lea más: 7 episodios de la vida de Borís Pasternak

 

2. Vladímir Maiakovski Lilia Brik

Vladímir Maiakovski y Lilia Brik. Fuente: RIA NovostiVladímir Maiakovski y Lilia Brik. Fuente: RIA Novosti

El “poeta de la revolución rusa” acabó en casa de la musa de la vanguardia rusa en 1915, cuando cortejaba a la hermana de esta, Elsa. Tras leer su poema “Una nube en pantalones”, Maiakovski pidió permiso para dedicarlo a la dueña de la casa. Tras este encuentro, Maiakovski pasó otros dos años persiguiendo a Brik, a pesar del mecenazgo del marido de esta, que costeó la edición del poema de su propio bolsillo.

En 1918 la amistad se convirtió en un triángulo amoroso: “los tres decidimos no separarnos nunca”, escribe Brik. “Nunca” duró hasta 1922, cuando Lilia, cansada del ardor del poeta, propuso que se tomaran un descanso. Maiakovski pasó una época muy difícil, a menudo aparecía bajo las ventanas de los Brik y escribió el poema “Sobre esto”. En su diario reconocía “sin ti dejo de existir”.

El sufrimiento romántico estimuló claramente su creación, y Lilia no dudó en seguir atormentando a su enamorado por el bien de sus “buenos versos”. A pesar de las peleas y las diferencias, de los romances con otras personas y de que el amor se acabara, siempre estuvieran cerca el uno del otro: en su nota antes de morir, Maiakovski enumeró a Lilia entre sus familiares, y ella llevó hasta su muerte un anillo que le había regalado el poeta.

Lea más: Maiakovski, destellos de un hooligan de la poesía

3. Vladímir Visotski Marina Vladi

Vladímir Visotski y Marina Vladi. Fuente: Anatoliy Garanin/RIA NovostiVladímir Visotski y Marina Vladi. Fuente: Anatoliy Garanin/RIA Novosti

Cuando se conocieron, Vladi era mucho más conocida que el legendario actor y poeta soviético: se hizo famosa a los 17 años por su papel en la película de André Michel La bruja.

Durante una visita a la URSS, llevaron a esta estrella de cine francesa (a pesar de sus raíces rusas, no había hablado su lengua materna desde los seis años) al teatro Taganka, en el que actuaba Visotski y donde revolucionó la escena rusa. En el banquete celebrado tras la obra, Visotski le besó la mano en silencio, se sentó en frente de ella y no dejó de mirarla en toda la velada. “Su silencio no me dio vergüenza, nos miramos uno al otro como si fuéramos antiguos amigos”, recordaba Vladi.

Él se separó, Marina abandonó a su marido y en 1970 se casaron. Pero el telón de acero les complicó la vida en común. Visotski no podía salir al extranjero y Marina se veía obligada a viajar constantemente a verlo a la URSS, rechazando papeles con mayor frecuencia.

Cuando finalmente Visotski obtuvo el visado y la pareja pudo reunirse por fin, les fue muy difícil acostumbrarse a vivir juntos debido a sus fuertes caracteres. Además, el poeta no fue capaz de superar su adicción al alcohol y las drogas. En 1980 falleció y a Vladi le llevó muchos años aceptar su pérdida.

Lea más: Visotski, un Hamlet con guitarra

4. Rodión Schedrín Maya Plisétskaya

Rodión Schedrin y Maya PLisétskaya. Fuente: Василий Малышев/RIA NovostiRodión Schedrin y Maya PLisétskaya. Fuente: Василий Малышев/RIA Novosti

El compositor Schedrín y la bailarina se conocieron en 1955, en casa de Lilia Brik. Para entretener a los invitados, Schedrín estuvo tocando el piano y después se ofreció a acompañar a casa a Plisétskaya. Este encuentro no dio resultados, y el siguiente tuvo lugar tres años después en el Teatro Bolshói. Al ver bailar a Maya, Rodión se enamoró, y ella le correspondió.

Schedrín llevó a la bailarina de vacaciones a Carelia y al volver se dirigieron al registro civil, donde la funcionaria les deseó que “envejecieran juntos”. El deseo se cumplió: vivieron juntos 56 años y 7 meses. La bailarina falleció en 2015 y, de acuerdo con su última voluntad, las cenizas de Plisétskaya se mezclarán con las cenizas de Schedrín cuando este fallezca.

Lea más: Especial de RBTH sobre Maya Plisétskaya

5. Mstislav Rostropóvich Galina Vishnévskaya

Mstislav Rostropóvich y Galina Vishnévskaya. Fuente: Vladimir Vyatkin/RIA NovostiMstislav Rostropóvich y Galina Vishnévskaya. Fuente: Vladimir Vyatkin/RIA Novosti

El músico y director conoció a la cantante de ópera durante la recepción de una delegación extranjera y en ese mismo momento decidió que se casaría con ella. Para ganarse el corazón de esta cantante, que estaba casada, él tuvo que hacer uso de su imaginación y su sentido del humor: en una ocasión regaló a Galina un ramo de lirios al que añadió “como garantía” unos pepinillos en salmuera porque sabía que a la cantante le gustaban mucho. Además, durante un paseo por el parque tiro al suelo su abrigo blanco para que Vishnévskaya no se mojara los pies cuando pasaban por un camino humedecido por la lluvia.

El nuevo amor resultó ser más fuerte que su matrimonio: Vishnévskaya pidió a su marido que hiciera un viaje a la tienda y aprovechó para recoger sus cosas y marcharse. Su relación duró 52 años, hasta la muerte de Rostropóvich en 2007.

Lea más: 

Juntos en el amor y el trabajo: las mujeres de grandes escritores rusos

Lea más

+
Síguenos en nuestra página de Facebook